miércoles, 11 de diciembre de 2013

El 11.12.13 por Roberto MARTÍNEZ en , , , , , ,    1 comentario
La vida es magia. Incluso para toda una colosal cantidad de gente que realmente lo está pasando mal. Su chistera permanece impasible,  hueca e inerme; incluso en algunos casos sin fondo visible. 

Pero, de forma increíble, son capaces de introducir su mano amable y extraer la más cálida de sus sonrisas y una fuerza ilimitada para ayudar al impulso, no sólo de ellos mismos, sino la de los demás. Su motor es su inmenso corazón, y su recompensa la felicidad de los demás. 

Nos muestran, casi de forma académica,  que la vida en sí mismo, es magia. Son capaces de extraer siempre de su chistera soluciones imposibles  a esas dificultades que cohabitan en el entorno, mezcladas a  las que nos creamos nosotros mismos sin necesidad.  A veces no se esperan, pero siempre llegan. 

No existen suficientes líneas para expresar la gratitud y el debido reconocimiento que estas personas se merecen.  Es por ellos, que reconforta comprobar día a día el nivel de solidaridad de este país y que tiene su inmediata causa en el comportamiento de este tipo de personas que saben transformar y ejemplarizar las oportunidades que nos da la vida en funciones mágicas de ilusión y motivación. Son seres excepcionales. Y eso es un grandísimo canto a la esperanza de un futuro mejor. 

Es loable comprobar, a través de sus enseñanzas,  que de la chistera de la vida surge ese hilo conductor que permite sobrevivir  y perdurar al ser humano en aquello que posee una maravillosa carga de conocimiento, y mejora continua en el tiempo. 

Esa magia, en determinadas ocasiones, que se transforma en valor para emprender ese camino difícil que nos atisba el faro de la vida, y aprender de los errores o de las razones del fracaso para reaccionar a ellos y revertirlos en éxito. 

Nada es fácil. Pero, la magia está siempre ahí. Es una lucha diaria por dar la mejor versión de uno mismo y de afrontar los cambios necesarios en el menor tiempo posible, además
continuamente. 

No está nunca de más, elogiar y rendir tributo a la magia de quienes transforman su obra de esperanza y la trascienden más allá de su persona, y crean un valor inestimable para la sociedad. 

Más allá de la esperanza y que siempre lo mejor está por venir.

Va por ell@s.