domingo, 28 de octubre de 2012

El 28.10.12 por Roberto MARTÍNEZ en , , , ,    Sin comentarios

Y no puedo evitar sonrojarme.  No son capaces de  percatarse  todos estos manirrotos, con un mínimo de decencia,  de que estamos haciendo el auténtico panoli, y somos el hazmerreir  en público y en privado, de todo el mundo. Y no sólo eso, sino que tenemos la desfachatez de encabronamos cuando en Estados Unidos, Alemania, Francia, Europa entera,  y la misma Sudamérica, nos ponen como ejemplo de lo que no hay que hacer nunca en la forma tan desastrosa en que hemos gestionado esta pesadilla de crisis y en esos errores tremendos y garrafales de estructurar coyunturalmente nuestro modelo productivo. 

Es increíble. Bochornoso. 

La carta (de chiste de Gila)  de estos eurodiputados catalanes denunciando y anticipando la entrada de las hordas castellanas en la Rambla de Barcelona y sus F18 sobrevolando el espectro catalán, con sus defensores de la misma  misiva incluido, ha sido motivo de auténtico descojono general en todos los ambientes diplomáticos, económicos y políticos de toda Europa, y creo que de los habitantes de nuestro planeta vecino de Saturno también. 

Quién va a confiar en el futuro de este país allende nuestras fronteras? Qué inversor va a apostar en España, si nosotros no confiamos en nosotros mismos?  Si no somos capaces de arreglar nuestros problemas y nuestras desavenencias, y apostamos por la ruptura territorial y social como mejor fórmula para salir de la crisis. Qué o quiénes van a ser esos valientes?

Así nos va. La pescadilla española.  Estado que emite deuda, que la adquieren las entidades financieras, y que luego recurren de nuevo al Estado para que la rescaten. Y mientras la gente no puede pagar, la morosidad alcanza niveles de auténtico escándalo, y se propician desahucios sangrantes y criminales. Sin contar la falta de crédito, que no existe porque se la devoran unos y otros. 

Emprendedores sin posibilidad de recursos para crear riqueza y empleo; empresas que no pueden financiarse y salvarse de la quiebra o mismamente atisbar un plan de crecimiento; la innovación y la investigación a niveles ínfimos; y sobre todo, impulsando medidas de austeridad asfixiante sin que, prácticamente nadie, advierta que la sobreausteridad no puede generar recursos para crecer, y que sin éstos recursos llegará un momento en que no se pueda atender los pagos y las obligaciones…y la pescadilla se dará tal bocado en sus partes que no habrá quien la pueda devolverle a la vida. 

Huelgas generales en el peor momento,  corrupción por doquier sin que nadie vaya a la cárcel, , y hasta tenemos que realizar una Auditoría (¿???) de nuestro modelo de estado territorial y competencial y de nuestro país entero para demostrarle a no sé quien que ya sabíamos lo que no funciona, pero que no hemos tenido bemoles para corregirlo o modificarlo. 

Encima,  le dedicamos comentarios y páginas enteras de absurdas réplicas a esa carta infame de cuatro eurodiputados catalanes y todo lo que conlleva la demencia y la manipulación del nacionalismo rancio que no es sino, la mirada obligada hacia su propia cobardía interna de no poder resolver los problemas que ellos mismos han generado. 

Hay quien se permite incluso criticar el espíritu de la transición cuando alguien lo pone como ejemplo de poder retomar la senda del crecimiento,  la concordia, la razón y las formas; pero lo hace desde el más analfabetismo pueril conocido bien porque no tiene la más mínima idea de lo que significó y lo que ocurrió en esa etapa de nuestra historia, o bien porque sabiéndolo, añora esa época de acuerdos imposibles en momentos muy críticos, hecho éste impensable con los actores políticos y sociales que acampan en nuestras vidas. 

De locura. De paranoia frustrante. Este barco lo botamos nosotros. Y tenemos que sacarlo del pantano cuanto antes. Podemos, siempre y cuando, nos lo propongamos y resolvamos nuestras diferencias en forma de cohesión social  y acuerdos estructurales que sienten unas bases sólidas de crecimiento, desde la infinita riqueza que es nuestra diversidad que para muchos la quisieran.

No están. Se embarcaron en un viaje que creyeron pulcro, pero desconociendo que bajo sus mismos dedos de sus pies, se estaba fraguando un pantano de lodos que tarde o temprano atraparía sin retorno al más bello sueño de la  persona humana, que no es sino la esperanza de una armonía sencilla de bienestar y desarrollo en el devenir de su vida. 

Y nos permitimos criticar a los que nos van a prestar un dinero y los que nos están intentando dar unos consejos y unas condiciones para no hundirnos de una manera irreversible en el pelotón de los países del quinto mundo, y el riesgo de llevarles a un desastre catastrófico a ellos también.



jueves, 4 de octubre de 2012

El 4.10.12 por Roberto MARTÍNEZ en , , ,    1 comentario
Creo que todos somos muy conscientes del terrible escenario de complejidad,  incertidumbre y con ese  denominador común  que es la velocidad de los cambios que se producen en todos los ámbitos, cada día  más  acelerados,  por el que transitamos. 

Es por ello,  absolutamente imprescindible, y más que nunca, realizar las cosas con un orden lógico, racional y una excelencia en cualquier acción a emprender en todo lo concerniente al mundo de la actividad empresarial. Y en concreto, en su planificación. 
 
Planificar permite gestionar y adaptar los recursos que se tienen y controlar a qué se destinan. Y en la mayoría de ocasiones en tiempos de crisis, planificar adecuadamente significa hacer más de lo posible con menos de lo que en principio se pudiera necesitar. 

Este no es una artículo dirigido exclusivamente a emprendedores, aunque sí principalmente; es también un serio toque de atención para las empresas u organizaciones de cualquier tipo y género,  en la mayoría de casos con graves problemas de gestión, y  con el único fin o utilidad de que pueda servir para corregir el núcleo operativo y estructural en su proyecto o actividad empresarial. 

Lo que a veo a diario es bastante preocupante. En vez de ir a mejor, es al contrario, ya que contagiarnos del pesimismo,  de las prisas y  los agobios del entorno  conduce a nada. 

Considerables Planes de Empresa o de Negocio pasan por mi mano para su análisis y puesta en marcha en los últimos tiempos, ya que existe cada vez más una actividad frenética de personas que quieren o pretenden iniciar una andadura empresarial o están en los estados iniciales de afrontar los mercados. Algunos de ellos por necesidad y otros por vocación emprendedora  con altas dosis de creatividad.  Y muchísimos con un enorme potencial. 

Otros, en la mayoría de casos a los que me refiero, Proyectos ya iniciados y con una planificación o  Plan de Negocio inexistente o muy pobre, y  en donde se comienzan a vislumbrar verdaderos problemas de viabilidad ya que la gestión, verdadero núcleo de cualquier Proyecto,  es un compartimiento inexistente, olvidado en un oscuro rincón. En el fondo, es la razón por la que acuden a nosotros para analizar la posibilidad de encauzarlos. 

Pero,  lamentablemente, en algunos casos es muy tarde. Emprender hoy un negocio, aún en la difícil coyuntura económica por la que atravesamos, es menos complicado que gestionarlo. Y es,  en donde se quiebra un modelo de negocio;  en la gestión deficiente e ineficiente.   

La raíz de todo este fracaso empresarial se sitúa en la falta de planificación. Se improvisa en exceso;  y tener que improvisar es la muerte anunciada para cualquier Proyecto. Hoy en día todavía más, por la velocidad de los cambios que se producen en todos los escenarios. 

Lo alarmante es el  indudable desconocimiento en la utilidad de un Plan de Negocio;   la ignorancia en saber que existe un  altísimo porcentaje de  garantía en la  viabilidad de cualquier tipo de Proyecto si se afronta con un buen Plan de Negocio; pero también en no estructurar su indiscutible importancia a la hora de configurarlos y en su metodología;   su significado, y que en ningún caso, debería servir como mero documento de marketing que se guarda en el cajón del despacho o como trámite simplemente administrativo. 

La mayoría de los fracasos de proyectos emprendedores ya iniciados tienen su verdadera causa en esa infrautilización de este documento de vital importancia como es el Plan de Empresa o Negocio. Y voy más allá, la mayor parte de los cierres de empresas consolidadas son debidos a la falta de planificación en todas las áreas de la empresa. 

Un Proyecto, jamás se debe iniciar si no se tiene estructurado un buen Plan de Negocio. Éste, puede salvar una idea poco brillante, pero nunca al contrario. 

Como ya he comentado anteriormente, un Plan de Negocio, debe ser un documento imprescindible en la planificación, análisis, gestión y control de cualquier tipo de Proyecto, sea o no emprendedor. 

Es vital, de igual medida, para cualquier proyecto de reestructuración, de diversificación, de lanzamientos de nuevos productos o servicios, de internacionalización, etc., y que aparte de describir y analizar una oportunidad de negocio, examine su viabilidad técnica, económica y financiera, además de  desarrollar y conjugar de manera ordenada todos los procedimientos, estrategias y controles necesarios para llevar a efecto con éxito cualquier proyecto.
La mayoría de los emprendedores se centran erróneamente en vender su idea, pero lo que desconocen es que la clave no está en la idea misma, sino en el modelo de negocio  que el Plan de Negocio o Empresa va resolver, y lo que es más importante: ejecutar. 
Se centran más en su utilización externa, y no es así. Y, en la mayoría de ocasiones, por mero trámite.

Anticipación y flexibilidad: dos claves de garantía en un mundo en que lo único permanente es el cambio continuo. Y ahí reside el carácter de un Plan de Negocio: su dinamismo,  que lo hace ser configurado como una guía estratégica en evolutiva revisión y adaptación. Esta es la clave.  

Un buen Plan de Negocio va a permitir controlar y gestionar diariamente cualquier tipo de proyecto; ya que la falta de gestión o el inadecuado control son los verdaderos lastres en las organizaciones en la actualidad. A veces, inexplicablemente.

No me olvido de otras utilidades, pero que obviamente forman parte inequívoca de la excelencia de un Plan de Negocio, como es la de la de servir como tarjeta de presentación ante inversores institucionales o privados, organismos públicos, entidades financieras, etc. O, lógicamente, para descartar la viabilidad de cualquier tipo de Proyecto. Pero en ningún caso olvidar que la verdadera esencia de un Plan de Negocio, es la de servir de herramienta interna de evaluación y control. 

Es un documento vital, y estratégico. Es esencial que sea veraz, real y profesional. Es un documento que debe irradiar confianza a todo el equipo, promotor o no y en cualquier ámbito en que se presente. 

Y por supuesto, huir de adaptar tu modelo de negocio a cualquier buen plan de negocios estándar o tradicional ya que puede llevarte al fracaso. Cada Proyecto requiere su propio Plan de Negocios personalizado, con los matices propios de cada uno de los apartados del mismo modelo de negocio, además de  los propios del sector y sus características. 

He visto Planes de Negocio, encajados a la fuerza en esos modelos estándar que no tienen ningún sentido y en donde el modelo de negocio que se plantea está difuminado o perdido. 

lunes, 27 de agosto de 2012

El 27.8.12 por Roberto MARTÍNEZ en , ,    Sin comentarios
A estas alturas de la película de ciencia-ficción, llamada economía perversa, y  que nos congregamos a intentar desmembrarla como si fuéramos esa especie de ávidos críticos cinéfilos, ya no sorprende nada. 

Todo se asimila como cuando vemos ciento treinta y siete veces seguidas la  repetición  de una jugada polémica en un partido de megafútbol. Dependerá el análisis, en primer lugar de la afición a los colores de uno de los dos equipos; igualmente del ángulo de visión de la misma; y de la misma forma de la percepción aguda y visual que uno tenga sobre ella. 

La economía perversa significa lo mismo. Hay decenas de analistas por doquier e incontables asesores gubernamentales y de mercado. Nadie se pone de acuerdo, ni de las causas y lo más extraño: de las soluciones. Los colores ideológicos cuentan y mucho, al igual que de la percepción de la realidad sobre el estado de las cosas, y ni que decir tiene los intereses sobre la misma. Pero todos tienen razón. Ellos mismos están plenamente convencidos.

España ha gastado lo que no tenía. España deseaba llegar al mismo nivel de infraestructuras y de máximo bienestar de sus vecinos. Y eso es obvio. Lo que para estos países fueron décadas de desarrollo, nosotros lo queríamos realizar en la cuarta parte de tiempo. 

En vez de alquilar el barco que nos llevara a América como antaño hicieron los emigrantes italianos, nosotros para realizar ese viaje a la élite de los países más desarrollados, lo que hicimos fue comprar al contado un avión supersónico como el mismísimo Concorde. 

Al igual que en las economías domésticas, se ha tirado de esa especie tarjeta de crédito VIP (no de débito) sin límite. Al principio, se podían atender los pagos y las inversiones de todo tipo y condición,  en una parte con ingresos reales y con otra recurriendo al fácil endeudamiento de toda clase y al descubierto de cuenta corriente. Aún teniendo la certeza absoluta de que los ingresos que se iban generando eran ficticios o temporales, pero que por diversas circunstancias y artimañas ya descritas se cubrían las obligaciones de pago sumado con la ayuda inestimable de una cosa llamada fondos europeos y una huída hacia delante de un modelo productivo pelotudo, operativo y no estructural. 

Y no guardamos. Y no anticipamos. Para qué?. Ya pagaríamos como fuera o fuese. La rueda de madera seguía en movimiento a pesar de que las  tinajas seguían llenas de vacío de futuro. 

Cuando la cruel realidad se impuso, este tipo de economía inició ese declive natural; es decir el globo comenzó a deshincharse y la pelota desgranó la esfera de la cordura. 

Y eso se materializó en una dificultad estable de pago, un más complicadísimo remedio al fácil endeudamiento, y con el inicio de la refinanciación como mal menor. Las tarjetas de crédito ya no eran operativas y mucho menos el descubierto, por lo que la confianza se resquebrajaba y desangraba el devenir de toda una economía doméstica y empresarial, y por tanto de un Estado en su totalidad.

El próximo paso es el de la ayuda. El de la familia, el de los amigos que lo puedan, y de nuestros socios europeos que exclaman a los cuatro vientos que necesitamos reformamos, como si hubiéramos sido esa especie de ratero de bolso de mano, pero que en el fondo quieren nuestras miserias para que puedan contribuir a su vez a un óptimo funcionamiento de sus propias economías; y si no, lo pueden comprobar a cómo nos financiamos nosotros en el mercado de deuda y cómo se han financiado negativamente en el día de hoy. 

Hemos hecho las cosas tan mal? Es posible. Se ha vivido, tanto economías domésticas, y empresariales, como el Estado, por encima de nuestras sabias posibilidades pero con la esperanza en nuestras acciones de que hacíamos lo correcto ; no ya en el mismo momento histórico, pero sí, no calculando las consecuencias en un futuro, ni anticiparse al devenir de los acontecimientos. 

Somos tan malos?. Nos merecemos tan superlativo castigo? Pues no. Me niego a ello. Lo que sí debemos aprender de este momento de coyuntura histórica es asumir las consecuencias,   no volver a cometer los mismos errores y que nos sirva de lección; ya que nuestra mejor formación y el pilar de nuestro bienestar y de nuestros hijos y nietos será la experiencia de los fallos garrafales y de cálculo generados. 

Y, demostrando que somos los mejores, pagando lo que debemos de forma racional y no brutal; y, por supuesto con una clarísima apuesta irreversible de políticas de crecimiento con la innovación, la creatividad, las nuevas tecnologías, la calidad y la educación como  pies de ese modelo productivo que tanto necesitamos. 

Ese es el camino para desterrar a la economía perversa. 

martes, 21 de agosto de 2012

El 21.8.12 por Roberto MARTÍNEZ en , ,    Sin comentarios

Son tiempos raros. Arrogantes, diría yo,  con  toques barrocos y un pelín superfluos. Virar en la dirección amable y de generación de valor permanente nos impulsaría a una mejor convivencia en cualquier ámbito de nuestros comportamientos y que derivaría, en mi opinión, a unos resultados globales más reconfortantes y óptimos. 

Y el mayor problema radica en ese halo de sentimiento impávido que acampa por doquier.  En esa fortaleza impropia que no somos. Nos estamos transformando en algo gélido y conformista en nuestro propio fuero interior. Incluso en las relaciones de afecto, donde sorprendentemente esta imperando e imponiéndose el cruel cálculo de situaciones, de lógicas aritméticas, cuya consecuencia es la arrinconamiento del calor del romanticismo. Y eso, lo vemos hasta razonable y acorde con la moda de los tiempos. La rosa y la flor. 

La consecuencia más inmediata es su consiguiente traslado al resto de combinaciones humanas, en todos los órdenes. La solidaridad ha dejado paso al interés razonable; es decir al cambio de cromos entre la emoción y el cálculo. Y los que más pueden impulsar esa mudanza de valores que tanto anhelamos, guardan pacientemente sus posibilidades en un frasco mudo, como si la cosa no fuera con ellos. 

Los rostros con los que cruzamos nuestras miradas a diario lucran esa expresión. Los diálogos con allegados y extraños conocidos hasta parecen vacíos. Incluso, se trata de configurar nuestra opinión buscando razonamientos inocuos e inverosímiles con tal de no aceptar, que, posiblemente no poseamos la verdad de las ideas y de los hechos. Cueste lo que cueste. Hábitos de antaño se mudan a otros comportamientos y pensamientos diametralmente opuestos, y lo más curioso, es que en ambos pretendemos imponer cordura.

Todos esperamos algo en un movimiento inerte; en donde la velocidad ágil de los cambios en nuestro entorno nos aprieta como una soga sin nudo. Son los problemas; es la incertidumbre, lo sé y soy consciente de ello. Aguardamos tras el árbol de la vida a que seres idénticos a nosotros nos restauren el paso de un bienestar mejor. Pero sin contribuir en nada.

Es frustante comprobar en el análisis de los vaivenes, cómo ha desaparecido la ilusión, la pasión, la emoción y el toque sutil de romanticismo en nuestras acciones y proyectos.  Craso error. Si permitimos que la frialdad, el desapego, la tibieza y el alejamiento de coraza herculina se introduzcan en nuestras formas de actuar, dejaremos de ser lo que siempre pretendimos alcanzar. 

El remedio hay que hallarlo en nosotros mismos. Me comentaba un buen amigo mío hace unas fechas que su fórmula magistral para no enquistarse era la de seguir soñando despierto y con los ojos cerrados. 

Pertenecemos a la condición humana irremediablemente, y por tanto, tratemos de darle a las cosas eso mismo, humanidad; y procuremos desterrar para todos los siempres esa halo gélido y de coraza interesada y pétrea que sin motivo realizamos. 

Nos irá mucho mejor. A nosotros y a los que nos rodean. Y al bienestar común, que es impagable.

martes, 14 de agosto de 2012

El 14.8.12 por Roberto MARTÍNEZ en , , ,    Sin comentarios
Creo que todos somos muy conscientes del terrible escenario de complejidad, incertidumbre y con ese denominador común que es la velocidad de los cambios que se producen en todos los ámbitos, cada día más acelerados, por el que transitamos. 

Es por ello, absolutamente imprescindible, y más que nunca, realizar las cosas con un orden lógico, racional y una excelencia en cualquier acción a emprender en todo lo concerniente al mundo de la actividad empresarial. Y en concreto, en su planificación. Estoy plenamente convencido de que alcanzar metas complejas requiere iniciarlas de forma sencilla, práctica y eficiente. Y todavía más el hecho de que es bastante más complicado perder en un juego o en una actividad o en un modelo de negocio que uno mismo haya planteado o planificado. Todas ellas dependen de nuestras acciones; es decir, no dependen de terceros, ni de la Administración; por lo que somos exclusivamente responsables del fracaso de cualquier Proyecto emprendedor o empresarial si no las planificamos con ese orden, y un toque de creatividad e innovación añadido. 

Planificar permite gestionar y adaptar los recursos que se tienen y controlar a qué se destinan. Y en la mayoría de ocasiones en tiempos de crisis, planificar adecuadamente significa hacer más de lo posible con menos de lo que en principio se pudiera necesitar. 

Este no es una artículo dirigido exclusivamente a emprendedores, aunque sí principalmente; es también un serio toque de atención para las empresas u organizaciones de cualquier tipo y género, en la mayoría de casos con graves problemas de gestión, y con el único fin o utilidad de que pueda servir para corregir el núcleo operativo y estructural en su proyecto o actividad empresarial. 

Lo que a veo a diario es bastante preocupante. En vez de ir a mejor, es al contrario, ya que contagiarnos del pesimismo, de las prisas y los agobios del entorno conduce a nada. Considerables Planes de Empresa o de Negocio pasan por mi mano para su análisis y puesta en marcha en los últimos tiempos, ya que existe cada vez más una actividad frenética de personas que quieren o pretenden iniciar una andadura empresarial o están en los estados iniciales de afrontar los mercados. Algunos de ellos por necesidad y otros por vocación emprendedora con altas dosis de creatividad. Y muchísimos con un enorme potencial.

Otros, en la mayoría de casos a los que me refiero, Proyectos ya iniciados y con una planificación o Plan de Negocio inexistente o muy pobre, y en donde se comienzan a vislumbrar verdaderos problemas de viabilidad ya que la gestión, verdadero núcleo de cualquier Proyecto, es un compartimiento inexistente, olvidado en un oscuro rincón. En el fondo, es la razón por la que acuden a nosotros para analizar la posibilidad de encauzarlos. 
Pero, lamentablemente, en algunos casos es muy tarde. Emprender hoy un negocio, aún en la difícil coyuntura económica por la que atravesamos, es menos complicado que gestionarlo. Y es, en donde se quiebra un modelo de negocio; en la gestión deficiente e ineficiente. 

La raíz de todo este fracaso empresarial se sitúa en la falta de planificación. Se improvisa en exceso; y tener que improvisar es la muerte anunciada para cualquier Proyecto. Hoy en día todavía más, por la velocidad de los cambios que se producen en todos los escenarios. Lo alarmante es el indudable desconocimiento en la utilidad de un Plan de Negocio; la ignorancia en saber que existe un altísimo porcentaje de garantía en la viabilidad de cualquier tipo de Proyecto si se afronta con un buen Plan de Negocio; pero también en no estructurar su indiscutible importancia a la hora de configurarlos y en su metodología; su significado, y que en ningún caso, debería servir como mero documento de marketing que se guarda en el cajón del despacho o como trámite simplemente administrativo. 

La mayoría de los fracasos de proyectos emprendedores ya iniciados tienen su verdadera causa en esa infrautilización de este documento de vital importancia como es el Plan de Empresa o Negocio. Y voy más allá, la mayor parte de los cierres de empresas consolidadas son debidos a la falta de planificación en todas las áreas de la empresa. 

Un Proyecto, jamás se debe iniciar si no se tiene estructurado un buen Plan de Negocio. Éste, puede salvar una idea poco brillante, pero nunca al contrario. 

Como ya he comentado anteriormente, un Plan de Negocio, debe ser un documento imprescindible en la planificación, análisis, gestión y control de cualquier tipo de Proyecto, sea o no emprendedor. Es vital, de igual medida, para cualquier proyecto de reestructuración, de diversificación, de lanzamientos de nuevos productos o servicios, de internacionalización, etc., y que aparte de describir y analizar una oportunidad de negocio, examine su viabilidad técnica, económica y financiera, además de desarrollar y conjugar de manera ordenada todos los procedimientos, estrategias y controles necesarios para llevar a efecto con éxito cualquier proyecto. 

La mayoría de los emprendedores se centran erróneamente en vender su idea, pero lo que desconocen es que la clave no está en la idea misma, sino en el modelo de negocio que el Plan de Negocio o Empresa va resolver, y lo que es más importante: ejecutar.

 Los emprendedores olvidan muy pronto que ante todo, y como garantía de éxito de su Proyecto, que su Plan de Negocio les va a servir de herramienta interna que evalúe permanentemente la futura marcha de su modelo de negocio; y fundamentalmente poder corregir y adaptar aquellas desviaciones que se puedan producir en un escenario tan cambiante como el que transitamos y así, poder anticiparse a ellas. Este su papel principal, básico diría yo.


Se centran más en su utilización externa, y no es así. Y, en la mayoría de ocasiones, por mero trámite. 

Anticipación y flexibilidad: dos claves de garantía en un mundo en que lo único permanente es el cambio continuo. Y ahí reside el carácter de un Plan de Negocio: su dinamismo, que lo hace ser configurado como una guía estratégica en evolutiva revisión y adaptación. Esta es la clave. 

Un buen Plan de Negocio va a permitir controlar y gestionar diariamente cualquier tipo de proyecto; ya que la falta de gestión o el inadecuado control son los verdaderos lastres en las organizaciones en la actualidad. A veces, inexplicablemente. 

No me olvido de otras utilidades, pero que obviamente forman parte inequívoca de la excelencia de un Plan de Negocio, como es la de la de servir como tarjeta de presentación ante inversores institucionales o privados, organismos públicos, entidades financieras, etc. O, lógicamente, para descartar la viabilidad de cualquier tipo de Proyecto. Pero en ningún caso olvidar que la verdadera esencia de un Plan de Negocio, es la de servir de herramienta interna de evaluación y control. Es un documento vital, y estratégico. Es esencial que sea veraz, real y profesional. Es un documento que debe irradiar confianza a todo el equipo, promotor o no y en cualquier ámbito en que se presente. 

Y por supuesto, huir de adaptar tu modelo de negocio a cualquier buen plan de negocios estándar o tradicional ya que puede llevarte al fracaso. Cada Proyecto requiere su propio Plan de Negocios personalizado, con los matices propios de cada uno de los apartados del mismo modelo de negocio, además de los propios del sector y sus características. He visto Planes de Negocio, encajados a la fuerza en esos modelos estándar que no tienen ningún sentido y en donde el modelo de negocio que se plantea está difuminado o perdido.

lunes, 6 de agosto de 2012

El 6.8.12 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios

Buscar responsables de nuestros inadecuados actos o priorizar responsabilidades en el mismo tipo de actos de los demás,  es una profesión tan ancestral en nuestras costumbres  que lejos de fulminarlo, parece asentarse  en nuestra forma de ser y actuar como ese pie que depositamos en el suelo cada día que nos incorporamos a nuestros quehaceres. 

En estos tiempos tan llenos de podredumbre y de incertidumbre, la esperanza de algo nuevo y mejor parece que se esfuma como un acto obligatorio de alevosía hacia una vía de esclavitud que no pretendemos ver y, de igual modo, estúpidamente se enaltece aceptando que no hay remedio, pero a su vez,  sí responsabilizamos a nuestro entorno. Y lo que es más importante, esperamos a que nos lo arreglen. 

La voluntad es nuestra. Es un derecho inalienable. Es el momento idóneo para disponer de nuestros actos, y por qué no, de nuestros sueños. Desconozco la razón de alzar de manera reiterativa ese muro de pesimismo y victimismo cada amanecer,  cuando las cosas no funcionan como quisiéramos y nos dejamos encauzar y vertebrar hacia lo que no deseamos. Todos lo hacemos sin darnos cuenta. Hasta los que izan la bandera del optimismo por doquier. 

Estamos en una situación crítica; no hay discusión sobre ello. Pero, es lógico que espoleemos la negatividad de la situación sin analizar otras vías de arreglo, de impulso y de sacrifico? 

Tenemos la impresión equivocadamente, en determinadas ocasiones, de que la magnitud de la situación es algo que hemos aceptado como algo inevitable, que nos la merecemos y lo más grave, que intentar por nuestros propios medios ver que hay un horizonte mejor, es, casi un insulto a la razón. Es, comparativamente, como la mayor atención que prestamos a las noticias sobre catástrofes. Bajo ningún concepto debe ser así. 

No podemos conformarnos con la losa del pesimismo. Como decía esta mañana en un pequeño comentario en una red social, hemos sido presos de una especie de demencia colectiva, donde los límites a la prudencia y la forma de gestión no existían; donde todo nos parecía razonablemente bien y que si había  o no dinero para afrontar  todo tipo de inversiones por parte de  todas las administraciones no era un problema que nos incumbiera. 

Nadie se ha cuestionado alguna vez de dónde salía todo ese flujo de dinero o recursos para afrontar todo ese gasto o inversiones que se han materializado en los últimos tiempos, algunos casi faraónicos o prescindibles o inocuos? 

Nadie se ha planteado que era imposible que todo saliera de los propios recursos que generaba el Estado a través de nuestros impuestos y que acudir a la deuda pública era un riesgo desmedido a pesar de encontrarnos con algunos ejercicios con superávit? 

Que nuestro modelo productivo era superficial o temporal, y que tarde o temprano tanta casa o tanto ladrillo no tendrían cabida ni físicamente? Nadie se cuestionó tan sólo como las entidades financieras podían conceder y otorgar tanto préstamo hipotecario con unos niveles de valoraciones de mercado simplemente desmedidas? Nadie se cuestionó que vivíamos en una sociedad construida sobre un barro y un lodo maloliente muy peligroso?

Esa locura colectiva es también responsabilidad en parte nuestra. 

No podemos conformarnos con buscar solamente responsables de algo de lo que hemos sido parte aunque fuera en menor medida. Todos hemos disfrutado y gozado con la pulcritud engañosa en cómo se han desarrollado las cosas y los acontecimientos en sí.

Ni debemos, en mi opinión, de ninguna manera, enarbolar una bandera de revolución y de hastío descomunal para corregir lo que ya no se puede. Pero sí con otras banderas como las del esfuerzo, superación, reinvención, creatividad, y mirada hacia delante con el fin de afrontar nuestra viabilidad y nuestro futuro y el de nuestros descendientes. No es demagogia. Es una realidad sana. 

Hoy en día las puertas que se cierran son muchísimas, pero debemos ser conscientes con ese derecho inalienable que describía antes como es el de nuestra voluntad inequívoca, deben guiarnos a  atravesar ciertas ventanas que a su vez, nos gobiernen a  esa apertura de las puertas que se nos cerraron en su día. Sólo hay que buscarlas. Si hace falta, una y otra vez. 

La solución a todo es una palabra dramáticamente escondida. Se llama “gestión”- 

Y dentro de ella tienen cabida muchísimas vías de encauzar la situación definitivamente y estructuralmente: entre ellas, la anticipación; tanto a nivel de Estado, como a niveles empresariales y profesionales, y por supuesto, la personal. 

Estoy plenamente convencido de ello. Hagamos la prueba. Es muy sencillo.

miércoles, 16 de mayo de 2012

El 16.5.12 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios

Creo llegar a la conclusión de que la felicidad es un estado impropio e indeterminado; algo a lo que todos aspiramos pero que ninguno alcanza a describir en su amplitud y que bascula en su cénit tanto en cantidad como en cualidad. Es seguro y nítido, que a muchísima gente a la que se nos preguntara en estos momentos de incertidumbre y agobio, sobre cuál sería ese cénit, la respuesta sería muy distinta a la que se le hubiera realizado hace algunos años. Nos  hubiéramos  conformado con bastante menos, tanto en lo material como en lo espiritual. Por lo tanto, esa felicidad indeterminada, que para un sector de población es una cosa, y para otros lo contrario, oscila y se debate entre estados de ánimo internos y externos dependiendo en muchísimas ocasiones de la pulcritud o del desasosiego del conjunto de circunstancias que nos rodean. Y debo añadir que lamentablemente.

Los acontecimientos pintan bastos. Pero no es tiempo de dejar caer los brazos. La condición humana que nos alumbra tiene el suficiente impulso para trazar ese hilo de ilusiones y aspirar a conseguir esos estados de éxito y felicidad que cada uno debe construirse en sí mismo. 

Es la época de afrontar las dificultades del tipo y condición que sean. Es tiempo de mirar irreversiblemente hacia delante. Siempre he dicho que los campos de la vida son infinitos y que por tanto es imposible tratar de cerrarlos y asfixiarlos con puertas y cerraduras en toda su amplitud. Es indiscutible que en estos momentos de auténtica presión hay más caminos que se han transformado en impracticables; pero no es menos cierto que esa amplitud de la que hablo tiene el suficiente margen de recorrido para intentar alcanzar otras metas por pedregosas y tortuosas que puedan aparentar. Volver la mirada atrás apenas sirve de nada, y retroceder en el mismo sentido mucho menos.

No es tiempo de valientes. No, no es eso.  Es tiempo de avanzar a paso firme y seguir luchando con aplomo y sin descanso. Es tiempo de recuperar hábitos de esfuerzo y sacrificio, salpicados con ese halo de lógica y compostura que nunca se debió perder. Es tiempo de recuperar valores que jamás se debieron perder, más que nunca,  y afrontar y resolver los problemas por muy duros e inalcanzables que pudieran parecer. Esos valores connaturales a nuestra propia existencia. Ante las dificultades uno debe crecerse a niveles  de superación máxima y no dejar que la melancolía o la frustración nos impidan ver otras opciones. 

Siempre hay un camino transitable o una puerta abierta. Siempre. Aunque existan en este momento muchas más clausuradas que antaño. Y confrontarlo de forma  sencilla y práctica que nos deriven a alcanzar esas metas más complejas que anhelamos. 

 
Y es fundamental que se realice por nosotros mismos,  sin esperar a que otros lo formen por nosotros.  Es un deber innato buscar la excelencia de las cosas,  de nuestro comportamiento y nuestra actitud como forma de contribuir a ese estado de convivencia solvente con las personas de nuestro entorno,  sin esperar a que Papá-Estado nos resuelva el devenir de nuestros acontecimientos. 

Sí se puede. Depende de nosotros mismos y de nuestra actitud en vertebrar cada paso que configuremos.

lunes, 23 de abril de 2012

El 23.4.12 por Roberto MARTÍNEZ en ,    Sin comentarios
Siempre debemos extraer de alguna forma positiva,  que,  acontecimientos presentes y lamentables nos puedan hacer valorar, y por qué no comparar, situaciones pasadas.  Una pequeña memoria histórica. Las “cacerías” de todo tipo y condición que se están produciendo actualmente en todos los ámbitos,  son consecuencia del olvido interesado de una clase política que no está a la altura mínima requerida de la esperpéntica y complicada situación en la que andamos metidos. Además,  por culpa de ellos, y para más gravedad con ese juego de balones fuera y justificaciones a lo injustificable. 

Y siempre he tenido de una forma muy nítida un hecho esencial; que las cuatro personas más importantes en toda la historia moderna  de España por múltiples razones y por las circunstancias tan especiales en que nos desenvolvíamos, han sido y serán: nuestro Rey Juan Carlos, Adolfo Suárez, Santiago Carrillo y Gutiérrez Mellado. Es posible que también, y  con algunos matices, Gabriel Cisneros y Peces Barba, ambos,  por su papel en la elaboración y mediación (factor fundamental éste) de nuestra Constitución. 

Nuestro Rey por su papel en la reforma política y social y en el impulso cabezón de dotarnos de una democracia y una Constitución moderna que dentro de poco cumplirá nada menos que 34 años, aparte del papel en el frustrado golpe de estado,  que algún que otro tarado quiere ahora minusvalorar ; Adolfo Suárez como vertebrador y ejecutor de unos planes de acción imposibles y con una habilidad y estrategia fuera de lo común; Santiago Carrillo por su enorme figura de consenso y en saber renunciar en ideales y formas con el fin de apostar por la convivencia de todos los españoles; y Gutiérrez Mellado por su arrojo y valentía en momentos cumbres. 

Ojalá que ese impecable y excelente  espíritu de colaboración, consenso e impulso que impregnó esos años dificilísimos en la toma de decisiones donde todos eran conscientes de lo que nos jugábamos, estuviera entre nuestros políticos y representantes (a muchos se les olvida de dónde vienen, qué representan y a quienes representan y que no es  por mandato divino), aunque fuera un poco.
Nuestros políticos deberían, como castigo,  volver a las escuelas; y revisar y analizar con la precisión que requieren los acontecimientos esos años. Y extraer sus frutos, sin los cuales no hablaríamos, posiblemente, de la forma en la que y  como lo hacemos. 

Indigna sobremanera ver la pelea diaria e  infantil entre nuestros dos partidos mayoritarios en todas las instituciones. Ninguno sabe renunciar a estas confrontaciones de patio de guardería,  con el único objetivo de poder instalar en nuestra sociedad un modelo productivo efectivo y eficiente y salir de esta situación agobiante y desesperada para todos  los españoles.

Es denigrante verlos. Ya se lanzan videos y todo. Y no sólo los partidos mayoritarios. A veces dudo de que la televisión se haya inventado el siglo pasado; cuando oigo las propuestas y críticas  “sabias”  de Cayo Lara, creo que estoy viendo los noticiarios del siglo XII. 

Todos a una. Todos a propiciar el caos y el tú más y tú peor. Deberíamos expropiarlos y enviarlos en paquete de ida  hacia la Argentina de la Cristina y el Axel. 

Es increíble y desalentador. No puedo explicarme cómo el estado de bienestar y progreso del que tanto pavonean creyéndose los inventores del mismo y de la democracia,  ha transformado a estos políticos y hacerlos inválidos e ineptos para un simple ejercicio de renuncia a sus intereses personales en aras de un modelo de nación estable, y salir del pozo negro que nos han metido entre unos y otros. Unos por gastar lo que no teníamos y en políticas infumables que fueron el hazmerreír del mundo civilizado; y los otros por apostar por el “ahogamiento masivo” y no por el crecimiento y la innovación. 

Hace treinta y seis años se gestó el espíritu de la transición, que debería llevar el nombre de las mejores calles y avenidas de este país. Sería recomendable que volviera. Bueno…imprescindible.

lunes, 9 de abril de 2012

El 9.4.12 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios
Tengo una especie de sensación extraña en la que observo que no hacemos otra cosa desde hace tiempo, que huir hacia adelante sin rumbo fijo.

Y, que de alguna forma, seguimos primando la operatividad sobre la estructuralidad; en un país en donde todo el mundo tiene meridianamente claro que es el momento de fijar los pilares de un nuevo modelo productivo que nos de estabilidad y equilibrio, pero que en ningún caso hay en convencimiento claro, y lo que es más grave, voluntad inequívoca de que se haya de hacer así.

Queremos difundir el mensaje (y lo hacemos constantemente) de impulsar a nuestros jóvenes y al mundo empresarial y social hacia un espacio de creatividad de valor y de ideas; en hacer las cosas de una manera nueva, diferente o mejor. O en la iniciativa; en la capacidad para anticiparse a los problemas futuros o a los cambios en el entorno, buscando oportunidades de forma permanente adelantándose a los demás.

Pero no da resultado. Hablar de creatividad y de innovación en este país es una simple quimera, si luego nuestros Presupuestos recortan la partida de I+D+i, en un porcentaje descomunal. Es decir, difundimos un mensaje de cambio a todos los niveles, pero que no llevamos a la práctica. Y un país, una cultura que no cree en la innovación está condenado al más elemental de los fracasos.

Y uno se pregunta cuál es la razón de este sinsentido absurdo.

No me cabe ninguna duda de que debemos generar confianza en los mercados y en nuestros socios y reducir la abultada deuda producto de desaciertos descomunales en la política económica del Partido Socialista (creo que más les vale estar, al menos, callados y empujar del carro, entre otras razones porque son los únicos culpables de que nos veamos en la situación que estamos), y así, reducir los intereses en la mayor medida posible con el fin de poder utilizar esos recursos en políticas de crecimiento.

Pero si yo fuera el mercado, ¿invertiría mi capital en un país (o en una empresa a la que se puede trasladar perfectamente el mismo ejemplo) que lastrara las políticas de I+D+i, ocupándose tan sólo de reducir su potencial de crecimiento con el simple objeto de ajustar gastos e inversiones para pagar una deuda?, o ¿preferiría invertir mi dinero en aquellos países (o empresas) que tras una eliminación de los gastos innecesarios y ajustando otros gastos transformándolos en sostenibles, apostara de forma irreversible en la innovación y creatividad como fórmula básica de crecimiento a medio y largo plazo con el fin de asegurarme mi inversión, mi rentabilidad y mi seguridad?

Apostar por la innovación y la creatividad supone ser más competitivos; crecer de manera sostenible y generar más recursos que entre otras cosas, una parte de ellos se pueda dedicar a pagar la deuda. No hacerlo puede significar el ahogamiento de un país al no tener salida. Y el rescate, que no es sino lo que en definitiva buscan nuestros “socios”.

El error grave es pensar que son cosas incompatibles. No es cierto. Podemos reducir gastos superfluos y transformar otros, pero a su vez apostar por la innovación como pilar del crecimiento, que generen más recursos de todo tipo en todos los niveles de la población, y en la viabilidad del mismo país. Podemos construir una estructura de gastos macroeconómicos de forma sostenible que no sea una iniciativa para salir del apuro en corto plazo aprovechando el momento, con el fin de poder llegar a ser un país competitivo. Y eso no está reñido en ningún caso con la apuesta clara e inequívoca por la innovación.

No apostar por la innovación tiene unos daños colaterales inmensos aparte del aplastamiento del crecimiento de un país; es una pérdida de imagen, de calidad y de servicios inmensa. Y esto que acabo de describir lo tiene todo el mundo muy claro. Hasta nuestros socios alemanes y franceses y nórdicos; entre otras cosas, porque lo aplican ellos mismos desde hace muchísimos años. Y entonces por qué no se hace o cual es la razón de que no se nos permita aplicar el mismo modelo si a ellos les ha funcionado? Es un tema de cultura absolutamente nuestro? O hay otras razones, como que este país se pueda convertir en su granero de mano de obra y productos elementales sin más? El paga primero, y te perdonaremos la vida.

Es necesario cambiar la óptica de esta estrategia de aplastamiento del crecimiento. La creatividad y la innovación deben convertirse en los actores principales del éxito en la evolución de las empresas, y de nuestro país. Crear una cultura de innovación y de voluntad propias de nuestra identidad y de nuestra forma de ser debe llegar a ser el pilar principal de nuestro progreso económico y personal.

Cuando comprendamos toda su dimensión, saldremos de ésta.

miércoles, 29 de febrero de 2012

El 29.2.12 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios
Me trasladaban ayer un grupo de universitarios, en el transcurso de un debate, sus inquietudes acerca de la situación de coyuntura económica por la que atravesamos. En dicho foro, que se alargó mucho más de la cuenta, pude verificar por primera vez, que nuestros jóvenes están atravesando esa línea roja de pasotismo y pesadez que hasta ahora habían marcado su trayectoria en la mayoría de los casos, dejando que fueran otros los que marcaran el ritmo.

Es decir, hay una constatación muy real, y muy dinámica, de preocupación por el entorno en que habitan y voluntad en salir adelante, entre otras razones, porque su futuro está en juego y porque hay una constatación de que se han hecho muchas cosas de forma pésima. Y hay un hecho que también pude comprobar, y es que hay iniciativas, existen ideas valiosas y que la proporción de jóvenes que quieren ser empresarios y apostar por el riesgo y la creación de riqueza ha experimentado un aumento en un porcentaje muy considerable.

De las muchas conclusiones que pude extraer de este maravilloso debate en el que coexistían jóvenes de diferentes ideologías, hay una que me sorprendió gratamente; y es que todos coincidían en que la mejor vía para poder volver a la senda de crecimiento es la confianza en las posibilidades de uno mismo y en la del país en general.

Y es un tema que me viene preocupando bastante desde que se pusieron en marcha las reformas estructurales para sacar a este país del hondo pozo negro en que se encuentra. Ya que me imagino a una pléyade de asesores al costado de las personas que tienen ahora la dificilísima responsabilidad de sacarnos de este atolladero, discutiendo el cómo y el cuánto, realizando análisis de datos y escenarios y utilizando las herramientas idóneas de planificación en la toma de decisiones.

No voy a entrar en el porqué ni en los culpables, que los hay y graves, de la situación en que vivimos. Las dudas me vienen por otro extremo, y es saber si los españoles sabremos dar ese paso absolutamente necesario e imprescindible de cambio de modelo productivo, y absorber en buena medida todas estas reformas.

Es decir, la confianza en nosotros mismos y en no olvidar jamás que la riqueza y el crecimiento de un país dependen en gran parte de nuestra gestión personal y empresarial. Y me refiero a si seremos capaces de acompañar a ese cambio de estructura que se refleja en ese espejo al que todos deseamos y anhelamos de países de estabilidad, bienestar y fuerte empuje de crecimiento situados al norte.

Es el momento idóneo. Es el momento clave, en donde las decisiones que se han tomado y se vayan a tomar pueden ser nuestra punta de lanza hacia un estadio mejor, o bien pueden ser que aboquen en un modelo griego.

Necesitamos generar riqueza a través de un nuevo modelo que incentive la producción de bienes y servicios y con un mayor componente de innovación, investigación y desarrollo. Un nuevo modelo productivo que incentive a los emprendedores, y darles facilidades financieras para impulsar la producción y la creación de empleo con acceso a la financiación de sus proyectos. Y ya esto debe ser factible, una vez, que el saneamiento del sistema financiero está encauzado. Y se necesita ya.

Hay que controlar y adecuar el déficit público al nivel óptimo; pero hay que encontrar cuanto antes el equilibrio necesario para impulsar el crecimiento que precisamos. Subir más impuestos y ahogar más recortes a niveles insostenibles pueden no ser una medida adecuada, ya que provocará un hundimiento del consumo, menos ingresos públicos y más necesidad de acudir a financiación externa que cada vez será más cara y limitará aún más las posibilidades de inversión y por consiguiente, el crecimiento de este país.

Reformas estructurales todas las necesarias, porque las necesitamos. Controlar el déficit, también. Borrar de un plumazo todos los desmanes y desmadres de las administraciones, imprescindible, al igual que mandar a casa a aquellos políticos y no políticos que utilizan sus cargos para aprovecharse de ellos de manera infame.

Pero necesitamos crecer, y así derivará en un mayor empleo, un mayor consumo y más ingresos públicos para reducir el déficit y aumentar las inversiones.

Estamos preparados para asumir las reformas estructurales necesarias para llevar a cabo este proceso? O volveremos a las dos Españas?

La generación de confianza no depende sólo de los que nos administran; depende de nosotros mismos, de nuestra voluntad inequívoca en contribuir a ser mejor y dar ese salto cualitativo que nos falta.

jueves, 9 de febrero de 2012

El 9.2.12 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios
Tengo un amigo que posee una extraña percepción de la realidad, o al menos eso me parecía a mí hasta hace unos años. Es un tipo genial, de mirada ambigua, de éstos que cuando le hablas no sabes si te está escuchando o si ya está pensando en argumentarte sabiamente, y con toda naturalidad, lo que le vas a rebatir o compartir.

Me decía a tenor de lo que sucede a nuestro alrededor: “Rober: creo que debo ser de origen extraterrestre. No es normal lo que está pasando. ¿O es que no lo ves tú igual? La gente está loca o soy yo el que lo está. Las cosas no se pueden hacer así de esta manera; y cómo vamos a salir de ésta si…”. Etc, etc…

Eso mismo, cómo vamos a salir de ésta, si…?

Y en determinadas ocasiones pienso que tiene algo de razón. O mejor dicho, bastante. La sensación que a uno le produce observar cómo se están gestionando determinadas cosas, conlleva irremediablemente, a que en el fuero interno de la estructura de la razón y de la lógica humana se derive a aceptar, efectivamente, que sea lo inadecuado y lo absurdo lo que en definitiva se haya apoderado de nuestra manera de actuar.

Todo el mundo apuesta por la innovación y habla de ella sin tapujos y te dan recetas y reglas y conceptos que en algunos casos son impronunciables, olvidándose de lo esencial. Pero, en realidad, de qué innovación estamos hablando? Casi nadie lo sabe. La mayoría de empresarios miran al cielo de la apuesta de la innovación sin saber de qué se trata, e introduciéndose en una vía sin saber a dónde conduce ni lo que significa; y los nuevos emprendedores todavía menos, ya que suponen que la genial idea que brilla en sus mentes será los suficientemente válida para crear un imperio de riqueza monetaria.

Las recetas con sentido común para salir de la crisis no están en el limbo. Están aquí abajo. Y se sitúan, y eso parece no entenderlo nadie, en nuestra habilidad. Dependen en grandísima medida de nuestra capacidad de hacer bien las tareas de la gestión diaria en la responsabilidad empresarial, tanto para empresarios que no paran de quejarse por la falta de todo tipo de crédito, subvenciones y ayudas, como de los futuros empresarios que dicen que no tienen medios ni liquidez para la puesta en marcha, pero que no saben lo que es un Plan de Negocio, y menos la utilidad que tiene.

No miremos siempre qué medidas van a tomar nuestros gobernantes para sacarnos de ésta. Es importante, sí. Pero no es todo. Mirémonos hacia nuestra forma de proceder, y lo más esencial, a nuestra forma de gestionar nuestra organización tanto la presente como la futura para salir hacia delante, y de igual forma en colaborar y contribuir de manera inequívoca en dar los pasos necesarios para un país mejor.

Y reitero. De nada servirá apostar por la innovación, el fomento del emprendedurismo, las mejores técnicas organizativas, las planificaciones con métodos aritméticos, etc., si luego en nuestra empresa u organización del tipo que sea no sabemos gestionar de manera sencilla y práctica el fundamento de la gestión empresarial, que dependen no de la Administración, si no de nuestra capacidad y voluntad. Hacer mal esas cosas conlleva de manera fulminante a contribuir de una manera enorme y absurda a que este país no prospere de manera efectiva y eficiente.

Y me refiero a esas empresas u organizaciones que lamentablemente existen en un porcentaje desolador, y que se basan en la improvisación total; a que no poseen la mínima información básica para la toma de decisiones en todos sus departamentos desde el contable que llevan retrasos de meses en la puesta al día por falta de tiempo , la gestión de stock, los cobros… pero que siguen adquiriendo complejísimos programas informáticos de gestión que no alimentan porque no tienen esos mismos datos al día; a las empresas que han olvidado que existen unos valores fundamentales en su interior para el desarrollo personal y externo; a las que les falta tiempo para la creatividad ; a las que no son flexibles y carecen de los mecanismos para la adaptación de sus estructuras en un mundo tan cambiante; las que no tienen siquiera organización; a las que el capítulo de la reducción de costes de manera estructural y no coyuntural lo basan en la eliminación del talento y no en otros elementos; a las que no les dan importancia a la gestión de la tesorería como prioridad para anticiparse a los posibles problemas de liquidez y evitar problemas mayores, y en la mayoría de ocasiones irremediables; en las que creen que la internacionalización no es más que un viaje en avión a países que no se saben ni de dónde están en el mapa; las que no controlan; las que las nuevas tecnologías creen que se refieren a video juegos para sus hijos; etc…

Podría seguir. No es ninguna broma pesada.

Y es la cruda realidad. E innovar significa de igual forma, hacer que este numerosísimo grupo de empresas que coexisten y habitan en este país, pongan al día sus estructuras, de esta manera tan sencilla y práctica.

A partir de eso, se alcanzarán metas más complejas. Es como imaginarse comprarse cualquier instrumento electrónico, en donde la carcasa es de ultimísima generación, pero que su interior estuviera completamente vacío. Por más que intentemos hacerla funcionar, jamás se logrará. Y eso podemos trasladarlo sin ningún complejo a lo que está sucediendo en España. Es nuestro mayor problema.

Empecemos por nosotros mismos. Es fácil. Es sencillo. Pero hagámoslo.
Esto es innovar y de qué modo. Es lamentable pero es así. Mientras no se realice, Alemania nos seguirá llevando no veinticinco años de adelanto; sino años luz.

Y serán los alienígenas los que tendrán que venir a rescatarnos.