martes, 18 de febrero de 2014

Creo que somos todos conscientes de la realidad implacable que estamos viviendo, en una serie de cambios que están afectando a la mayoría de ámbitos de nuestra forma de afrontar nuestra operatividad y perspectiva. Es, en definitiva,  un contexto de cambios muy complejos, importantes e intensos que generan una sensación de incertidumbre, inestabilidad e inseguridad en todas las organizaciones. 

Y es, precisamente,  en este contexto donde deberíamos tener la oportunidad, sabiduría e inteligencia suficiente con el objetivo de  aprovechar que la situación confluya, inequívocamente e irremediablemente en un cambio radical del actual modelo productivo cuyos pilares serían la creatividad e innovación, las nuevas tecnologías, la excelencia, la internacionalización y el fomento de la educación. 

El cambio empieza en nosotros, en las pequeñas cosas y en las formas. En la gestión de lo simple y lo práctico. Y sólo avanzaremos con el objetivo de sentar unas bases sólidas si somos capaces de cambiar en un concepto de dinámica de mejora continua, nuestros hábitos de trabajo y profesionalidad.

Las empresas, las organizaciones en general, tienen que ser muy conscientes de que deben corregir ciertos modelos de gestión y comportamiento obsoletos, y que tienen obligatoriamente que adaptarse a una nueva situación que se atisba en el horizonte, y que en el fondo, todos deseamos inexorablemente. No es un canto a la esperanza sólo, es también un grito a la realidad más prioritaria. No se pueden dirigir empresas en el primer cuarto de siglo XXI (de cualquier tipo y condición), con procedimientos anclados en el decimonónico rancio.

El sector de la Consultoría, más si cabe. 

El sector de la Consultoría debe apostar decididamente por la innovación, y la excelencia de la gestión empresarial, en cualquier sector o ámbito organizativo; en un momento donde es imprescindible su  enérgico impulso,   así como su dinamismo de la mejora continúa en la actividad empresarial. El sector de la Consultoría es consciente de que en las sociedades avanzadas la competitividad de todos los agentes económicos tiene como punto de partida su capacidad de innovación y que es necesario, por tanto, que las empresas den un giro hacia esa cultura de la innovación. 

Para ello, y teniendo muy en cuenta el entorno marcado por la globalización y la conectividad entre dispositivos y personas, pero de igual forma en la personalización, la cercanía y la inmediatez, la Consultoría debe lanzar el ese mensaje incuestionable de que debemos ser  parte muy activa en orientar, guiar, y aportar la metodología necesaria a las empresas a acelerar su proceso de transformación y reinvención permanente, si quiere afrontar cualquier escenario.

Los consultores somos consecuentes de que intentamos aportar a las empresas valor añadido en un escenario de marcado carácter impulsor y  advertir a las empresas que la inversión en, innovación I+D, nuevas tecnologías, calidad y formación va a determinar gran parte de su éxito; sin olvidar nunca que en la gestión del talento está en el futuro de muchas organizaciones. 

El sector de la Consultoría es pieza esencial en ese objetivo de cambio de modelo y de gestión. Somos agentes básicos, por nuestra cercanía a los problemas de las empresas y organizaciones, por nuestra metodología, nuestro análisis permanente,  y sobre todo por nuestra experiencia, en ese impulso hacia ese cambio imprescindible en la forma de hacer las cosas, así como planificar y gestionar el mismo, entendiendo cualquier dificultad que se presente y que sabemos cómo solucionarlo, demostrando tangiblemente, que al final el beneficio que va a sacar es muy superior al coste del servicio de cualquier tipo de Consultoría.
 
Los Consultores, también nos reinventamos cada día. Va en paralelo con nuestra misión. 

Existen factores externos con los que convivimos;  y contando que hay una gran demanda de servicios de Consultoría en prácticamente todos los sectores,  los consultores siempre debemos perseguir la máxima de que nuestra oferta de valor sea de tal magnitud  que aporte beneficios tangibles a cualquier cliente que demande nuestros servicios. 

Atención y servicio personalizado, excelencia,  rapidez y eficacia, respuesta anticipada a sus necesidades, optimización de los costes, innovación, tecnología, son, entre otros,  valores que el sector de la Consultoría aporta a las organizaciones y que van encaminados hacia un objetivo común: esos beneficios tangibles y su satisfacción final.

Más allá de la importancia que supone esa aportación de la Consultoría al mejor engranaje de la actividad de las organizaciones y de la sociedad en general, los consultores tenemos una serie de deberes concretos y formales marcadas con unas pautas básicas con nuestros clientes, en la línea de una relación mutua basada en la confianza y la transparencia, aspectos sin los cuales es imposible planificar, diseñar construir e innovar.

Los consultores debemos ser conscientes de que somos un ser externo a la organización, y que en muchos casos, también extraño por multitud de razones, y causa de error en la percepción de nuestra labor y de lo esencial que puede llegar a ser contar con nuestra participación en la ayuda en la toma de decisiones  en la solución de un problema concreto, o activar un proyecto  o impulsar cualquier iniciativa, para el empresario o directivo, y para la organización en sí. 

Una de nuestras misiones es hacerle ver al cliente que podemos ayudarle en la solución de su problema o en activar un proyecto concreto, o en iniciar una andadura, y que nos necesitamos mutuamente, en una doble dirección de sinergias,  porque nunca sabremos más que él de su modelo de negocio, por mucha sabiduría, ilusión, trabajo o esfuerzo que tengamos. 

El cliente siempre debe ver en nosotros, con absoluta claridad, factores como: creatividad, objetividad, imaginación, rigor, independencia de criterio, capacidad de análisis, reflexión, preparación, excelencia en métodos y acciones,  humildad, sencillez, sinceridad, discreción, transparencia, prudencia, horas de trabajo adecuadas, ilusión a la par con los proyectos cual signo sean,   y respecto a todas las personas, con el único fin que nuestra labor le vaya a reportar un valor añadido ayudándole a tomar decisiones o recomendado soluciones que afectan a la gestión propia de su organización.

Y qué decir de la confianza. Ese concepto complejo de vender y transmitir. Sin ella, cualquier proyecto de colaboración es una quimera. Y de ello deben ser conscientes ambas partes. Una de las ventajas o virtudes que tenemos los consultores basados en una experiencia de muchos años de esfuerzo y contacto con multitud de situaciones y problemas, es que sabemos escuchar, y que poseemos una especial capacidad de comunicación al ponernos en la situación del interlocutor. 

La Consultoría tiene una base de relación estrecha, de contacto, con el cliente que intenta hacer ver de la necesidad de propiciar un cambio profundo y estructural para la mejora de la organización, y en muchos casos, existe gente reacia a ese cambio a pesar de que son los primeros que conocen de primera mano,  que deben reaccionar y cambiar porque es la única alternativa de éxito. 

En consonancia con este punto tengo algo más que añadir. Algo que está ahí, y en el que me he referido en multitud de ocasiones derivado de la situación actual. A veces, los consultores nos convertimos en confesores o receptores de una situación agobiante en la que se funden aspectos personales como empresariales. Es así de crudo, pero real. Los clientes ven en nosotros la solución a todos sus problemas, y quieren escucharnos muy repetidamente, que hay esperanza y que hay una algo en que creer. Y es ahí donde nuestra función con las personas representativas de esas organizaciones y con la organización en sí, y en definitiva, con la sociedad en general, es una función primordial, fundamental, ya que como he mencionado antes, la gestión positiva del cambio y el logro de los objetivos pasa por la aportación, esfuerzo, creatividad e iniciativa de uno mismo.

Todo fluye y todo suma.

La calidad de un trabajo de Consultoría para un cliente posee una serie de rasgos diferenciadores y que cumple la sistemática de que un trabajo de calidad siempre es rentable para ambas partes. Para ello, se debe ajustar a las necesidades del cliente y sean aceptadas por él; por su claridad en la exposición y recomendaciones; por la metodología utilizada; por justificar fehacientemente los recursos necesarios para llevarla a cabo.

Otro de los deberes de los consultores con los clientes, es el sentido práctico en todos los ámbitos. Nunca se debe despreciar la teoría, pero tener sentido práctico significa encontrar soluciones que sean aplicables, que sean aceptadas y que, en definitiva resuelvan los problemas. Significa, también, pasar, de la creatividad a la innovación aplicando las ideas proyectadas. 

Y sobre todo, crear valor. Muchísimo. Más allá del cien por cien.

martes, 4 de febrero de 2014

Al igual que los seres humanos, las empresas también piensan diferente, y por tanto, hacen diferente.  Pensar es importante, pero pensar estratégicamente es un recurso esencial, que no cuesta dinero, y que esconde la llave maestra que abre muchas puertas. 


Una excelente planificación estratégica identifica tanto las oportunidades como los riesgos que puedan afectar a una organización en el futuro, combinando de forma magistral desarrollar la capacidad de  anticipación, la flexibilidad, y la gestión con el objetivo de poder tomar decisiones correctas. 


Mirada larga, y paso corto. Eso es. 


Porque planificar es gestionar tanto el enfoque operativo, el del corto plazo, el funcional e introvertido de la empresa, como también planificar es gestionar estratégicamente,  el del largo plazo, el global de toda la organización tanto interior como exteriormente.


Tan esencial es uno como otro enfoque. Las empresas no sólo desaparecen por el inadecuado enfoque estratégico, sino también, por la falta de gestión del día a día y no tomar las decisiones idóneas para afrontar los problemas que surgen por la falta de planificación. 


Queda fuera de contexto, esos argumentos vacíos y fuera de toda experiencia sobre que los cambios son tan ágiles y rápidos que impiden planificar. Todo lo contrario. La falta de planificación conlleva a un escenario de improvisación muy peligroso, y no hay que ir muy lejos para darse cuenta las miles de empresas que han cerrado por estas causas. Planificar jamás es una pérdida de tiempo. Sólo hay que adaptarla a la situación. 


Aplicar la metodología estratégica es sencillo; rumbo hacia la innovación, hacia la misma raíz de la reinvención del mercado y sus necesidades reales y de su modelo de negocio, tomando posiciones en el nuevo escenario en que nos movemos, y extrayendo las claves para la evolución de la organización. 


La estrategia y su metodología proporcionan algo tan funcional como poder anticiparse al futuro; tomar la decisión hoy para alcanzar los objetivos del mañana. Y no sólo anticipación, como clave para tomar decisiones en un mundo tan cambiante; también se requiere flexibilidad, para adaptarse a los cambios tan permanentes del mercado y dotar así, una capacidad de adaptación que permita afrontar con seguridad cualquier cambio con agilidad, eficacia y eficiencia. 


Estas son las características que requiere la planificación estratégica; ya que de nos ser así, se convertiría en un proceso racional, de excesiva formalidad, y aburridamente sistemático que conllevaría a un proceso de restar reacción a cualquier empresa en un entorno tan cambiante como el actual. 


El proceso de planificación estratégica y su hermosa metodología, es una herramienta imprescindible para marcar diferencia, ser el mejor, y lograr el éxito de cualquier reto que nos propongamos afrontar. 


En el contexto en que nos movemos y cohabitamos, la estrategia, su planificación y su metodología, ayudan e impulsan a cualquier organización a marcar el camino correcto y sabio, entre muchas alternativas, a seguir en el muy corto, corto, medio, y largo plazo.


Liderazgo, Equipo, coordinación, horizonte amplio sin miedos, anticiparse a los riesgos, objetivos claros y precisos, esfuerzo, realidad palpable, flexibilidad, mismo rumbo, …son argumentos muy sólidos que condimentan una inmejorable planificación estratégica eficaz y que conducen hacia la misma excelencia y el logro de resultados.