lunes, 28 de junio de 2010

El 28.6.10 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios
Manuel Jiménez Ortíz. Por tercer año consecutivo la Hoguera Florida-Portazgo, de la que es Presidente, se ha llevado el primer premio en categoría especial. Un gran éxito de Manolo y de su fantástico equipo.

Alicante vislumbra para los años venideros a un hombre cuyos servicios a la ciudad y a la maravillosa fiesta de la Hogueras, puedan quedar como modelo de planificación, gestión e innovación. Alicante requiere irremediablamente hombres de esta valía excepcional; más si cabe, en los turbulentos momentos de coyuntura económica, al que se ha adaptado, y logrando de lejos, que durante cinco días olvidemos las penurias y tristezas, sustituyéndolas por un ambiente de puro gozo y alegría.

He tenido la inmensa suerte de acompañarlo, junto a mi pareja, durante un par de noches, en su centro de operaciones junto a la bellísima Hoguera de Florida Portazgo. Su trato ha sido excepcional con todo áquel que se acercaba a felicitarlo, a pesar de haber estado sin apenas dormir y descansar durante varios días, para evitar dejar al azar ningún asunto relacionado con la organización de su Hoguera, su racó fogueril y las diversas actividades colaterales propias de las fiestas. Así salió todo. Un espectáculo mayúsculo de imagen, luz y sonido. Un éxito sin precedentes. Ni un solo fallo.

Y así pude observar como el trabajo de cientos y cientos de horas durante todo el año, tanto de él como de su equipo, se pudo ver reflejado en tan sólo cinco días de brillantes y vibrantes momentos de gloria.

Es el tipo de personas que admiramos en la profesión. Son personas, a la que nos encantaría que fueran el fiel reflejo de lo que significa la gestión, de lo que significa la planificación, y sobre todo la de un concepto como es la innovación a cuyo modelo de productividad debe ir encaminado el futuro incierto de este país. Si a esto, le añadimos que se ha adaptado con matrícula de honor a la crisis tan profunda que estamos viviendo, lográndolo con menos recursos y medios que años precedentes, el éxito es total.

No es necesario adquirir libros de management para estudiar y analizar casos de éxito empresarial con recursos ilimitados. Tan sólo compartir unas horas con Manolo Jiménez es suficiente para adquirir experiencias y conocimientos sobre lo que es un modelo de planificación y gestión empresarial. Si a ello le sumas la forma de gestionar un equipo humano tan amplio y formidable, y la maestría en la comunicación verbal y visual junto a la sabiduría en el manejo de las relaciones públicas de todo tipo y condición, la clase es ya total.

miércoles, 16 de junio de 2010

El 16.6.10 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios
En un anterior artículo mío (19/04/10), ya describía en profundidad las nuevas y sorprendentes funciones que a los Consultores nos tocaba interpretar, en esta infame realidad, en la relación profesional con nuestros clientes. El anuncio de nuestra llegada a las centrales administrativas y de gestión de cualquier empresa y no importa de que sector es recibida , de inicio, con una interminable cascada de datos, sensaciones y emociones que lindan entre la botella medio vacía y el pesimismo más ocurrente, basado en números en la mayoría de casos mal interpretados y ciertamente exagerados como expresándote "chico...qué mal va esto" y en otros "chico...ves?, ya te lo decía yo, que de esto sé una barbaridad". Y no es así. Quieren que les digas que no es así...aunque ya lo saben de antemano.

En algunos casos, es cierto que la empresa va muy mal, y que los datos así lo avalan, respaldados por un mercado atónito, incierto y cansado y en donde ni regalando los productos, se cifra. Y que el empresario está cansado de invertir e intentarlo todo.

Otra mayoría, la más, te espera como ese niño que necesita sosiego y cariño. Ese niño que espera que su pena por haber perdido la pelota, se sustituya por el relato de un cuento híbrido y maravilloso con el que calmar su tristeza.

Muchos empresarios necesitan escucharte. Necesitan que les hables, que les calmes. Que el negro panorama que se vislumbra en el horizonte, sea reemplazado por un charla-monólogo de casi una hora (en otras veces más, mucho más, por el número de cascos de botellas de coca cola que hay encima de la mesa), y que quieren ellos mismos que les obligues a reflexionar sobre el sintendido de esperar que los buenos datos te lluevan de un cielo gris y pesado como el plomo.

Ya tenemos una nueva ocupación: la de charlatanes. Bueno, es lo que siento yo en ocasiones. Cuando, respaldado por la experiencia de muchos años de profesión, y los datos empíricos, les intentas hacerles ver (no manipularles, eso nunca) que hay un mundo de oportunidades ahí fuera, que la crisis es una magnífica oportunidad para cambiar ciertos modelos de trabajo, y sistemas imperfectos. Y que hay que innovar, y hay que diferenciarse, y que hay que hacer las cosas sensatamente y que hay que aplicar y ejecutar, en definitiva, todas las estrategias medidas y calculadas para que la empresa funcione como un reloj.

Y hablas...y hablas...y hablas...y contestas a sus inquietudes inquietas, y argumentas vías de salida o posicionamiento una vez y otra vez...hasta que ellos mismos se dan cuenta después de muchas horas de que, justamente, era su pensamiento inicial, trasgiversado eso sí, por la propia esencia del ser humano...el pesimismo anacrónico.

Y te marchas a tu despacho ( o tu casa por la hora que es) satisfecho de haber recuperado para la causa empresarial a un empresario que ya lo habías recuperado la semana anterior. Así de simple. (Dedicado a Belen Winkler, una magnífica profesional y mejor persona).

jueves, 3 de junio de 2010

El 3.6.10 por Roberto MARTÍNEZ   Sin comentarios
Es un hecho constatable que las empresas exportadoras crean más empleo estable y de mayor calidad que las que operan únicamente en el mercado interior. Tanto las de mayor potencial, que han de ser más productivas y competitivas, como las más pequeñas que se abren un hueco en el mercado exterior basado en un buen modelo empresarial. El problema de España es si es capaz de crear una economía exportadora, fundamental para su crecimiento, una vez agotado su modelo de ladrillo.

Cuando una empresa define su modelo de internacionalización busca nuevos mercados para sus productos o servicios, debiendo descartar las estrategias continuistas en las que esos productos o servicios compitan con otras empresas de su sector. Lo que hay que definir es la mejora de la eficiencia operativa y beneficiarse de las economías de escala. La presencia y nivel relativo de las ventajas de coste y los beneficios de red permiten evaluar el valor añadido de la internacionalización; son sus ejes básicos.

Es imprescindible desembarcar en nuevos mercados pero hay que entender qué beneficios se persigue, valorar la importancia de la ventaja de la estrategia de internacionalización y tener claro qué prioridad se le da.

Una empresa no puede descuidar ninguno de esos factores si quiere llevar a buen puerto su modelo de negocio. Pretender copiar en el exterior su buen funcionamiento en el mercado interior sin entender las singularidades de los mercados a operar es un error. Hay quien piensa todavía que es muy fácil.

Tenemos que entender que cuanto más elevada es la aportación de la demanda externa más éxito tiene la economía de un país y que no podemos quedarnos parados. Pero, de igual forma, contar con los peligros ocultos que encierra una estrategia de internacionalización basada en la improvisación. No son pocos los ejemplos de empresas que han tenido que abandonar sus incursiones internacionales por la puerta de atrás.