domingo, 28 de octubre de 2012

El 28.10.12 por Roberto MARTÍNEZ en , , , ,    Sin comentarios

Y no puedo evitar sonrojarme.  No son capaces de  percatarse  todos estos manirrotos, con un mínimo de decencia,  de que estamos haciendo el auténtico panoli, y somos el hazmerreir  en público y en privado, de todo el mundo. Y no sólo eso, sino que tenemos la desfachatez de encabronamos cuando en Estados Unidos, Alemania, Francia, Europa entera,  y la misma Sudamérica, nos ponen como ejemplo de lo que no hay que hacer nunca en la forma tan desastrosa en que hemos gestionado esta pesadilla de crisis y en esos errores tremendos y garrafales de estructurar coyunturalmente nuestro modelo productivo. 

Es increíble. Bochornoso. 

La carta (de chiste de Gila)  de estos eurodiputados catalanes denunciando y anticipando la entrada de las hordas castellanas en la Rambla de Barcelona y sus F18 sobrevolando el espectro catalán, con sus defensores de la misma  misiva incluido, ha sido motivo de auténtico descojono general en todos los ambientes diplomáticos, económicos y políticos de toda Europa, y creo que de los habitantes de nuestro planeta vecino de Saturno también. 

Quién va a confiar en el futuro de este país allende nuestras fronteras? Qué inversor va a apostar en España, si nosotros no confiamos en nosotros mismos?  Si no somos capaces de arreglar nuestros problemas y nuestras desavenencias, y apostamos por la ruptura territorial y social como mejor fórmula para salir de la crisis. Qué o quiénes van a ser esos valientes?

Así nos va. La pescadilla española.  Estado que emite deuda, que la adquieren las entidades financieras, y que luego recurren de nuevo al Estado para que la rescaten. Y mientras la gente no puede pagar, la morosidad alcanza niveles de auténtico escándalo, y se propician desahucios sangrantes y criminales. Sin contar la falta de crédito, que no existe porque se la devoran unos y otros. 

Emprendedores sin posibilidad de recursos para crear riqueza y empleo; empresas que no pueden financiarse y salvarse de la quiebra o mismamente atisbar un plan de crecimiento; la innovación y la investigación a niveles ínfimos; y sobre todo, impulsando medidas de austeridad asfixiante sin que, prácticamente nadie, advierta que la sobreausteridad no puede generar recursos para crecer, y que sin éstos recursos llegará un momento en que no se pueda atender los pagos y las obligaciones…y la pescadilla se dará tal bocado en sus partes que no habrá quien la pueda devolverle a la vida. 

Huelgas generales en el peor momento,  corrupción por doquier sin que nadie vaya a la cárcel, , y hasta tenemos que realizar una Auditoría (¿???) de nuestro modelo de estado territorial y competencial y de nuestro país entero para demostrarle a no sé quien que ya sabíamos lo que no funciona, pero que no hemos tenido bemoles para corregirlo o modificarlo. 

Encima,  le dedicamos comentarios y páginas enteras de absurdas réplicas a esa carta infame de cuatro eurodiputados catalanes y todo lo que conlleva la demencia y la manipulación del nacionalismo rancio que no es sino, la mirada obligada hacia su propia cobardía interna de no poder resolver los problemas que ellos mismos han generado. 

Hay quien se permite incluso criticar el espíritu de la transición cuando alguien lo pone como ejemplo de poder retomar la senda del crecimiento,  la concordia, la razón y las formas; pero lo hace desde el más analfabetismo pueril conocido bien porque no tiene la más mínima idea de lo que significó y lo que ocurrió en esa etapa de nuestra historia, o bien porque sabiéndolo, añora esa época de acuerdos imposibles en momentos muy críticos, hecho éste impensable con los actores políticos y sociales que acampan en nuestras vidas. 

De locura. De paranoia frustrante. Este barco lo botamos nosotros. Y tenemos que sacarlo del pantano cuanto antes. Podemos, siempre y cuando, nos lo propongamos y resolvamos nuestras diferencias en forma de cohesión social  y acuerdos estructurales que sienten unas bases sólidas de crecimiento, desde la infinita riqueza que es nuestra diversidad que para muchos la quisieran.

No están. Se embarcaron en un viaje que creyeron pulcro, pero desconociendo que bajo sus mismos dedos de sus pies, se estaba fraguando un pantano de lodos que tarde o temprano atraparía sin retorno al más bello sueño de la  persona humana, que no es sino la esperanza de una armonía sencilla de bienestar y desarrollo en el devenir de su vida. 

Y nos permitimos criticar a los que nos van a prestar un dinero y los que nos están intentando dar unos consejos y unas condiciones para no hundirnos de una manera irreversible en el pelotón de los países del quinto mundo, y el riesgo de llevarles a un desastre catastrófico a ellos también.



jueves, 4 de octubre de 2012

El 4.10.12 por Roberto MARTÍNEZ en , , ,    1 comentario
Creo que todos somos muy conscientes del terrible escenario de complejidad,  incertidumbre y con ese  denominador común  que es la velocidad de los cambios que se producen en todos los ámbitos, cada día  más  acelerados,  por el que transitamos. 

Es por ello,  absolutamente imprescindible, y más que nunca, realizar las cosas con un orden lógico, racional y una excelencia en cualquier acción a emprender en todo lo concerniente al mundo de la actividad empresarial. Y en concreto, en su planificación. 
 
Planificar permite gestionar y adaptar los recursos que se tienen y controlar a qué se destinan. Y en la mayoría de ocasiones en tiempos de crisis, planificar adecuadamente significa hacer más de lo posible con menos de lo que en principio se pudiera necesitar. 

Este no es una artículo dirigido exclusivamente a emprendedores, aunque sí principalmente; es también un serio toque de atención para las empresas u organizaciones de cualquier tipo y género,  en la mayoría de casos con graves problemas de gestión, y  con el único fin o utilidad de que pueda servir para corregir el núcleo operativo y estructural en su proyecto o actividad empresarial. 

Lo que a veo a diario es bastante preocupante. En vez de ir a mejor, es al contrario, ya que contagiarnos del pesimismo,  de las prisas y  los agobios del entorno  conduce a nada. 

Considerables Planes de Empresa o de Negocio pasan por mi mano para su análisis y puesta en marcha en los últimos tiempos, ya que existe cada vez más una actividad frenética de personas que quieren o pretenden iniciar una andadura empresarial o están en los estados iniciales de afrontar los mercados. Algunos de ellos por necesidad y otros por vocación emprendedora  con altas dosis de creatividad.  Y muchísimos con un enorme potencial. 

Otros, en la mayoría de casos a los que me refiero, Proyectos ya iniciados y con una planificación o  Plan de Negocio inexistente o muy pobre, y  en donde se comienzan a vislumbrar verdaderos problemas de viabilidad ya que la gestión, verdadero núcleo de cualquier Proyecto,  es un compartimiento inexistente, olvidado en un oscuro rincón. En el fondo, es la razón por la que acuden a nosotros para analizar la posibilidad de encauzarlos. 

Pero,  lamentablemente, en algunos casos es muy tarde. Emprender hoy un negocio, aún en la difícil coyuntura económica por la que atravesamos, es menos complicado que gestionarlo. Y es,  en donde se quiebra un modelo de negocio;  en la gestión deficiente e ineficiente.   

La raíz de todo este fracaso empresarial se sitúa en la falta de planificación. Se improvisa en exceso;  y tener que improvisar es la muerte anunciada para cualquier Proyecto. Hoy en día todavía más, por la velocidad de los cambios que se producen en todos los escenarios. 

Lo alarmante es el  indudable desconocimiento en la utilidad de un Plan de Negocio;   la ignorancia en saber que existe un  altísimo porcentaje de  garantía en la  viabilidad de cualquier tipo de Proyecto si se afronta con un buen Plan de Negocio; pero también en no estructurar su indiscutible importancia a la hora de configurarlos y en su metodología;   su significado, y que en ningún caso, debería servir como mero documento de marketing que se guarda en el cajón del despacho o como trámite simplemente administrativo. 

La mayoría de los fracasos de proyectos emprendedores ya iniciados tienen su verdadera causa en esa infrautilización de este documento de vital importancia como es el Plan de Empresa o Negocio. Y voy más allá, la mayor parte de los cierres de empresas consolidadas son debidos a la falta de planificación en todas las áreas de la empresa. 

Un Proyecto, jamás se debe iniciar si no se tiene estructurado un buen Plan de Negocio. Éste, puede salvar una idea poco brillante, pero nunca al contrario. 

Como ya he comentado anteriormente, un Plan de Negocio, debe ser un documento imprescindible en la planificación, análisis, gestión y control de cualquier tipo de Proyecto, sea o no emprendedor. 

Es vital, de igual medida, para cualquier proyecto de reestructuración, de diversificación, de lanzamientos de nuevos productos o servicios, de internacionalización, etc., y que aparte de describir y analizar una oportunidad de negocio, examine su viabilidad técnica, económica y financiera, además de  desarrollar y conjugar de manera ordenada todos los procedimientos, estrategias y controles necesarios para llevar a efecto con éxito cualquier proyecto.
La mayoría de los emprendedores se centran erróneamente en vender su idea, pero lo que desconocen es que la clave no está en la idea misma, sino en el modelo de negocio  que el Plan de Negocio o Empresa va resolver, y lo que es más importante: ejecutar. 
Se centran más en su utilización externa, y no es así. Y, en la mayoría de ocasiones, por mero trámite.

Anticipación y flexibilidad: dos claves de garantía en un mundo en que lo único permanente es el cambio continuo. Y ahí reside el carácter de un Plan de Negocio: su dinamismo,  que lo hace ser configurado como una guía estratégica en evolutiva revisión y adaptación. Esta es la clave.  

Un buen Plan de Negocio va a permitir controlar y gestionar diariamente cualquier tipo de proyecto; ya que la falta de gestión o el inadecuado control son los verdaderos lastres en las organizaciones en la actualidad. A veces, inexplicablemente.

No me olvido de otras utilidades, pero que obviamente forman parte inequívoca de la excelencia de un Plan de Negocio, como es la de la de servir como tarjeta de presentación ante inversores institucionales o privados, organismos públicos, entidades financieras, etc. O, lógicamente, para descartar la viabilidad de cualquier tipo de Proyecto. Pero en ningún caso olvidar que la verdadera esencia de un Plan de Negocio, es la de servir de herramienta interna de evaluación y control. 

Es un documento vital, y estratégico. Es esencial que sea veraz, real y profesional. Es un documento que debe irradiar confianza a todo el equipo, promotor o no y en cualquier ámbito en que se presente. 

Y por supuesto, huir de adaptar tu modelo de negocio a cualquier buen plan de negocios estándar o tradicional ya que puede llevarte al fracaso. Cada Proyecto requiere su propio Plan de Negocios personalizado, con los matices propios de cada uno de los apartados del mismo modelo de negocio, además de  los propios del sector y sus características. 

He visto Planes de Negocio, encajados a la fuerza en esos modelos estándar que no tienen ningún sentido y en donde el modelo de negocio que se plantea está difuminado o perdido.