sábado, 30 de abril de 2011

El 30.4.11 por Roberto MARTÍNEZ   Sin comentarios
El sector de la consultoría apuesta decididamente por la innovación empresarial, en un momento donde es necesario su fuerte impulso así como el dinamismo de la actividad empresarial.
El sector de la consultoría es consciente de que en las sociedades avanzadas la competitividad de todos los agentes económicos tiene como punto de partida su capacidad de innovación y que es necesario, por tanto, que las empresas den un giro hacia esa cultura de la innovación. Para ello, y teniendo muy en cuenta el entorno marcado por la globalización y la conectividad entre dispositivos y personas, la consultoría lanza el mensaje inequívoco de que somos parte activa en ayudar a las empresas a acelerar su proceso de transformación para ser competitivas.

De igual forma, los consultores somos consecuentes de que intentamos aportar a las empresas valor añadido en un escenario de marcado carácter pesimista y advertimos a las empresas que la inversión en, innovación I+D, nuevas tecnologías, calidad y formación va a determinar gran parte de su éxito.

El sector de la consultoría es pieza fundamental en ese objetivo de cambio de modelo y de gestión. Somos agentes básicos, por nuestra cercanía a los problemas de las empresas y organizaciones, nuestro análisis diario, y sobre todo por nuestra experiencia, en ese impulso hacia un cambio en la forma de hacer las cosas. Uno de los objetivos de la consultoría está en adelantarse e inventar servicios que los clientes aún no se imaginan y hacer ver al cliente que podemos ayudarle a planificar y gestionar ese cambio, entendiendo su problema y que sabemos cómo solucionarlo, y además, que al final el beneficio que va a sacar es muy superior al coste del servicio de consultoría.

Nos reinventamos cada día.

martes, 19 de abril de 2011

El 19.4.11 por Roberto MARTÍNEZ   Sin comentarios
Es en el ámbito educativo, donde se debería ya de empezar a fomentar un nuevo espíritu emprendedor en un nuevo modelo de crecimiento económico. Desde la escuela hasta la universidad, el sistema educativo español presenta una cadena de errores que lastra la competitividad. El espíritu emprendedor debería formar parte de las cualificaciones básicas del sistema educativo.

Todas las propuestas que se realizan desde el ámbito europeo en torno a la educación y la formación recogen la importancia de incluir dentro del grupo de competencias básicas (leer, escribir y aritmética elemental), cinco nuevas calificaciones, a saber: tecnologías de la información, idiomas extranjeros, cultura tecnológica, espíritu emprendedor y habilidades para la socialización. (Fomento del Espíritu Emprendedor en la Escuela)

La distancia entre el producto que sale de las facultades y las necesidades de los empresarios no termina de cerrarse con el paso de los años. Los empresarios llevan mucho tiempo preocupados por la casi nula flexibilidad de nuestro sistema educativo, más cuando las necesidades de un nuevo patrón de crecimiento basado en la innovación no pueden ser satisfechas por el producto que sale de las facultades.

La empresa y la universidad deberían trabajar con mayor coordinación, comunicándose necesidades, aportando recursos financieros y nutriéndose del personal debidamente formado para integrar sus equipos.

Y eliminar progresivamente la preferencia de los jóvenes universitarios por ser empleado en el sector público o en una gran empresa antes que desarrollar su propio proyecto empresarial; tendencia ésta, a la vista de los últimos acontecimientos económicos se está viendo cuestionado.
El 19.4.11 por Roberto MARTÍNEZ   Sin comentarios
No cabe duda de que estamos conviviendo en una época de total incertidumbre y de coyuntura económica y social muy delicada; pero en donde de una manera un tanto esperanzadora brota en todas las organizaciones la necesidad de fomentar una cultura basada en los principios del espíritu emprendedor.

Se apoyan nuevas ideas, y consecuentemente se experimenta con procesos creativos que desembocan en muchísimas ocasiones logros en nuevos servicios, productos o procesos tecnológicos. Aprendemos a convivir con una situación de crisis como la actual; en una época de cambio constante, y el desafío siempre debe ser combatirlo con creatividad e innovación.

Se origina un rebrote del espíritu emprendedor, ya que esta iniciativa emprendedora transforma retos en oportunidades, descubriendo vías para afrontar unos imprescindibles cambios estructurales en las empresas y en la sociedad en sí, con ilusión, motivación, impulso y la imperiosa necesidad de prender los recursos necesarios para materializar su idea.

Por espíritu de empresa se entiende la habilidad de la persona para transformar las ideas en actos. Está relacionado con la creatividad, la innovación y la asunción de riesgos, así como la habilidad para planificar y gestionar proyectos con el fin de alcanzar objetivos” (Propuesta de recomendación del Parlamento Europeo y del Consejo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente.)

El espíritu emprendedor es uno de los motores principales de la innovación, la competitividad y el crecimiento social y económico de un país. Hay una correlación inequívoca entre el espíritu emprendedor y los resultados económicos en términos de crecimiento, consolidación de empresas, innovación, generación de empleo, nuevas tecnologías, aumento de la productividad y la internacionalización de las empresas.
Desarrollar el espíritu emprendedor requiere de personas que gocen de una cierta libertad para entender y asumir las nuevas oportunidades que el contexto les ofrece o puede llegar a ofrecer.

Los líderes de empresas emprendedoras muestran compromiso y entusiasmo para generar proyectos que ilusionen, siendo muy críticos con todo con tal de realizar los actos necesarios para dar lugar a resultados a medio y largo plazo, dando especial importancia a la preparación de sus sucesores y al trabajo en equipo (Amat y Gallo).

La empresa emprendedora necesita contar con una cultura basada en unos valores como la confianza, el compromiso y la lealtad, que den sustento a la estrategia definida en una estructura organizativa en el que se de impulso a la flexibilidad básica para responder al reto de emprender.

Existen, en algunas ocasiones, una mala concepción de lo que en realidad significa ser emprendedor. Un emprendedor no siempre se refiere a la innovación en nuevos productos, nuevas ideas o técnicas o nuevos inventos; sino que también es el que aporta innovaciones tecnológicas, mejoras en los procesos o en la productividad y en reducciones de costos. El 70 % de los nuevos proyectos empresariales, suministran productos o servicios ya existentes en los mercados en los que hay una competencia considerable y se dispone de la tecnología desde hace algún tiempo.

Emprendamos. Es el momento.