jueves, 11 de diciembre de 2014

El 11.12.14 por Roberto MARTÍNEZ en , , , , ,    1 comentario

La semana pasada tuve la ocasión de compartir con un grupo nutrido de empresarios al hilo de una Jornada que impartí sobre la capacidad de innovación de las organizaciones, sus inquietudes y preocupaciones en esta materia que asumen como imprescindible, pero que todavía,  y lamentablemente,  siguen viendo como algo,  que erróneamente, piensan que no está a su alcance.  

Y lo está. Claro que sí. Esa transformación de conocimiento y experiencia en valor añadido que es la innovación, no es tan sólo de sofisticados departamentos de I+D, o productos muy avanzados tecnológicamente, sino de aspectos tan primarios y a la vez tan importantes, como la gestión de la propia empresa, del mismo modelo de negocio, de organización, de motivación y formación del mejor activo de una empresa como son las personas, de la actitud intraemprendedora, del diseño y desarrollo de productos y servicios, de la calidad, del servicio post venta, de la comunicación, de las estrategias de comercialización, de las alianzas estratégicas incluso con sus propios competidores, de la internacionalización, e incluso de la misma capacidad de financiación de la empresa. Y en todos estos aspectos, se puede y se debe innovar, y por tanto desterrar ese mito de que la innovación es cara. La solución está en nuestra propia casa. 

Ese rodar tan veloz e imparable de las reglas del juego de la competitividad y del mercado inexorables, los tiene asumidos en la cueva del temor empresarial y de la improvisación, al asociar la innovación con la necesidad de obtener grandes recursos económicos y financieros de los que no pueden disponer. Y ahí está uno de los grandes errores. Para innovar no hace falta grandes dispendios económicos, sino voluntad y compromiso.

Y tampoco esconde el  éxito de la innovación, en la mayoría de las ocasiones, la de un golpe genuino de suerte o iluminación, o una idea genial. Detrás de la innovación, hay mucho análisis, experiencia (que la poseen a raudales), interacción con los clientes, testeo, trabajo en equipo y colaboración. 

Las acciones de fomento, por tanto, de casi nada sirven ya que deben primero cambiar la mentalidad de un patrón cultural lento donde la creatividad y la innovación tienen que abrirse paso como actores principales de éxito en la evolución de cualquier empresa.

Es una tarea complicada. Pero no irreversible. La creatividad debe ser un patrón cultural de las empresas y así incorporar el espíritu innovador al cromosoma cultural y de gestión de toda la organización. De esta forma, la capacidad de las empresas para esa adaptarse (y corregirse) a la imparable velocidad de los nuevos mercados y de la ingente cantidad de retos y oportunidades implicará sin temor a error, a una apuesta sin fisuras a un modelo de crecimiento sostenible que desemboque en la generación de riqueza tanto a nivel local como regional.  Y para las empresas en un incremento de su cifra de negocio, en la mejora de la productividad y el aumento de márgenes y resultados. 

Además estos empresarios que quieren reinventarse poseen ya de inicio una ventaja diferenciadora sobre los que emprenden de cero, y es que pueden construir sobre el presente y el pasado todo el conocimiento que han ido acumulando a lo largo del tiempo. Y, precisamente, la innovación es una herramienta para esa reinvención esencial. 

Tienen que repensar el momento. Y convencerse que la innovación no es un feudo de especialistas tecnológicos, sino de los directivos y profesionales de su misma organización donde todos pueden aportar y diseñar ideas en operatividad y en nuevos modelos de negocio, productos o servicios que comercializar y llevar al mercado.

Y por supuesto, convencerse de que la información y los flujos generadores de ideas están al alcance de nuestra mano; es un flujo horizontal y que no está en el poder de unos pocos como antaño.

martes, 25 de noviembre de 2014

Tengo la sensación que las nuevas tecnologías están produciendo en el contenido del ser humano una modalidad de vacío absoluto como cuando se viaja en un tren veloz a través de una noche oscura y sin luna y se intenta vislumbrar por las mugres ventanillas un bellísimo paisaje que se sabe que existe y es puro verde de alegría pero que no se puede percibir. El viaje se torna decepción. 

La emoción se torna inexorablemente en profunda impotencia, y conduce a la impresión de un abismo letal y la pérdida de una oportunidad inmejorable de observar la plácida naturaleza en su estado más natural. 

Es lo que está ocurriendo hoy en día con las nuevas tecnologías,  las redes sociales, y el uso desenfrenado y obsesivo de los móviles. Estamos montados en un vagón de cambio permanente y excesivamente rápido en el que vamos dejamos atrás con excesiva frialdad unos valores de ética, convivencia y comportamiento que estúpidamente estamos dilapidando. Lo verde y natural lo chantajeamos con lo negro y vacío con el adalid de la modernidad como bandera. 

Unas nuevas tecnologías, imprescindibles para y con el progreso, pero de igual forma, compatibles con esos valores morales, de buena fe, cooperación,  y defensa del bien común entre otros, y que estamos perdiendo fatalmente a la misma velocidad que se introducen las nuevas tecnologías en nuestras vidas.
Hay gente se llena la boca con la defensa de un bien común en el que no cree, en donde la envidia escampa como aceite caliente, y hace de la mentira, el miedo y la falsedad de su bien particular. Y lo imprime y desahoga de forma traicionera que me recuerda a ese tipo de personas que asisten a un campo de fútbol a insultar al pobre árbitro de turno porque en su propia casa o empresa son incapaces de mirar más arriba del suelo. 

Y tenemos que ser muy críticos con  todos aquellos que utilizan en su beneficio e interés el vacío oculto del daño gratuito en nombre de un branding todopoderoso y de amor fraternal como quien se embriaga con un licor pésimo y barato. El todo vale por el branding  ensombrece la cara oculta de una mentira o de ese vacío a través de formas ancestrales de comportamiento de la hipocresía más impune. 

No se puede ni se debe permitir que existan personas mediocres de bajo calibre intelectual  instaladas en pesebres de posiciones privilegiadas otorgadas de la manera más vil cuyo branding sea la habilidad de la destrucción gratuita del semejante. Y estúpidamente, porque en el fondo lo que eliminan es el propio-yo de su propia personalidad a medio y largo plazo. Son tan incapaces que ni siquiera ven su propia autodestrucción.

Las nuevas tecnologías nunca pueden brillar así. Son mucho más. Más eficaces, más productivas. Instrumentos del bienestar común y de una mejor calidad de vida. 

Ya que de ser por esta vía se convertirán en una burbuja inmensa de estilos muy pobres y cuyo estallido retornará a un desahucio de la propia vitalidad y condición humana.  

No todo es virtual. Existen en el paisaje bellísimos campos de flores, bosques de árboles imperiales  y de montañas nevadas que impulsan aire fresco a un panorama que podemos aprovechar. 

Me decía hace unas fechas un buen tipo que todavía cree en la condición humana. Yo también. Aún hay tiempo de reconducir las cosas.

domingo, 19 de octubre de 2014

En la mayoría de los desmanes económicos y fragancias del caos de mediocridad organizacional que estamos sufriendo en estos últimos tiempos, se halla una indemne falta de cultura empresarial  transversal al espectro político, cuyo estigma nuclear se vislumbra en la absoluta ausencia de formación de calidad y de la excelencia en la gestión desde las etapas tempranas de la educación.  Digamos que los resultados son más bien escasos. Hasta ahora. Y que depende de nosotros cambiarlo. Y gestionarlo. 

Ya no basta tan sólo el conocimiento.  Estamos en otro alcance. En la era del aprendizaje continuo, de la innovación  y de la gestión hábil en una materia prima como es la Información, en mayúsculas.

No sirven las fotos fijas, ni las estrategias cortoplacistas de la supervivencia, ni la de resignarse a subsistir en entornos aislados; ni siquiera en liderazgos a escala. La adaptación a los tiempos modernos nos conduce a un sendero de una mejora continua de una gestión de la creatividad e imaginación en las organizaciones.

No sólo basta el conocimiento elaborado, y su contenido estanco. Las sinergias entre el hoy y el mañana del largo plazo, el de la creación de una visión coherente y equilibrada de un  crecimiento sostenible,  se basa en una formación de aprendizaje continuo, y un manejo hábil de la interpretación y gestión de la Información, cada vez más compleja, pero que a muchas empresas y empresarios y a la sociedad en general,  no les debe pasar desapercibido que es y será el protagonista cardinal en los tiempos venideros; apoyado siempre en las nuevas tecnologías. Y esto, también vale para científicos e investigadores. 

Disponemos de una densa y sabia Información a nivel horizontal. Es cuestión de aprovecharla hábilmente. Es una necesidad conocer cómo se accede a ella. Y no podemos permanecer paralizados por su grandioso y enorme volumen. Ni muchos menos quedarse a espaldas de un entorno externo (a veces, cruel), e interno.

El conocimiento excelente se construye hoy en día así. En la eficacia y eficiencia; en la anticipación; en la flexibilidad;  en las relaciones personales, profesionales y organizacionales, en la reflexión y análisis; en la manera de mejorar el activo que son las personas; en la escucha activa de una Sociedad de la Información integradora y optimizadora cuya destreza contribuirá a una amplitud continua de la comunicación y de un aprendizaje continuo cuyos resultados espectaculares rebundarán en los procesos y desarrollos sociales, empresariales y de igual forma, económicos. 

La vanguardia del saber es ésa. La de una mejor prosperidad y satisfacción para todos. Formación, conocimiento y la excelencia de una creatividad innovadora al compás de una gestión descomunal de una Información al alcance de una sociedad bien preparada.


A mis alumnos, jóvenes y menos jóvenes, y con una envidia sana, siempre les aconsejo que aprovechen algo tan increíble como es esa información al alcance de todos; algo que hace años ni siquiera podíamos imaginar. La clave del éxito, también reside en este factor.

domingo, 31 de agosto de 2014

Los ganadores actúan de forma sostenible. La creación de empleo depende mucho de ello, y como consecuencia, reducir los desequilibrios sociales.

Es una estrategia  o modelo de negocio que beneficia a la motivación e ilusión de toda su estructura en el impulso del talento humano y espíritu de equipo, a sus ventajas competitivas, a su creatividad, a su innovación y a la propia imagen. Es un proceso de mejora continua hacia el marco de la excelencia. Es por ello, que cuanto más sostenible es una empresa, mucho más atractiva es para, no sólo inversores, sino de igual forma para clientes y los propios empleados.

Las empresas sostenibles son más rentables para todos. Para toda la sociedad global que participa de ella y para ella. Creer que la sostenibilidad es una moda pasajera que ha brotado al hilo de la crisis, es un inmenso y grave error en el que muchas organizaciones siguen cayendo.

La sostenibilidad augura unos resultados más competitivos y asienta un crecimiento a medio y largo plazo tan imprescindible para unos pilares de un modelo productivo de un país de élite.

Es más, en mi opinión es un reto y un desafío para todas las empresas, ya que son el motor del crecimiento y de la evolución social en la construcción de una realidad de conquista del presente y del futuro. Nunca ha sido tan importante poder alcanzar un equilibrio entre crecimiento y el uso responsable de los recursos.

Para ello deberemos recuperar algo tan básico pero tan esencial como es la confianza. Algo que se ha truncado con razón por los diversos acontecimientos surgidos al calor de una etapa de desmadre desmedido en la que se creyó que todo era posible sin los medios, los recursos y una planificación ajustada a las circunstancias de nuestro entorno.  La ética en los modelos de negocio, la transparencia, la desigualdad y la pérdida de unos valores que jamás debimos abandonar son elementos estructurales que hay que recuperar para poder operar en un mercado global y asentar en definitiva, la sostenibilidad.

El espíritu de Europa 2020 precisamente hace ese llamamiento en la necesidad de recuperar esa confianza con el que se marquen las condiciones de sostenibilidad de la actividad y del empleo para avanzar hacia la economía “inteligente, sostenible e integradora”.

Son retos económicos, sociales y medioambientales, que están provocando una profunda transformación en nuestro mundo, y que conducirán a un nuevo modelo de nuestra forma de comportamiento y vida, de trabajo, en nuestra formación y aprendizaje continuo, en nuestra habilidad de comunicarnos y relacionarnos, y de poder compartir los recursos .

La sostenibilidad nunca puede estar reñida con las nuevas formas de gestionar hacia la excelencia, ni con la misma tecnología. Es un elemento indispensable para conquistar un escenario social y empresarial más competitivo del que todos saldremos beneficiados.

La responsabilidad social, la sostenibilidad, es la mejor oportunidad de de innovar y de crear valor.  Las mejores empresas creyeron que esta cultura empresarial centrada en la innovación, la excelencia y la responsabilidad social, serían las claves de éxito para sortear no sólo los entornos de crisis, sino la de conquistar el futuro.

Las empresas que se gestionan de forma sostenible son ganadoras. Y de ello, nos beneficiamos todos.


Sin olvidar la actitud positiva. 

martes, 29 de julio de 2014

Estimados Jóvenes Creativos.

Es el momento idóneo donde la creatividad y la innovación que fluye a raudales por vuestras venas, salga a la luz de la normalidad y el equilibrio, y que se instale en lo pilares de esta sociedad de forma sostenible.

Os necesitamos. Soy muy consciente de vuestra sorpresa por esa dureza de una realidad para la que nada ni nadie os habían preparado.  La mayoría de vosotros os halláis errantes en el sendero de las dudas que se generan en el estado de la lógica, porque lo que estudiáis pueda no ser lo más adecuado,  o no os capacita para las nuevas profesiones o por las exigencias de las empresas.  Posiblemente, incluso, queráis aprender a marchas absolutamente forzadas.


Pero hay un hecho irrefutable: el mundo globalizado que gira alrededor de una organización,  empresa o  institución que aseguren el sueldo todos los meses, está cambiando hacia uno donde cada uno de vosotros deberá fabricar vuestra propia marca y empleabilidad. Y es algo muy positivo.

Esta evolución social y profesional asume la estrategia de un ritmo frenético;, al coexistir con las nuevas preferencias sociales y creativas  que originan nuevas profesiones, resucitan habilidades,  y los perfiles académicos y profesionales se modifican a endiablada velocidad complementándose con viables alianzas de colaboración.

Llega una economía en la que casi nadie tendrá un empleo real. Una economía de proyectos.  Una economía donde se aprenderá a ser profesional si uno quiere tener un hueco,  a trabajar en equipo, a compartir, a saber venderse, a comunicar, a compartir y sobre todo a liderar.

Hoy en día, creo, los universitarios salen muy formados, y con unos niveles de conocimiento excelentes, pero que carecen de la sencillez, práctica y habilidad de transformarlos en creación de valor. Poseen  el análisis y la información, pero carecen de la toma de decisiones imprescindibles para acceder a un empleo o, lo más importante, crecer en el mundo de las iniciativas empresariales y ejecutar las acciones, energía y fuerza con el fin de cambiar el mundo empresarial y aumentar su nivel de riesgo y responsabilidad.

Es cierto. Es un hecho objetivo. A mayor formación, más posibilidades…de todo.
Pero, de igual forma, las posibilidades de sueños y éxitos, deberá complementarse alrededor de las habilidades:

·       * El trabajo en Equipo (con mayúsculas).
·       * La anticipación como clave de para tomar decisiones en un entorno tan cambiante;
·  * Estar debidamente informado.  Ningún joven puede permitirse el lujo de mirar a   espaldas de la realidad, por muy sombría que ésta sea.
·       * Ser multitarea; ser capaz de asumir nuevos retos. Aprovechar las oportunidades.
·       * La responsabilidad.
·  * La asunción de riesgos como forma inherente de una forma de vida personal y profesional.
·        * El compromiso. Real y efectivo. No la voluntad. Dejar los egos en una carpeta vacía en un cajón olvidado. La mejor forma de adaptar el éxito es a través del espejo de la humildad.
·        * La flexibilidad. Capacidad para adaptarse y ser pro-activo al cambio.
·       *  La iniciativa.
·       * La destreza no sólo para asumir problemas, sino para resolverlos. Es una genial pista de aprendizaje para alcanzar la experiencia.
·    * Inquietud permanente por el aprendizaje; por la formación continua. Las estadísticas demuestran que los más formados tienen más posibilidades, una mayor calidad y mejor dinamismo.
·     * Entusiasmo. La ilusión, y la alegría. Que no son sino la sinfonía perfecta para alcanzar cualquier meta.
·       *  La tolerancia a la frustración.
·        * La comunicación interpersonal.  Es la llave perfecta para abrir grandes puertas.
·        * La capacidad de hablar en público.
·        * La autonomía.
·        * Conocer el mundo exterior. Imprescindible. Salir de la zona de confort.
·       * Mantener un equilibrio sano entre la predisposición para tener éxito y la humildad para aceptar los errores que se cometen en el camino.
·        * Idiomas. El dominio de los idiomas es imprescindible. El idioma lo es todo.

·    Y sobre todo, y como colofón de armonía con todo lo anterior, circular a través del magistral sendero de la innovación y la capacidad de demostrar esa creatividad innata en la manera de obtener resultados.

Ante los cambios continuos e impredecibles, cualquier perfil laboral y profesional evoluciona hacia un modelo de persona de valor añadido; y ese valor añadido sale de la iniciativa,  de la creatividad, del esfuerzo y del alma que le pongas a las cosas.

Ya no es suficiente con que sepas. Hay que saber hacer.


domingo, 23 de marzo de 2014

El 23.3.14 por Roberto MARTÍNEZ en , , , ,    Sin comentarios


Ojalá, su tristísima desaparición, sirva de ejemplo a toda la clase política para comprender que la misma política que ellos representan es un arte de la convivencia entre ideologías dispares y que todo puede tener cabida como respeto máximo a la libertad común y el desarrollo de un Estado de Derecho, garantía de nuestro futuro.


Se nos apaga un mito. El alma de la democracia española. Se nos apaga esa especie de héroe en que tanto necesitamos reflejarnos. Un referente. Un espejo de humildad y eficacia. El mejor tributo; el mayor homenaje que podríamos ofrecerle y ofrecernos, sería mantener su legado en la eternidad de los tiempos. 


Es prácticamente unánime el elogio a su figura. Cientos de razones hay para ello. Y al contrario que otros mantienen, a mí encanta particularmente que aquellos que lo denostaron, ahora ensalcen su personalidad y su figura, su labor impagable y su sacrificio. El tiempo lo cura todo. Ese es, en definitiva, uno de sus mayores éxitos. No hay inconveniente alguno en que muchísima gente quiera apropiarse de su trayectoria y de su personalidad. Aceptar los éxitos de los demás y reflejarnos en su espejo, es una forma bellísima de humildad. 


Apareció en el momento adecuado. Estaba predestinado a liderar un proyecto de reconstrucción nacional en un período, no por apasionado, dificilísimo; imposible. Y, nos regaló una democracia. Y nos fraguó un marco de relaciones y de convivencia al que no estábamos acostumbrados. Ejemplar. Es de reconocer de igual modo, que sin la valentía del Rey Juan Carlos que apostó por una figura desconocida, posiblemente no estaríamos hablando de las mismas circunstancias y de su relieve histórico. 


Posiblemente hubiera sido otro. Pero lo dudo. Los que vivimos, conocemos, estudiamos, y analizamos ese período, sabemos que el resultado hubiera sido otro muy distinto. El relato de esa época de la historia de España todavía conmueve por la forma y la vía de llegar a esos pactos y contratos de convivencia imposibles. 


Siempre he mantenido que el quinteto formado por el Rey Juan Carlos, Adolfo Suárez, Gutiérrez Mellado, Santiago Carrillo, y Torcuato Fernandez Miranda, configuró un escenario propicio para dotarnos del marco de convivencia más importante habido en la historia de España, y hacer de la democracia algo irreversible. Un Equipo impulsor, coherente, diversificado, y con los objetivos nítidos. 


Pero, fue sin duda, Adolfo Suárez, el protagonista ejecutor de un período llamado Transición, donde impulsó acuerdos imposibles en una época ingobernable en el que todos ganaron porque supieron aportar al igual que ceder; que nos dotó de un marco de convivencia ejemplar en todo el mundo; que logró, tal y como comentó anoche Fernando Ónega, que no hubieran vencedores ni vencidos; y que tuvo la sabiduría de marcharse, también y ese es también un excelente mérito, en el momento adecuado, dejando paso a una obra inmejorable en el paso de los tiempos. 


Nuestro más cálido reconocimiento, y reitero, ojalá ese espíritu pudiera calar en la forma de hacer de muchos políticos. Otro escenario común podríamos construir, aportando y cediendo, con el inmaculado objetivo de hacer de este país un ejemplo de futuro sostenible.

martes, 18 de febrero de 2014

Creo que somos todos conscientes de la realidad implacable que estamos viviendo, en una serie de cambios que están afectando a la mayoría de ámbitos de nuestra forma de afrontar nuestra operatividad y perspectiva. Es, en definitiva,  un contexto de cambios muy complejos, importantes e intensos que generan una sensación de incertidumbre, inestabilidad e inseguridad en todas las organizaciones. 

Y es, precisamente,  en este contexto donde deberíamos tener la oportunidad, sabiduría e inteligencia suficiente con el objetivo de  aprovechar que la situación confluya, inequívocamente e irremediablemente en un cambio radical del actual modelo productivo cuyos pilares serían la creatividad e innovación, las nuevas tecnologías, la excelencia, la internacionalización y el fomento de la educación. 

El cambio empieza en nosotros, en las pequeñas cosas y en las formas. En la gestión de lo simple y lo práctico. Y sólo avanzaremos con el objetivo de sentar unas bases sólidas si somos capaces de cambiar en un concepto de dinámica de mejora continua, nuestros hábitos de trabajo y profesionalidad.

Las empresas, las organizaciones en general, tienen que ser muy conscientes de que deben corregir ciertos modelos de gestión y comportamiento obsoletos, y que tienen obligatoriamente que adaptarse a una nueva situación que se atisba en el horizonte, y que en el fondo, todos deseamos inexorablemente. No es un canto a la esperanza sólo, es también un grito a la realidad más prioritaria. No se pueden dirigir empresas en el primer cuarto de siglo XXI (de cualquier tipo y condición), con procedimientos anclados en el decimonónico rancio.

El sector de la Consultoría, más si cabe. 

El sector de la Consultoría debe apostar decididamente por la innovación, y la excelencia de la gestión empresarial, en cualquier sector o ámbito organizativo; en un momento donde es imprescindible su  enérgico impulso,   así como su dinamismo de la mejora continúa en la actividad empresarial. El sector de la Consultoría es consciente de que en las sociedades avanzadas la competitividad de todos los agentes económicos tiene como punto de partida su capacidad de innovación y que es necesario, por tanto, que las empresas den un giro hacia esa cultura de la innovación. 

Para ello, y teniendo muy en cuenta el entorno marcado por la globalización y la conectividad entre dispositivos y personas, pero de igual forma en la personalización, la cercanía y la inmediatez, la Consultoría debe lanzar el ese mensaje incuestionable de que debemos ser  parte muy activa en orientar, guiar, y aportar la metodología necesaria a las empresas a acelerar su proceso de transformación y reinvención permanente, si quiere afrontar cualquier escenario.

Los consultores somos consecuentes de que intentamos aportar a las empresas valor añadido en un escenario de marcado carácter impulsor y  advertir a las empresas que la inversión en, innovación I+D, nuevas tecnologías, calidad y formación va a determinar gran parte de su éxito; sin olvidar nunca que en la gestión del talento está en el futuro de muchas organizaciones. 

El sector de la Consultoría es pieza esencial en ese objetivo de cambio de modelo y de gestión. Somos agentes básicos, por nuestra cercanía a los problemas de las empresas y organizaciones, por nuestra metodología, nuestro análisis permanente,  y sobre todo por nuestra experiencia, en ese impulso hacia ese cambio imprescindible en la forma de hacer las cosas, así como planificar y gestionar el mismo, entendiendo cualquier dificultad que se presente y que sabemos cómo solucionarlo, demostrando tangiblemente, que al final el beneficio que va a sacar es muy superior al coste del servicio de cualquier tipo de Consultoría.
 
Los Consultores, también nos reinventamos cada día. Va en paralelo con nuestra misión. 

Existen factores externos con los que convivimos;  y contando que hay una gran demanda de servicios de Consultoría en prácticamente todos los sectores,  los consultores siempre debemos perseguir la máxima de que nuestra oferta de valor sea de tal magnitud  que aporte beneficios tangibles a cualquier cliente que demande nuestros servicios. 

Atención y servicio personalizado, excelencia,  rapidez y eficacia, respuesta anticipada a sus necesidades, optimización de los costes, innovación, tecnología, son, entre otros,  valores que el sector de la Consultoría aporta a las organizaciones y que van encaminados hacia un objetivo común: esos beneficios tangibles y su satisfacción final.

Más allá de la importancia que supone esa aportación de la Consultoría al mejor engranaje de la actividad de las organizaciones y de la sociedad en general, los consultores tenemos una serie de deberes concretos y formales marcadas con unas pautas básicas con nuestros clientes, en la línea de una relación mutua basada en la confianza y la transparencia, aspectos sin los cuales es imposible planificar, diseñar construir e innovar.

Los consultores debemos ser conscientes de que somos un ser externo a la organización, y que en muchos casos, también extraño por multitud de razones, y causa de error en la percepción de nuestra labor y de lo esencial que puede llegar a ser contar con nuestra participación en la ayuda en la toma de decisiones  en la solución de un problema concreto, o activar un proyecto  o impulsar cualquier iniciativa, para el empresario o directivo, y para la organización en sí. 

Una de nuestras misiones es hacerle ver al cliente que podemos ayudarle en la solución de su problema o en activar un proyecto concreto, o en iniciar una andadura, y que nos necesitamos mutuamente, en una doble dirección de sinergias,  porque nunca sabremos más que él de su modelo de negocio, por mucha sabiduría, ilusión, trabajo o esfuerzo que tengamos. 

El cliente siempre debe ver en nosotros, con absoluta claridad, factores como: creatividad, objetividad, imaginación, rigor, independencia de criterio, capacidad de análisis, reflexión, preparación, excelencia en métodos y acciones,  humildad, sencillez, sinceridad, discreción, transparencia, prudencia, horas de trabajo adecuadas, ilusión a la par con los proyectos cual signo sean,   y respecto a todas las personas, con el único fin que nuestra labor le vaya a reportar un valor añadido ayudándole a tomar decisiones o recomendado soluciones que afectan a la gestión propia de su organización.

Y qué decir de la confianza. Ese concepto complejo de vender y transmitir. Sin ella, cualquier proyecto de colaboración es una quimera. Y de ello deben ser conscientes ambas partes. Una de las ventajas o virtudes que tenemos los consultores basados en una experiencia de muchos años de esfuerzo y contacto con multitud de situaciones y problemas, es que sabemos escuchar, y que poseemos una especial capacidad de comunicación al ponernos en la situación del interlocutor. 

La Consultoría tiene una base de relación estrecha, de contacto, con el cliente que intenta hacer ver de la necesidad de propiciar un cambio profundo y estructural para la mejora de la organización, y en muchos casos, existe gente reacia a ese cambio a pesar de que son los primeros que conocen de primera mano,  que deben reaccionar y cambiar porque es la única alternativa de éxito. 

En consonancia con este punto tengo algo más que añadir. Algo que está ahí, y en el que me he referido en multitud de ocasiones derivado de la situación actual. A veces, los consultores nos convertimos en confesores o receptores de una situación agobiante en la que se funden aspectos personales como empresariales. Es así de crudo, pero real. Los clientes ven en nosotros la solución a todos sus problemas, y quieren escucharnos muy repetidamente, que hay esperanza y que hay una algo en que creer. Y es ahí donde nuestra función con las personas representativas de esas organizaciones y con la organización en sí, y en definitiva, con la sociedad en general, es una función primordial, fundamental, ya que como he mencionado antes, la gestión positiva del cambio y el logro de los objetivos pasa por la aportación, esfuerzo, creatividad e iniciativa de uno mismo.

Todo fluye y todo suma.

La calidad de un trabajo de Consultoría para un cliente posee una serie de rasgos diferenciadores y que cumple la sistemática de que un trabajo de calidad siempre es rentable para ambas partes. Para ello, se debe ajustar a las necesidades del cliente y sean aceptadas por él; por su claridad en la exposición y recomendaciones; por la metodología utilizada; por justificar fehacientemente los recursos necesarios para llevarla a cabo.

Otro de los deberes de los consultores con los clientes, es el sentido práctico en todos los ámbitos. Nunca se debe despreciar la teoría, pero tener sentido práctico significa encontrar soluciones que sean aplicables, que sean aceptadas y que, en definitiva resuelvan los problemas. Significa, también, pasar, de la creatividad a la innovación aplicando las ideas proyectadas. 

Y sobre todo, crear valor. Muchísimo. Más allá del cien por cien.

martes, 4 de febrero de 2014

Al igual que los seres humanos, las empresas también piensan diferente, y por tanto, hacen diferente.  Pensar es importante, pero pensar estratégicamente es un recurso esencial, que no cuesta dinero, y que esconde la llave maestra que abre muchas puertas. 


Una excelente planificación estratégica identifica tanto las oportunidades como los riesgos que puedan afectar a una organización en el futuro, combinando de forma magistral desarrollar la capacidad de  anticipación, la flexibilidad, y la gestión con el objetivo de poder tomar decisiones correctas. 


Mirada larga, y paso corto. Eso es. 


Porque planificar es gestionar tanto el enfoque operativo, el del corto plazo, el funcional e introvertido de la empresa, como también planificar es gestionar estratégicamente,  el del largo plazo, el global de toda la organización tanto interior como exteriormente.


Tan esencial es uno como otro enfoque. Las empresas no sólo desaparecen por el inadecuado enfoque estratégico, sino también, por la falta de gestión del día a día y no tomar las decisiones idóneas para afrontar los problemas que surgen por la falta de planificación. 


Queda fuera de contexto, esos argumentos vacíos y fuera de toda experiencia sobre que los cambios son tan ágiles y rápidos que impiden planificar. Todo lo contrario. La falta de planificación conlleva a un escenario de improvisación muy peligroso, y no hay que ir muy lejos para darse cuenta las miles de empresas que han cerrado por estas causas. Planificar jamás es una pérdida de tiempo. Sólo hay que adaptarla a la situación. 


Aplicar la metodología estratégica es sencillo; rumbo hacia la innovación, hacia la misma raíz de la reinvención del mercado y sus necesidades reales y de su modelo de negocio, tomando posiciones en el nuevo escenario en que nos movemos, y extrayendo las claves para la evolución de la organización. 


La estrategia y su metodología proporcionan algo tan funcional como poder anticiparse al futuro; tomar la decisión hoy para alcanzar los objetivos del mañana. Y no sólo anticipación, como clave para tomar decisiones en un mundo tan cambiante; también se requiere flexibilidad, para adaptarse a los cambios tan permanentes del mercado y dotar así, una capacidad de adaptación que permita afrontar con seguridad cualquier cambio con agilidad, eficacia y eficiencia. 


Estas son las características que requiere la planificación estratégica; ya que de nos ser así, se convertiría en un proceso racional, de excesiva formalidad, y aburridamente sistemático que conllevaría a un proceso de restar reacción a cualquier empresa en un entorno tan cambiante como el actual. 


El proceso de planificación estratégica y su hermosa metodología, es una herramienta imprescindible para marcar diferencia, ser el mejor, y lograr el éxito de cualquier reto que nos propongamos afrontar. 


En el contexto en que nos movemos y cohabitamos, la estrategia, su planificación y su metodología, ayudan e impulsan a cualquier organización a marcar el camino correcto y sabio, entre muchas alternativas, a seguir en el muy corto, corto, medio, y largo plazo.


Liderazgo, Equipo, coordinación, horizonte amplio sin miedos, anticiparse a los riesgos, objetivos claros y precisos, esfuerzo, realidad palpable, flexibilidad, mismo rumbo, …son argumentos muy sólidos que condimentan una inmejorable planificación estratégica eficaz y que conducen hacia la misma excelencia y el logro de resultados.