martes, 26 de octubre de 2010

El 26.10.10 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios
Es posible un cambio del modelo productivo. Es necesario, y es factible. Y somos todos los que debemos creer que es así. No sólo los empresarios. Todos tenemos alguna pieza del puzzle con la que aportar a ese modelo futuro que debe apoyarse en la innovación, la educación y la calidad y tecnología como base.

Mas tarde o más temprano saldremos de ésta. De las cenizas de esta crisis nacerá un nuevo modelo de crecimiento económico menos dependiente de la construcción, con un alto nivel de competitividad que nos sirva para salir al exterior y cimentado en la innovación, la calidad y la idónea formación de sus trabajadores. Ya que si no es así, estamos, irremediablemente abocados a un desastre de características colosales.

Otro factor decisivo es la superación de la inseguridad y desconfianza que se ha instalado en nosotros debida a los vaivenes de la política del gobierno y de no preveer y anticiparse a las consecuencias de esta crisis. Es por ello, que existen todavía muchísimos empresarios que les cuesta creer que la actual situación de nuestra economía va a ser superada y siguen instalados en la incertidumbre, falta de confianza, y por tanto tener paralizadas muchas inversiones.

Aunque las decisiones en política económica por parte del Gobierno afectan al necesario cambio de modelo productivo, y de una manera muy importante, no esperemos por tanto a que sean los protagonistas; si no que los verdaderos protagonistas seamos nosotros, aportando ese esfuerzo, ilusión y generación de innovación que construyan ese nuevo modelo productivo.

Ayer estuve con tres empresarios jóvenes que han creado una empresa innovadora que dará mucho que hablar en próximos años. Un esfuerzo titánico de dinero, tiempo, trabajo e ilusión plasmada en un proyecto que irradiaba esperanza por todos los rincones de sus instalaciones. Es el camino a seguir. Uno salió de allí con otras perspectivas y creyendo que con gente así todo es posible.

Todos debemos creer que el cambio es posible. Y lo es.

lunes, 18 de octubre de 2010

El 18.10.10 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios
Ya hubo un antecedente de nuestro Tribunal Constitucional. Ni más ni menos, que el Tribunal de Garantías Constitucionales de la II República.

Esta institución actuó en los comienzos de la Justicia Constitucional en Europa, cuando la problemática general del tema no había cobrado madurez a nivel teórico ni existía una experiencia práctica consolidada. Su misión era la de satisfacer, entre otros, a quienes aspiraban a que dicho Tribunal sirviera de garantía para las autonomías y los deseos de los que confiaban en una solución de tipo judicial para las posibles controversias entre el Estado y las regiones.

La idea de que los conflictos entre el Estado y las regiones se presentaran como disputas competenciales y aducidas en términos jurídicos, no fue posible. Sus resoluciones (dos conflictos de competencia legislativa) fueron tachadas como decisiones políticas y no jurídicas, a pesar de contar con el esfuerzo de una generación de juristas que intentaron dar respuesta a unos conflictos constitucionales de su época con arreglo a unos métodos, procedimientos y técnicas netamente jurídicos y teniendo en cuenta que este cuerpo de doctrina tuvo que crearse, ya que no existían antecedentes válidos ni en la jurisprudencia ordinaria ni en la técnica del Derecho Público.

Lamentablemente, su contribución fue muy escasa en la definición del modelo de configuración autonómica y, sobre todo, bastante politizada.

Es de sobra conocido que nuestra Constitución actual de 1978 no organizó territorialmente el Estado, sino que abrió un proceso que, basado en la autonomía como derecho de nacionalidades y regiones, debía desarrollarse para concluir en un modelo de Estado que no se encontraba predeterminado sino sólo limitado constitucionalmente.

En otros artículos míos anteriores ya resaltaba la inmensa aportación del Tribunal Constitucional derivado de nuestra Constitución de 1978, a la definición del sistema autonómico, incluso pudiéndole calificar a la nueva estructura territorial del Estado como "Estado autonómico jurisdiccional", que no es más que la expresión que refleja apropiadamente la capital importancia que nuestro Tribunal Constitucional ha tenido en el proceso de clarificación del complejo sistema de distribución y articulación de competencias entre el Estado y las Comunidades Autónomas.

Todo ello, a muy pesar, de algunos pronuncionamientos discutibles e incoherentes, principalmente en sus inicios, pero que no pueden, de ninguna manera, empañar la trascendental labor operada en el desarrollo del modelo constitucional de distribución territorial del poder.

Todo ello, de igual forma, muy a nuestro pesar de algunas sentencias muy politizadas donde el juego de los intereses partidistas ha prevalecido sobre la cordura constitucional.

Hay aires de renovación después de mucho tiempo de los miembros del Tribunal Constitucional. Es una noticia saludable. Pero no volvamos a tropezar en la misma piedra de antaño. Decisiones jurídicas derivadas de métodos, procedimientos y técnicas netamente jurídicas y no politizadas y del café para todos.

miércoles, 6 de octubre de 2010

El 6.10.10 por Roberto MARTÍNEZ en    1 comentario
Somos unos privilegiados.

Esta frase la habremos escuchado infinidad de veces y no por eso hemos dejado de estar de acuerdo con tan magna lógica. El problema es que en pocas ocasiones se le ha dado la importancia de su significado, y por tanto su sentido. Y no hay más que ver, allende las fronteras, cómo malvive la raza humana. Incluso, quitamos la vista o apagamos el televisor cuando nos muestran esas imágenes deleznables de las desgracias que sufren millones y millones de personas. Es así de crudo. Conocemos de su existencia, pesar y sufrimiento y lo vemos lejano.

Y somos unos auténticos privilegiados. Y lo somos todos aquellos que podemos contarlo en cualesquiera condiciones, incluso aquellos que están al borde de la desesperación.

Todos hemos pasado momentos malos. La mayoría períodos oscuros de sinsabores o rachas infames e incomprensibles para nuestro docto pensar, unas ocasiones más expandidas en el tiempo y otras más cortas. Cuando perdemos un familiar muy cercano, o cuando perdemos el trabajo, o cuando tenemos un problema grave de salud, o cuando el banco no nos acepta el crédito solicitado, o cuando el mismo banco no nos acepta la remesa para descontar papel, o cuando alguién muy querido entra en el abismo de la droga, o cuando perdemos el afecto de nuestra pareja o cuando no nos paga el cliente, o...

Lo primero que llega hasta nuestro pensamiento es el sinsentir de la fatalidad. De la mala suerte o de alguién que nos ha echado mal de ojo eterno, incluso acudiendo a personajes impropios que "quitan" esas maldiciones. El "imposible", "no puede ser que esto me pase a mí", "qué habre echo para merecer tan gran injusticia", etc. Todos lo pensamos en un momento determinado.

Pero también acudimos al parapento de la desgracia caundo nos ocurren cosas más triviales: haber perdido el móvil; no poder viajar donde uno quiere; el una pelea sentimental; una discusión con un hijo; el que nos pongan una multa, etc, etc...podía seguir hasta mañana. La cuestión es quejarse.

Incluso hay gente que vive de estos sinsabores. Los "víctimas". La gente que dramatiza hasta niveles inimaginables con el único fin de que se compadezcan de ellos y así, utilizar hasta la naúsea, la debilidad y los sentimientos frágiles de amigos y familiares. Así de real. Si uno recapacita un mínimo, seguro que tiene al lado alguna especie de mártir que chantajea con dichas fragilidades emocionales. Pero la culpa la tienen los mismos que les limpian las babas del padecimiento continuo y acceden a sus requerimientos.

Y, sin embargo, hay millones y millones de seres que comen con menos de un euro al día (se imaginan ustedes el que tengamos que vivir con un euro al día incluida comida y carburante) , y sin techo dónde resguardarse, con hijos hambrientos y malolientes que son esponjas de las más terribles enfermedades. No tienen móvil, ni pantalla panorámica, ni vehículo, ni ... que llevarse a la boca. Si hablas con ellos no transmiten quejas. Aceptan lo que son, en algunas ocasiones, con una bondad y ternura que le dejan a uno sin capacidad de respuesta.

El sentido natural de la vida. Somos lo que somos. Y nos quejamos de puñetero vicio. No somos capaces de escrudiñar la más inquietante realidad. Somos unos privilegiados. No apreciamos lo que tenemos, aunque sea poco y las desgracias asomen a tu puerta de una manera continua. Qué bestial verdad. Nos preocupamos de las cosas banales.

Afuera nos espera un mundo lleno de vitalidad y esperanza. Más allá de golpes e injusticias. No somos capaces de levantarnos cada mañana y sentir el río de la vida fluir por nuestras venas. Como decía un proverbio chino, "Todo camino tiene sus charcos". Pues, entonces, pongámonos unas buenas botas y pasemos por encima de ellos. Podemos. Pues manos a la obra.

Dignifiquemos la condición humana y su forma de coexistir acordándonos de aquellos que padecen y sufren diariamente y no ponen reclamaciones.
El 6.10.10 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios
Sigo insisitiendo en mi trato (a veces creo que insolente) con las diversas empresas familiares, de hacerles ver la necesidad o concienciarles de las prioridades y retos a los que se enfrentan en está incierta etapa de cambio.

Sólo una de cada cuatro empresas familiares planifica estratégicamente la empresa en cuanto anticipar y preparar los cambios a medio y largo plazo y sólo una de cada tres lo realiza a corto. A todos ellos les insisto en la necesidad imperiosa de introducir un proceso de planificación estratégica que les ayude y fuerce de manera periódica a evaluar su empresa y las influencias internas y externas que les afectan. Todo ello a pesar de que los mismos empresarios son conscientes a niveles muy altos, de que una de sus principales prioridades es la elaboración del desarrollo de la estrategia del negocio.

No hablo ya de las empresas familiares que no realizan o no tienen un protocolo escrito en el que se regule su buen gobierno con el fin de garantizar su viabilidad futura. O la planificación de la sucesión en la dirección de la compañía en donde se presente a la familia la posibilidad de examinar con profundidad y sosiego los nuevos objetivos de la empresa, las habilidades del próximo líder y su equipo directivo y si debe plantearse la contratación de un profesional externo como sucesor en la alta dirección, así como el acuerdo que regule la futura entrada y salida de la organización de miembros de la familia.

Otra de mis prioridades es hacerles ver la necesidad de una mejora sustancial e irreversible de la gestión de la tesorería de la empresa y en el control de costes. Hoy en día, las entidades financieras, se fijan más en los datos de generación y gestión de la liquidez, que en la solvencia de la empresa. La disponibilidad de liquidez permite al negocio funcionar con soltura y no depender de factores externos, incluso perdiendo el control de la toma de decisiones, así como la de aprovechar las escasas oportunidades y la de ejercer mayor presión en la negociación operativa con entidades financieras, clientes y proveedores.

Hay voluntad de cambio en general. De eso no hay duda. El problema es el paso que hay que tomar con decisión. Y ahí falla el empresario familiar. Es por ello, de la necesidad, de que en ciertos casos sea un gestor ajeno el que se implique en el cambio, ya que las emociones internas son muy malas compañeras de viaje.

lunes, 4 de octubre de 2010

El 4.10.10 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios
Como consecuencia de la época tan terrible e incierta convulsión económica que estamos sufriendo, están surgiendo cada vez más por parte de los empresarios una demanda de profesionales de dilatada experiencia en el campo de la dirección general y control de empresas con el fin de solucionar una situación crítica o reorganizar o reestructurar un área determinada de la organización o de la empresa en su totalidad.

Son profesionales externos que muchísimas empresas contratan temporalmente, por un breve plazo de tiempo,para resolver todo tipo de crisis internas y en cualquier circunstancia y sacarlas de sus dificultades o bien para la puesta en marcha de planificaciones operativas estratégicas sobre todo en empresas con conflictos internos de intereses que en la mayor parte tienen su origen en la empresa familiar.

Son varias ya las ocasiones a las que a este despacho nos han solicitado esta especie de director en transición, o "interim manager", con amplímima trayectoria y conocimiento en el mundo de la empresa y de los negocios. Este despacho y en particular la persona que firma este artículo, en los últimos meses ha ejercido las funciones de esta figura en alza en diversas mercantiles, ya que los empresarios precisan de nuestra experiencia para afrontar una situación delicada de su empresa como la reestructuración de la deuda, optimizar costes, reorganizar y adaptar la empresa a las necesidades del mercado y los nuevos tiempos, a desinvertir, etc.

Para que estos proyectos cumplan su cometido, esta especie de directores a plazo o "intermin managers" precisan de una amplia experiencia y sobre todo una capacidad de decisión que en muchísimos casos son inviables de tomar desde dentro y sin estar ligado con vínculos emocionales. Un "intermin manager" no dice lo que habría que hacer , sino que lo hace en definitiva.