lunes, 19 de abril de 2010

El 19.4.10 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios
Una de las facetas que más me encantan de esta labor profesional es la cantidad desmesurada de realidades empresariales que a uno le toca sufrir o vivir, según se mire. Es increíble la distancia de gestión que existe en diversas organizaciones aún en el mismo sector, aún casi con la misma estructura. La convivencia de los problemas diarios que uno tiene con sus gestores en este clima de situación coyuntural económica y de crisis social, tiene la consecuencia inmediata de adquirir unos conocimientos y experiencias impagables, pero sobre todo afrontar una nueva realidad para los consultores: la de psicólogo personal o consejero personal, no de asuntos profesionales o empresariales, sino de asuntos muy personales o el cómo afrontar el día a día en las relaciones de supervivencia.

Hace unos días un empresario, después de varios días de la natural negociación sobre una oferta profesional de Planificación Estratégica, en la que nos intercambiamos documentos y aclaraciones muy técnicas me escribió un email muy escueto, todo en mayúsculas, pero terriblemente significativo: "Roberto necesito que me ayudes. Ven cuando quieras, pero ayúdame, por favor". No había ni una sóla palabra más. De las explicaciones sobre la metodología y los objetivos no existía el menor rastro.

Es lamentable la situación a la que hemos llegado. De deseperanza, de desilusión, de bloqueo, de inseguridad. Nuestra actividad profesional requiere ante el empresario, no ya nuestra muy importante labor , sino la de poner nuestro modesto granito de arena en empujar moralmente a que el castillo no se derrumbe. A veces nos toca trabajar sobre escombros o situaciones económicas muy pantanosas, en los que la mayoría de ocasiones lo que te apetece es salir corriendo ante la crudísima realidad, porque de antemano eres consciente de que tu labor no es la de Planificador Estratégico, Organizador o Gestor Empresarial a corto plazo, sino la de psicólogo, apagafuegos, mediador, conseguidor, e incluso contable con el fin de que la empresa para la que han contratado tus servicios profesionales no se hunda en el más profundo laberinto de la amargura y el inmovilismo.

Y es saludable y efectivo para tu propia autoestima. Ayudas a crear un nuevo modelo económico y a creer en el desde la misma base y sobre la de reconceptuar bases organizativas obsoletas. Y no importa, ya que al fin y al cabo contribuyes a la confección de una Planificación Estratégica sólida y real.

miércoles, 7 de abril de 2010

El 7.4.10 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios
La vida es un río, que nace y muere; que fluye de forma impredecible, con sus andares fáciles y repentinos además de sus angostos recobecos; con períodos llenos de vida y épocas donde el caudal parece que ahoga su futuro.

En esos momentos donde el caudal de la vida parece liquidar la ilusión, siempre surge la llama de la esperanza. Una llama que vuelve a iluminar el horizonte de la grandeza de la vida. Cuando todo parece perdido y la desgana, la desmotivación y el pesimismo vienen cual cruel pesadilla y te preguntas la razón de su sentido, aparece, entonces, esa esperanza convertida en ilusión...en vida.

Y surge desde el rincón menos esperado. Sí, desde ese espacio que antes defenestrabas, o ese lugar que no es el más apropiado en el cual asirse como si fuera a desaparecer del limbo mortal. Y sonríes como un niño, o como un adolescente que pierde la razón ante el amor de su juventud.

En los momentos más bajos de ánimo, o en esos períodos en los que todo te es indeferente siempre surge la ilusión por algo, por alguién o por un hecho imprevisto, que en definitiva, no hace sino demostrarnos que hay vida y que los sinsabores, estupideces o traiciones que te da la propia existencia no son sino piedras que de vez en cuando ruedan de la ladera de la montaña al lecho fluvial y que nunca taponan la fluidez del caudal...de la vida.

Hay luz. Hay ilusión. Hay romanticismo. Es suficiente. Es lo máximo.

lunes, 5 de abril de 2010

El 5.4.10 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios
La figura del "Controller" nace ligada al concepto de control de gestión empresarial, y es cada día, creciente su valor para la organización por la importancia de sus consejos, y sobre todo su implicación en la toma de decisiones estratégicas.

El Controller se ocupa de la coordinación de los objetivos de la empresa. Tanto en aspectos estratégicos, como la interacción de la empresa y su entorno, como en aspectos operacionales o la implementación efectiva de dichos planes estratégicos.

Su labor, en las condiciones en que las empresas desarrollan su actividad en la que se ha pasado de un entorno estable y predecible a una situación como la actual caracterizada por los permanentes cambios e incertidumbre, es básica para la dirección de la empresa en la identificación, búsqueda, confección y comunicación de información relevante para que la labor gerencial pueda desarrollar su tarea en las mejores condiciones.

Además, los Controllers, están actuando cada vez más como consejeros de la empresa, siendo a menudo miembros del propio equipo directivo.

Sus funciones deberían ser las siguientes: planificación y gestión presupuestaria; planificación financiera a largo plazo; contabilidad analítica y control de presupuestos; informe comercial mensual; procedimientos de cierre; informe de control de gestión mensual; informe de control de gestión financiera; gestión de inversiones; gestión de activos; supervisión de los procedimientos y circuitos administrativos; y control y supervisión de los sistemas de información.