sábado, 27 de noviembre de 2010

El 27.11.10 por Roberto MARTÍNEZ   Sin comentarios
Mañana se celebran las elecciones al Parlamento de Catalunya. Y será un magnífico escenario para comprobar el índice de participación de un electorado cansado y hastiado de las refriegas de sus representantes, de la falta de compromiso real y de las deslealtades mutuas entre políticos producto de un odio paralelo y no del concepto puro de mero adversario político.

Lo he mencionado en muchos artículos míos y en cualquier ámbito de la escena personal y empresarial que me rodeo: nuestros representantes políticos no actuan como tales, ya que la inmensa mayoría de ellos se creen impregnados de una varita de poder innata que les creen con el derecho divino de ser dueños de un poder establecido de antemano. Les preocupan sus intereses, no los de los ciudadanos. Y les preocupa más perpetuarse inmortalmente en la cúspide mucho antes que sacarnos de esta crisis cruel e inmoral.

Y todo ello contribuye a desmoralizar a una sociedad española de una manera tan profunda, y me temo duradera, que enferme gravemente la esperanza de un futuro estable.

Y es, por tanto, lógico que se haya instalado en la ciudadanía una desconfianza que forma parte de una especie de síndrome de desconexión entre ésta y la clase política. Y soy de la opinión de que la responsabilidad es de ambas. Unos por permitirlo y otros por su pésima gestión.

Hace un par de años sólo el tercio de la población estaba interesada en la política. Hoy me temo que es bastante menos. La razón no estriba sólo en la crisis económica. También en la crisis ética y moral. Estoy completamente seguro que con otros dirigentes más preocupados por la marcha general del país y de su bienestar, reformando donde haya que hacerlo e impulsando un nuevo modelo económico y productivo en donde el fomento a la innovación, las nuevas tecnologías y la formación sean sus pilares bases, y no dirigiendo para captar votos y perpetuarse en el poder, las cosas serían muy diferentes.

Y seguro, seguro, que ahora no estaríamos hablando de la prima de riesgo y de el posible rescate financiero de nuestro país.

domingo, 21 de noviembre de 2010

El 21.11.10 por Roberto MARTÍNEZ   Sin comentarios
Es harto complicado en estos tiempos que discurren de zozobra, y a su vez de un nivel temerario fuera de lo común, escribir o hablar bien de un político. Y más cuando la mayoría de ellos se miran de una forma pulcra delante del espejo de la reelección cuando las elecciones municipales atisban horizontes cercanos, y toman decisiones de calado personal antes de mirar en el interés de la ciudadanía.

Si los políticos pensaran más en la forma de salir de la crisis antes que en ellos mismos y en sus intereses, otro gallo nos cantaría y de una forma más lírica.

Hablar bien de Andrés Lloréns es hacerlo de forma natural. Es la naturalidad misma, y lo más importante: es la esencia de la objetividad. Si pudiéramos definir en todos sus amplísimos términos el significado de la objetividad, no costaría trabajo alguno el poder describirlo poniendo como ejemplo las formas y hechos diarios de este magnífico político que eleva su cargo de Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Alicante a la más eleveda expresión del buen hacer.

No tengo reparos en posicionarme junto a él. Porque pienso en voz alta al lado de miles de ciudadanos que es una auténtica calaña que lo quieran mezclar en asuntos turbios o de gestiones impropias. Es de una mediocridad sublime. Pero no tengo duda alguna que los mediocres de pelo al cuarto que sueñan en apartarlo de la vida pública, lo hacen porque es un tipo bueno y porque saben que es un gestor de primerísimo nivel. Es decir, saben sus contrincantes y verdaderos enemigos que es un adversario honrado y querido por el pueblo, por lo que apartarlo sería un hito en la consecución de unos fines espúreos, por no decir, que crueles e indignos de la condición humana.

Pero eso no les importa en absoluto a sus adversarios. Lo primero es lo primero y no es sino el poder absoluto. Son esos mismos políticos que piensan en ellos mismos y en sus intereses antes que en sacarnos de esta crisis...que ellos mismos son incapaces de solucionar.

Andrés. Siempre triunfan los buenos. No me cabe duda. Y tú lo eres a capazos, como diría un buen amigo mío. No desistas.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

El 10.11.10 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios
Es muy simple: a más y mejor formación, menos paro. La tasa de desempleo de los menos formados duplica la de los universitarios.

Y resulta imprescindible para mejorar la competitividad incrementar el esfuerzo en formar el capital humano, mucho más de lo que se está haciendo ahora. Más y mejor. Es por tanto que la administración debe invertir todo lo posible y necesario, aunque sea costoso, porque de no hacerlo será mucho más gravoso para este país. Y también porque invertir en formación hará que la economía crezca más rápidamente.

Volver a trabajar no dependerá sólo de estar mejor preparado. Será imprescindible que nuestra economía vuelva a crecer. Pero es obvio que si uno está suficientemente preparado estará en mejor disposición de encontrar empleo que si no lo está en el momento en que se vislumbren las primeras luces de la salida del túnel de la crisis.

Esta evidencia de que a más y mejor formación, hay menos paro, vuelve a resurgir con especial virulencia en esta época de crisis económica en donde las distancias entre los que poseen un título superior tanto universitario o de formación profesional, y los que apenas alcanzaron la educación obligatoria, se incrementa demasiado y deja en evidencia que nuestro país requiere elevar en proporciones considerables nuestro nivel educativo.

Los primeros en caer en el desempleo en épocas de crisis económica como la actual, son los trabajadores con menos cualificación y preparación. A su vez, cuando se vislumbra la recuperación, son los parados menos cualificados los que más tardan en encontrar empleo.

Es decir, hay que invertir más en educación y mejor. Y hay que suprimir cuanto antes la brecha que existe entre la universidad y el mundo empresarial. Asistimos hoy en día los consultores con gran asombro y a la vez gran desazón a pruebas de selección de personal recién salidos y con el título universitario bajo el brazo, en donde la preparación deja mucho que desear ya que los contenidos de los planes universitarios están demasiado alejados de lo que es la realidad empresarial. (Otro día hablaré más extensamente de este tema en otro artículo).

Invertir en capital humano es crecer más rápido junto con la inversión en I+D+i y en nuevas tecnologías. Sin duda.

lunes, 8 de noviembre de 2010

El 8.11.10 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios
Si ya en época de bonanza económica, el acceso a la financiación de los proyectos emprendedores no era tarea sencilla, hoy en día, con la crisis económica por doquier, llega a ser la principal barrera para la iniciativa emprendora. Nos duelen los oídos de escuchar a los políticos y responsables máximos de las entidades financieras, que este nuestros país tiene que gestionar un cambio absoluto y necesario hacia otro modelo económico que no dependa de sectores circunstanciales y que están dispuestos a hacer lo absolutamente necesario para que ese cambio sea posible, con la bandera de la innovación, calidad, nuevas tecnologías y educación como base.

En la actualidad, existe un considerable retraso, por no decir desconcierto, en las ayudas financieras a los nuevos empresarios por parte de la administración, registrando un absoluto desconocimiento de los accesos y canales a dicha financiación , si es que existe. Y qué decir tiene de las entidades financieras que han puesto más cortapisas para conceder el crédito necesario a dichos empresarios endureciendo las condiciones, investigando hasta la naúsea a la nueva compañía, y solicitando planes estratégicos de la empresa a medio plazo como si los bancos conocieran cuál va a ser la situación de la economía española y mundial en tres años. Son ganas de marear la perdiz, como dice un buen amigo mío. Puedo entender las cautelas, y más cuando el índice de morosidad se ha situado en niveles muy preocupantes, pero si no fluye el crédito, poco se puede hacer para salir de esta situación oscura y cavernática.

Sin contar que muchos proyectos de actividad emprendedora o de innovación de diversa índole, mueren en la mesa de un analista junior que no tiene tiempo material para estudiar como es debido la viabilidad de dicho proyecto ya que tiene órdenes superiores de sólo conceder unas pocas financiaciones, que es lo que se lleva.

Y se supone que hay dinero para invertir, siendo el proyecto bueno, en un sector en auge, y que a medio y largo plazo puede funcionar situándose al final de la esperada crisis en una buena posición y en mejores condiciones.

Me consta que hay mucha voluntad por parte de instituciones y organismos de todo tipo y condición de facilitar todas las vías necesarias para el acceso a la financiación e información sobre subvenciones y ayudas. Pero, constato, en mi actividad diaria una total descoordinación y una falta de conexión e información entre el emprendedor y sus posibilidades de llevar a buen puerto su inmaculado proyecto. Se tiene la idea pero se desconoce como materializarla.

Y luego las trabas. Hay dinero, pero para tapar los agujeros de la deuda pública. Y miedo. Mucho miedo. No es un país de valientes, porque en nuestra cultura, la innovación, ha sido un término asociado a mundos muy lejanos. Algo que no iba con nosotros.