lunes, 23 de abril de 2012

El 23.4.12 por Roberto MARTÍNEZ en ,    Sin comentarios
Siempre debemos extraer de alguna forma positiva,  que,  acontecimientos presentes y lamentables nos puedan hacer valorar, y por qué no comparar, situaciones pasadas.  Una pequeña memoria histórica. Las “cacerías” de todo tipo y condición que se están produciendo actualmente en todos los ámbitos,  son consecuencia del olvido interesado de una clase política que no está a la altura mínima requerida de la esperpéntica y complicada situación en la que andamos metidos. Además,  por culpa de ellos, y para más gravedad con ese juego de balones fuera y justificaciones a lo injustificable. 

Y siempre he tenido de una forma muy nítida un hecho esencial; que las cuatro personas más importantes en toda la historia moderna  de España por múltiples razones y por las circunstancias tan especiales en que nos desenvolvíamos, han sido y serán: nuestro Rey Juan Carlos, Adolfo Suárez, Santiago Carrillo y Gutiérrez Mellado. Es posible que también, y  con algunos matices, Gabriel Cisneros y Peces Barba, ambos,  por su papel en la elaboración y mediación (factor fundamental éste) de nuestra Constitución. 

Nuestro Rey por su papel en la reforma política y social y en el impulso cabezón de dotarnos de una democracia y una Constitución moderna que dentro de poco cumplirá nada menos que 34 años, aparte del papel en el frustrado golpe de estado,  que algún que otro tarado quiere ahora minusvalorar ; Adolfo Suárez como vertebrador y ejecutor de unos planes de acción imposibles y con una habilidad y estrategia fuera de lo común; Santiago Carrillo por su enorme figura de consenso y en saber renunciar en ideales y formas con el fin de apostar por la convivencia de todos los españoles; y Gutiérrez Mellado por su arrojo y valentía en momentos cumbres. 

Ojalá que ese impecable y excelente  espíritu de colaboración, consenso e impulso que impregnó esos años dificilísimos en la toma de decisiones donde todos eran conscientes de lo que nos jugábamos, estuviera entre nuestros políticos y representantes (a muchos se les olvida de dónde vienen, qué representan y a quienes representan y que no es  por mandato divino), aunque fuera un poco.
Nuestros políticos deberían, como castigo,  volver a las escuelas; y revisar y analizar con la precisión que requieren los acontecimientos esos años. Y extraer sus frutos, sin los cuales no hablaríamos, posiblemente, de la forma en la que y  como lo hacemos. 

Indigna sobremanera ver la pelea diaria e  infantil entre nuestros dos partidos mayoritarios en todas las instituciones. Ninguno sabe renunciar a estas confrontaciones de patio de guardería,  con el único objetivo de poder instalar en nuestra sociedad un modelo productivo efectivo y eficiente y salir de esta situación agobiante y desesperada para todos  los españoles.

Es denigrante verlos. Ya se lanzan videos y todo. Y no sólo los partidos mayoritarios. A veces dudo de que la televisión se haya inventado el siglo pasado; cuando oigo las propuestas y críticas  “sabias”  de Cayo Lara, creo que estoy viendo los noticiarios del siglo XII. 

Todos a una. Todos a propiciar el caos y el tú más y tú peor. Deberíamos expropiarlos y enviarlos en paquete de ida  hacia la Argentina de la Cristina y el Axel. 

Es increíble y desalentador. No puedo explicarme cómo el estado de bienestar y progreso del que tanto pavonean creyéndose los inventores del mismo y de la democracia,  ha transformado a estos políticos y hacerlos inválidos e ineptos para un simple ejercicio de renuncia a sus intereses personales en aras de un modelo de nación estable, y salir del pozo negro que nos han metido entre unos y otros. Unos por gastar lo que no teníamos y en políticas infumables que fueron el hazmerreír del mundo civilizado; y los otros por apostar por el “ahogamiento masivo” y no por el crecimiento y la innovación. 

Hace treinta y seis años se gestó el espíritu de la transición, que debería llevar el nombre de las mejores calles y avenidas de este país. Sería recomendable que volviera. Bueno…imprescindible.

lunes, 9 de abril de 2012

El 9.4.12 por Roberto MARTÍNEZ en    Sin comentarios
Tengo una especie de sensación extraña en la que observo que no hacemos otra cosa desde hace tiempo, que huir hacia adelante sin rumbo fijo.

Y, que de alguna forma, seguimos primando la operatividad sobre la estructuralidad; en un país en donde todo el mundo tiene meridianamente claro que es el momento de fijar los pilares de un nuevo modelo productivo que nos de estabilidad y equilibrio, pero que en ningún caso hay en convencimiento claro, y lo que es más grave, voluntad inequívoca de que se haya de hacer así.

Queremos difundir el mensaje (y lo hacemos constantemente) de impulsar a nuestros jóvenes y al mundo empresarial y social hacia un espacio de creatividad de valor y de ideas; en hacer las cosas de una manera nueva, diferente o mejor. O en la iniciativa; en la capacidad para anticiparse a los problemas futuros o a los cambios en el entorno, buscando oportunidades de forma permanente adelantándose a los demás.

Pero no da resultado. Hablar de creatividad y de innovación en este país es una simple quimera, si luego nuestros Presupuestos recortan la partida de I+D+i, en un porcentaje descomunal. Es decir, difundimos un mensaje de cambio a todos los niveles, pero que no llevamos a la práctica. Y un país, una cultura que no cree en la innovación está condenado al más elemental de los fracasos.

Y uno se pregunta cuál es la razón de este sinsentido absurdo.

No me cabe ninguna duda de que debemos generar confianza en los mercados y en nuestros socios y reducir la abultada deuda producto de desaciertos descomunales en la política económica del Partido Socialista (creo que más les vale estar, al menos, callados y empujar del carro, entre otras razones porque son los únicos culpables de que nos veamos en la situación que estamos), y así, reducir los intereses en la mayor medida posible con el fin de poder utilizar esos recursos en políticas de crecimiento.

Pero si yo fuera el mercado, ¿invertiría mi capital en un país (o en una empresa a la que se puede trasladar perfectamente el mismo ejemplo) que lastrara las políticas de I+D+i, ocupándose tan sólo de reducir su potencial de crecimiento con el simple objeto de ajustar gastos e inversiones para pagar una deuda?, o ¿preferiría invertir mi dinero en aquellos países (o empresas) que tras una eliminación de los gastos innecesarios y ajustando otros gastos transformándolos en sostenibles, apostara de forma irreversible en la innovación y creatividad como fórmula básica de crecimiento a medio y largo plazo con el fin de asegurarme mi inversión, mi rentabilidad y mi seguridad?

Apostar por la innovación y la creatividad supone ser más competitivos; crecer de manera sostenible y generar más recursos que entre otras cosas, una parte de ellos se pueda dedicar a pagar la deuda. No hacerlo puede significar el ahogamiento de un país al no tener salida. Y el rescate, que no es sino lo que en definitiva buscan nuestros “socios”.

El error grave es pensar que son cosas incompatibles. No es cierto. Podemos reducir gastos superfluos y transformar otros, pero a su vez apostar por la innovación como pilar del crecimiento, que generen más recursos de todo tipo en todos los niveles de la población, y en la viabilidad del mismo país. Podemos construir una estructura de gastos macroeconómicos de forma sostenible que no sea una iniciativa para salir del apuro en corto plazo aprovechando el momento, con el fin de poder llegar a ser un país competitivo. Y eso no está reñido en ningún caso con la apuesta clara e inequívoca por la innovación.

No apostar por la innovación tiene unos daños colaterales inmensos aparte del aplastamiento del crecimiento de un país; es una pérdida de imagen, de calidad y de servicios inmensa. Y esto que acabo de describir lo tiene todo el mundo muy claro. Hasta nuestros socios alemanes y franceses y nórdicos; entre otras cosas, porque lo aplican ellos mismos desde hace muchísimos años. Y entonces por qué no se hace o cual es la razón de que no se nos permita aplicar el mismo modelo si a ellos les ha funcionado? Es un tema de cultura absolutamente nuestro? O hay otras razones, como que este país se pueda convertir en su granero de mano de obra y productos elementales sin más? El paga primero, y te perdonaremos la vida.

Es necesario cambiar la óptica de esta estrategia de aplastamiento del crecimiento. La creatividad y la innovación deben convertirse en los actores principales del éxito en la evolución de las empresas, y de nuestro país. Crear una cultura de innovación y de voluntad propias de nuestra identidad y de nuestra forma de ser debe llegar a ser el pilar principal de nuestro progreso económico y personal.

Cuando comprendamos toda su dimensión, saldremos de ésta.