domingo, 10 de noviembre de 2013

El 10.11.13 por Roberto MARTÍNEZ en , , , , ,    Sin comentarios
Al calor de los emprendedores y su mundo colateral, está surgiendo un globo dinámico donde late cada vez con más estruendo el riesgo de reinventarse hacia un castillo de artificios hueco e inútil. Lo más inquietante es que la oportunidad que se nos presenta a todos, emprendedores incluidos, se quede en la más absoluta nada y pase de largo otro barco cargado de ilusiones en la creación de un modelo sostenible. 

El reto no es recuperar el crecimiento, sino en transformarlo en una senda estructural y sostenible.

Algunos jóvenes, y no tan jóvenes, acuden al abrigo de algo que han oído que se denomina emprendedurismo, como si de un anuncio del último videojuego que ha salido al mercado o como en otros casos, sea la llamada de unas hordas de una moda pasajera e inocua. 

Y emprender, o iniciar un proyecto empresarial, es algo muy serio, eminentemente práctico, apoyado en la simplicidad e impregnado en algo valiosísimo denominado gestión, y que es, en definitiva el factor clave a la hora de emprender con absoluto éxito. 

Ni cientos de millones de recursos económicos servirían de nada, si luego la gestión no se cuida, ni se ejerce de forma excelente. Y ejemplos en el espectro privado y público, hay a cientos. El acceso al crédito no da garantía de éxito. La gestión impecable, sí. 

El emprendedor, por si alguno no lo sabe, existe desde hace cientos de siglos. Algunos gurús, que jamás han emprendido nada ni han sufrido las entrañas de lo que es una empresa, hablan de emprendedurismo como de un sistema que lo hubieran inventado ellos mismos, con una gran carga pesadísima de mensajes brillantes pero inertes y enorme ruido de humo espeso, mostrándose a la sociedad como esos políticos mediocres que nos quieren enseñar qué es la democracia, y no saben que ya la patentaron los clásicos griegos también hace muchísimas decenas de años. 

Algunas de estas charlas o mensajes son excelentes para inyectarse adrenalina, eso sí. Pero hay algo más. Muchísimo más. 

El emprendedor surge al flujo de una idea y sobre todo una oportunidad, y que pone en marcha un negocio o una empresa basado en un modelo que requiere equipo, dedicación, planificación y gestión; muchísima y excelente gestión basada en la excelencia en todos los ámbitos. Ese es el mejor camino al éxito

El emprendedor que no cuida la gestión, no tiene nada que hacer. Y esto que parece tan obvio, es el gran descuido en el que diariamente caen los que se adentran en este entramado mundo de la empresa con resultados funestos. 

Está bien que se enseñen metodologías de impulso y magia, talleres de todo tipo en motivación, optimismo, ilusión, belleza, gestión de conflictos,  el color del brillo de la luna como indicador de emprender, etc. No estoy en contra. Al contrario, todo suma, aunque sea friki. Pero a veces, eso llega muy tarde. 

La labor de crear emprendedores debe iniciarse en la escuela, como asignatura curricular en el sistema docente tanto en conocimiento como en habilidades; en la Universidad acercando la práctica y el conocimiento a la realidad del mundo empresarial; pero también la sociedad, y la familia que tienen su papel esencial.
Como decía anteriormente, la idea es construir y consolidar un modelo de crecimiento sostenible. 

Y estoy harto de ver muchas iniciativas empresariales que se hunden en su primer año, incluso antes, porque se ha puesto en marcha sin cuidar los valores de la gestión empresarial. 

Hay personas que creen que emprender es un juego y algo muy divertido y espontáneo. Por tanto, ese empleo efímero que se crea, al calor de ese emprendedurismo improvisado, y que tanto necesitamos trae como consecuencia una destrucción todavía mayor por su carácter provisional y por la amplitud en todos los ámbitos a los que alcanza. 

Necesitamos crear empleo y confianza; crear riqueza empresarial, basada todo ello en existencia de unos valores de gestión que permitan un crecimiento duradero y sostenible y no tener que volver a caer en este caos.
Las empresas que han sido muy bien gestionadas, son las que mejor han aguantado la presión de la crisis, y por encima de todo, las mejor posicionadas en el futuro. 

Esa es la lección y la enseñanza en la que debemos hacer hincapié. El mejor valor. La mejor gestión; la dinámica de mejora continua.