jueves, 1 de diciembre de 2011

El 1.12.11 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios
Continúa flotando en el ambiente, a las profundidades más inoperantes que la condición humana en determinados momentos tiende a dejarse llevar, una especie de situación retrograda que desespera al más aspado, que, en realidad desconozco si es producto de esta aurea de incertidumbre que se ha depositado en nuestras almas . Es la absurdez llevada a cimas inalcanzables.

Si en algo nos distinguimos la raza humana de los innumerables seres vivos que habitan en este planeta, es nuestra capacidad sublime de evolución, inteligencia, iniciativa, creatividad y raciocinio, aunque en determinadas ocasiones no lo parezca.

En determinados escenarios cierta condición humana se comporta de una manera inexplicable atormentando, precisamente, dichas características que se supone poseemos de forma natural y que desarrollamos a lo largo de nuestra vida. Y una de ellas es la evolución de nuestra forma de pensar, de nuestra forma de actuar, de escoger aquellas circunstancias que nos son más favorables y óptimas y que se vayan adaptando a nuestra forma de proceder a medida que uno se va enfrentando a la actividad diaria y una coyuntura histórica que sólo cada uno conoce de primera mano.

La absurda y desconcertante campaña que está sufriendo Enrique Martín en estos últimos días, no es más que una aplicación indigna del más puro ancestral comportamiento de ciertos grupos de personas que, en su entera libertad de acción y pensamiento, no hacen sino retomar la bandera del más puro radicalismo encerrando al mismo concepto de raíz de lo que significa evolución y razón, en la más oscura de las latitudes coercitivas, que no es más que el fondo de la cuestión: coartar la libertad.

Primar y aupar por intereses creados la forma y libertad de pensamiento de hace una década en unas circunstancias históricas que cada uno conoce en su fuero interno, sobre la misma evolución de las cosas, y sobre todo por los hechos notorios y palpables de una persona que ha realizado y está realizando una gestión soberbia, en los organismos e instituciones que representa, dándoles un impulso e iniciativa de primerísima magnitud no es más que una insolencia indigna de los que lo priorizan.

Decía Santiago Carrillo hace muchísimos años, en los albores de la Transición, que todos en nuestra juventud hemos tenido pensamientos revolucionarios con la esperanza de cambiar el sentido de las cosas, y no puedo estar más de acuerdo en ello. Y sin embargo, todos hemos evolucionado y asentado nuestro pensamiento a la evolución misma del mundo en que habitamos, defendiendo desde la esfera del respeto y la cordialidad lo que creemos, y desde posiciones muy antagónicas.

Se podrá o no estar de acuerdo con Enrique Martín en algunas cosas, pero siempre desde nuestra propia libertad y de ese respeto. Lo que no me cabe ninguna duda que este ilicitano de gran capacidad intelectual, de expresión docta, creativo e impulsor de multitud de iniciativas de mejora, se merece la oportunidad solemne de dejarle hacer una tarea de impulso al empresariado alicantino que tanta falta hace, en una época donde Valencia sigue marcando preocupantemente los pasos a través de sus grupos de presión y en una época en que uno de nuestros buques enseña como la CAM ha naufragado de forma frustrante dejando al tejido social y empresarial de la provincia en una desnudez alarmante, entre otros hechos también relevantes. Seguro que mucha gente que se ha sumado al carro de la crítica no ha puesto tanto énfasis en denunciar estos acontecimientos. Seguro.

Enrique Martín puede ser esa persona que, desde su perspectiva e iniciativa, aglutine y organice los intereses de la provincia de Alicante mediante una mejora consustancial en los ámbitos empresariales, profesionales y sociales. Una persona que es capaz de darle un nuevo concepto al alicantinismo moderno, en donde fluyan de nuevo las actividades emprendedoras que tanto hacen falta y que han hecho de la provincia de Alicante el espacio más grande y diverso de impulso emprendedor de toda España, y que en este momento pasa por una situación de puro desconcierto. Alicantinismo no es Alicante; es la potenciación de una actividad creatividad e innovadora de cualquier rincón de nuestra geografía, y la defensa de una forma de hacer y de un valor diferencial enorme.

Dejemos ya los conceptos cavernícolas. Las personas no somos entes estáticos ni en su forma de proceder ni de pensamiento; somos entes dinámicos que evolucionan día a día.