viernes, 23 de julio de 2010

El 23.7.10 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios
Soy un apasionado de la política y de sus escrutables y virulentos caminos. Quizás, hasta injustamente, lo reconozco. Esa gestión política profesional que amo es la de los años de la transición donde se alcanzaron acuerdos sublimes entre posturas antagónicas y en un terreno minado por el terrorismo, los fallidos golpes de estado y el nacionalismo radical. Pero nacieron de ese clima unos pactos, y sobre todo una Constitución abierta y técnicamente muy aceptable que, a pesar de todo, sigue muy vigente. Esa gestión política es la que añoro. Esa gestión políticamente política.

Y es en estos momentos donde hay que tener la valentía de reconocer, sin tapujos, la valiosísima aportación de nuestro Tribunal Constitucional a la definición de nuestro modelo autonómico. Una estructura territorial del estado surgida de esa Constitución de 1978, y en donde el Tribunal, desde su condición de intérprete supremo del texto constitucional, ha ayudado de una manera relevante y decisiva, a clarificar y perfilar un sistema cuyas bases y fundamentos jurídicos parecían permitir, desde un principio desarrollos bien distintos de nuestra Carta Magna.

Y a pesar de todas las críticas, la sentencia sobre el Estatut de Catalunya, ha sido otro paso más en esa contribución a la definición del sistema autonómico. Una sentencia dificilísima.

En mi opinión, la labor del Tribunal Constitucional en estos años ha sido magnífica e inigualable. Y sólo el ignorante supino y el creador de intereses espúreos puede obviar ese reconocimiento.

Es hora de decirlo a viva voz. Y sería todavía mucho más constructivo, que los políticos de profesión y nuestros gestores de intereses y problemas lo reconocieran. No pasa nada. Absolutamente nada. No es retrógrado. Al igual que hemos empezado a alegrarnos por las victorias de nuestra selección de fútbol y pasear nuestra bandera, la de todos, es hora que reconozcamos que tenemos un Tribunal Constitucional que a pesar de su origen y de los nacionalismos que nos quieren manejar y trasladar al siglo XVIII, vela por nuestro orden y que ha "creado" un modelo de estado de la nada.

Una Constitución que requiere unas modificaciones y actualizaciones necesarias y normales después de 32 años y que hay que afrontar sin miedo a las posturas radicales. Y que estoy completamente seguro, que ya estaría modificada, si en vez de ciertos políticos actuales que quieren inventar la democracia, coexistieran los de la época constituyente. Sin duda alguna.

Para las mentes enfermas, radicales y obsoletas (sobre todo esto último) la buena aportación del Tribunal Constitucional será cuando hipotéticamente de el visto bueno a la independencia de Catalunya y el País Vasco. Pero, para ese momento hipotético, ya no existiría ni Constitución, ni Tribunal Constitucional, ni...España. La vuelta a los Reinos de Taifas, que parece ser nos fueron muy bien...
El 23.7.10 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios
La razón más evidente por lo que una empresa se plantea abandonar en estos momentos es la falta de expectativas de lo que se esperaba del negocio en cuanto a rentabilidad y la incertidumbre derivada de una crisis que según ciertos analistas no ha tocado fondo y de otros que apuntan que lo malo ya pasó...

Las causas de ese planteamiento pueden ser varias y profundas. Una estrategia inadecauda al no obtener la empresa una ventaja competitiva sostenible; altos costes, cambios estruicturales de la demanada por la transformación económica derivada de la crisis tan profunda; una gestión muy deficiente debido a la existencia de una estructura de dirección muy desiquilibrada o falta de experiencia.

Pero es, en realidad, en la capacidad de respuesta organizativa de la propia empresa que no reacciona con celeridad a los cambios obligados producidos por la actual situación de dificilísima coyuntura econonómica, y e donde se constata la verdadera ineficiencia de la gestión empresarial, tanto por parte de la propiedad como de la dirección.

En resumen, no se responde a los desafíos de la crisis hasta que ésta ya está instalada, y aunque hayas visto a tu vecino hundirse en el más profundo de los fangos.

No existe una política de prevención.

Y es entonces, cuando llegan las políticas de...saneamiento forzoso, como el cambio en la gestión del responsable del negocio (con lo que eso supone si es una empresa familiar), la redefinición de la estrategia a todos los niveles, la enajenación de algunos activos a un precio muy por debajo de mercado y en unas condiciones leoninas, medidas de reducción de costes para recuperar la rentabilidad y la refinanciación del fuerte endeudamiento en unas condiciones que para nada tienen que ver con las suscritas anteriormente.

Pero esto es así. Algunos seguimos luchando para evitarlo. En la mayoría de los casos se puede evitar. Ya saben...la crisis es una oportunidad.

martes, 13 de julio de 2010

El 13.7.10 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios
Un elevado número de consultas que recibimos en nuestro despacho son de empresarios de pyme familares, inquietos por marcar estrategias de mejora en su empresa. Una de ellas, el natural e ineludible cambio generacional. En algunos casos son empresarios que en el fondo de su ser, se resisten al cambio y que tienden a seguir influyendo en que su organización continúe operando de igual forma, aun cuando los resultados obtenidos no son los que esperaban.

Un relevo generacional que conlleva imprescindiblemente un cambio en su estructura organizacional, que no significa empezar de cero, sino mejorar, evolucionar. Suelen ser empresarios de éxito en su tiempo, pero que al alcanzar la madurez tanto profesional como humana, no han adaptado sus estrategias a los nuevos tiempos, y que su forma de posicionarse es la ambiguedad de la respuesta de que siempre lo han hecho así.

No entienden del todo, aunque saben que irremediablemente deberá ser así, de que la empresa familiar tendrá que operar un cambio en su organización hacia una nueva dirección estratégica, revisando la forma en la que estaban organizados, planteando una nueva estructura, los aspectos a mejorar y lo que se necesita para llevarlo a cabo.

Será imprescindible, si se quiere tener éxito en ese cambio generacional, que se produzca dentro de una planificación estratégica adapatada a las nuevas realidades empresariales, pero que su base esté constituida por cuatro piezas fundamentales: los objetivos de la organización, la visión del negocio, su misión y sobre todo los valores que la rigen. Es la fijación de hacia donde queremos ir, con que medios y cómo lo haremos.

Garantizar la continuidad de la empresa familiar, significa la realización de un cambio organizacional, con suficiente madurez y responsabilidad.

lunes, 12 de julio de 2010

El 12.7.10 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios
Asistimos en la tarde-noche de ayer, a uno de esos acontecimientos que pasan a la memoria de generaciones por su importancia, y sobre todo, por su significado. No sólo fue la victoria de nuestra selección y alzarnos por primera vez con el título de campeón mundial. Es algo muchísimo más. Es el triunfo del equipo de fútbol que representa a una nación y que deja esa lámina de pesimismo y negatividad que nos venía lastrando e impregnando cada ocasión que la mala suerte, los árbitros y las circunstancias, nos apartaban de los mejores. Que sí; que España puede ganar un Mundial. Por qué no?.

Y ha sido un equipo humano excepcional en cuanto a valores, sencillez y esfuerzo, y que han representado la unión de un país como España que todos habíamos soñado; de una España plural y valiente. De una palabra llamada España que ha dejado atrás la pesadísima carga de ser un insulto a la realidad. Se ha demostrado con suficiencia y generosidad que el significado de España y lo que representa y por encima de todo, de sus valores, pueden tener cabida con absoluta normalidad; con esa normalidad que todos anhelábamos y sin tener que justificarnos por sentirnos españoles. Y así lo pudimos comprobar en las espontáneas manifestaciones de júbilo en todos los rincones de España, y especialmente en lugares como Barcelona, Bilbao, ó Pamplona.

Sería de esperar también, por lógica y por sentido común, que esos políticos de cuarta fila y que se sienten los representantes de la divinidad helena, hayan podido comprobar cuan lejos de la realidad se encuentran. Que España es una país donde tienen cabida todas las sensibilidades y opiniones. Pero que España, con sus valores y su maravillosa gente, también existe. Ha sido un auténtico regalo para todos, este triunfo de los valores de la unión, sencillez, trabajo en equipo y esfuerzo. Si eso se trasladara a todos los ámbitos de nuestra sociedad, ya sería el no va más.