lunes, 19 de septiembre de 2011

El 19.9.11 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios
Nadie va a atreverse en ponerle el cascabel al gato, aunque conozcamos cómo hacerlo y seamos conscientes de ello. Entre otras razones, debido a la absoluta falta de carisma, valentía y preparación de la mayoría de nuestros representantes y políticos en general, a la pléyade de intereses creados, y la ausencia de lo que yo denonimo cultura social o falta de visión de interés público y de bienestar.

Ayer escuché otra majadería. Se eliminan Diputaciones y se proponen Consejos de Alcaldes. La visión de una reunión de diversos Alcaldes de distintos partidos intentando dilucidar soluciones y propuestas de ayudas económicas e infraestructuras a pueblos que lo requerían de a su vez, de diferentes realidades políticas, me producía estupor, a la vez que un torrente de candidez supina. Se imaginan una de esas reuniones así planteadas? Y entonces, para qué eliminar las Diputaciones?

Nuestro problema es mucho peor. Pero nadie se va a atrever a corregirlo. La realidad del cascabel y del gato.

Ya decía el insigne profesor Cruz Villalón hace mucho tiempo, utilizando la famosa tesis de que si un curioso jurista extranjero quisiera conocer nuestro sistema político-español, no lograría jamás descubrir en nuestra Constitución la forma de Estado en cuanto a la distribución, territorial y funcional del poder político. Es verdad. Nuestra Constitución permite sin sufrir modificación formal alguna (y a la vista está desde 1978), lo mismo que un Estado unitario y centralizado, que uno federal u otro de fórmulas confederales. Y, lamentablemente, debo dar la razón a Cruz Villalón y afirmar que España carece de Constitución en una aspecto tan básico como la estructura del estado.

Y ese ha sido, es y será nuestro mayor problema. Diecisiete comunidades feroces y ávidas de legislación estructural, burocratizada, social, presupuestaria y política con el componente de sentido nacionalista propio e impropio y todo lo que conlleva de gasto superfluo en casi todas las partidas; a lo que hay que añadir: Diputaciones, Ayuntamientos, Mancomunidades...y nuestro Gobierno central, y el europeo y sin olvidar a Obama, Merkel, y al FMI

La idea de que el Estado autonómico constituía un modelo indefinidamente abierto en nuestra Carta Magna, en donde los partidos nacionalistas (y los no nacionalistas de una manera impúdica) han defendido que el sistema constitucional no tenía un punto final de desarrollo y que su evolución infinita era constante acrementando el poder de las diversas Comunidades Autónomas, ha ido, paso a paso, y golpe a golpe imponiéndose en nuestra sociedad. Y de esos barros, vienen estos lodos.

Y eso lo saben los europeos. Y lo saben los alemanes. Y los franceses. Y Obama, también. Lo que podía costar seis, cuesta diecisiete. Y ahí está la descomunal deuda autonómica, que va a suponer un lastre de consecuencias nefastas e incalculables para esta nación. Hay que disminuirla a toque de corneta, pero cómo? No hay mayor realidad. Las agencias de ráting ya han bajado las calificaciones de solvencia a cinco autonomías, lo que supone un aviso muy serio a lo que puede suceder a la calificación de España y una posible bajada. Y preparénse...las multinacionales farmaceúticas dentro de muy poco tiempo, al igual que está pasando en Grecia, nos van a obligar a pagar al contado los medicamentos directamente. Y no me referiero solamente a las aspirinas.

El proceso de reformas estatutarias que han ido realizándose en las autonomías ha significado, digan lo que digan, el dotar a los Estatutos de una auténtica función de Constituciones autonómicas, recorriendo todos los aspectos típicos de una Constitución. Y en estas estamos.

La solución no es fácil. Tanto económica con ese nivel de deuda autonómica, como estructural. Sólo políticos y políticas valientes, sensatas y realistas podrían dar una vuelta de rumbo a este conglomerado de intereses, miedos y fábulas lecheras.

El principio de la buena, y más eficiente Administración pasa por dar mayores competencias a los ayuntamientos eliminando estructuras competenciales a las Comunidades y a su vez recortando gasto superfluo. Entre otras razones por su inmediatez al ciudadano y su mejor gestión en todos los ámbitos. Nunca una segunda descentralización. Sino una mejor y más encauzada.

Habrá alguien que quiera ponerle el cascabel al gato?