lunes, 30 de septiembre de 2013

El principal problema de un proyecto, no es encontrar financiación, sino la forma de gestionar el mismo. Los buenos proyectos excelentemente planificados y gestionados,  siempre tienen dinero a su alcance. Lo difícil es gestionarlo. Es por ello, que los inversores siempre buscan primerísimos equipos tanto técnicos como gestores, como la mejor de sus garantías a la hora de apostar por el mismo. 

A mi entender, un buen emprendedor conjunta tres perfiles: es el innovador que tiene la idea, es el que la convierte en realidad, y es el que gestiona el modelo de negocio con la excelencia como filosofía de vida.

Se suele afirmar que la creación de toda empresa, impulsa el crecimiento económico y el bienestar social. Pero, no es cierto del todo.

Mirando atrás, se puede comprobar la gran cantidad de empresas improductivas, ineficientes o con modelos de crecimiento inadecuados, incluso en épocas de expansión, y agudizándose todavía más con la crisis,  mostrado la cruel realidad de que no todas las empresas impulsan el crecimiento. En conclusión, están pésimamente gestionadas. 

Y lo comprobamos día a día observando cómo todavía existen compañías que se siguen gestionando con estructuras y herramientas del siglo pasado. 

Más que nunca, es esencial insistir, como prioridad,  en que se deben corregir ciertos modelos de gestión y comportamientos totalmente obsoletos con el fin de adaptarse a la nueva situación. La principal causa de la desaparición de muchas empresas no está tan sólo en la falta de financiación, sino en la pésima gestión de las mismas. 

Una situación de cambio necesaria en muchas pymes. Un cambio que empieza en nosotros mismos. (“Lo único constante es el cambio.”Heráclito.)

Hay que eliminar lo ilógico, lo irracional, lo innecesario, lo banal, en definitiva todo lo que no aporta valor, eliminando sus costes y aumentando en definitiva la eficacia y la eficiencia.

Es por ello,  hoy en día, y como factor imprescindible y de garantía de éxito,  el tener la cultura de la calidad, de la excelencia,  como filosofía metida en el ADN de la empresa.

A mi modo de entender, la excelencia, se basa en nueve conceptos básicos (hay autores que lo cifran entre ocho y doce) : planificación estratégica, liderazgo, desarrollo e implicación de las personas, gestión por procesos, innovación, orientación al cliente, desarrollo de alianzas, responsabilidad social de la organización y orientación a resultados.

La excelencia permite una mejora de resultados, de márgenes, de ingresos, del clima laboral, de la rentabilidad, de la competitividad, de la creatividad, de la misma innovación, y sobre todo de imagen. 

La excelencia no es sino la dinámica de mejora continua. Es el conjunto  de prácticas sobresalientes en la gestión de una organización y  su ulterior  logro de resultados. 

Ya no es suficiente lograr la máxima calidad en el producto y servicio prestado; el reto es conseguirlo con la máxima rentabilidad y eficacia. 

Y es también:  mirada larga y paso corto; hacer más con menos; apostar inequívocamente por la formación de los trabajadores; apostar por la gestión del talento; buscar otros caminos alternativos de financiación no bancaria; perder el miedo al exterior, potenciar la imagen y la comunicación de la empresa.

Hay que practicar más la excelencia empresarial.

Si queremos conseguir un resultado excelente de la gestión, debemos practicar hasta que se convierta en un hábito.