domingo, 23 de marzo de 2014

El 23.3.14 por Roberto MARTÍNEZ en , , , ,    Sin comentarios


Ojalá, su tristísima desaparición, sirva de ejemplo a toda la clase política para comprender que la misma política que ellos representan es un arte de la convivencia entre ideologías dispares y que todo puede tener cabida como respeto máximo a la libertad común y el desarrollo de un Estado de Derecho, garantía de nuestro futuro.


Se nos apaga un mito. El alma de la democracia española. Se nos apaga esa especie de héroe en que tanto necesitamos reflejarnos. Un referente. Un espejo de humildad y eficacia. El mejor tributo; el mayor homenaje que podríamos ofrecerle y ofrecernos, sería mantener su legado en la eternidad de los tiempos. 


Es prácticamente unánime el elogio a su figura. Cientos de razones hay para ello. Y al contrario que otros mantienen, a mí encanta particularmente que aquellos que lo denostaron, ahora ensalcen su personalidad y su figura, su labor impagable y su sacrificio. El tiempo lo cura todo. Ese es, en definitiva, uno de sus mayores éxitos. No hay inconveniente alguno en que muchísima gente quiera apropiarse de su trayectoria y de su personalidad. Aceptar los éxitos de los demás y reflejarnos en su espejo, es una forma bellísima de humildad. 


Apareció en el momento adecuado. Estaba predestinado a liderar un proyecto de reconstrucción nacional en un período, no por apasionado, dificilísimo; imposible. Y, nos regaló una democracia. Y nos fraguó un marco de relaciones y de convivencia al que no estábamos acostumbrados. Ejemplar. Es de reconocer de igual modo, que sin la valentía del Rey Juan Carlos que apostó por una figura desconocida, posiblemente no estaríamos hablando de las mismas circunstancias y de su relieve histórico. 


Posiblemente hubiera sido otro. Pero lo dudo. Los que vivimos, conocemos, estudiamos, y analizamos ese período, sabemos que el resultado hubiera sido otro muy distinto. El relato de esa época de la historia de España todavía conmueve por la forma y la vía de llegar a esos pactos y contratos de convivencia imposibles. 


Siempre he mantenido que el quinteto formado por el Rey Juan Carlos, Adolfo Suárez, Gutiérrez Mellado, Santiago Carrillo, y Torcuato Fernandez Miranda, configuró un escenario propicio para dotarnos del marco de convivencia más importante habido en la historia de España, y hacer de la democracia algo irreversible. Un Equipo impulsor, coherente, diversificado, y con los objetivos nítidos. 


Pero, fue sin duda, Adolfo Suárez, el protagonista ejecutor de un período llamado Transición, donde impulsó acuerdos imposibles en una época ingobernable en el que todos ganaron porque supieron aportar al igual que ceder; que nos dotó de un marco de convivencia ejemplar en todo el mundo; que logró, tal y como comentó anoche Fernando Ónega, que no hubieran vencedores ni vencidos; y que tuvo la sabiduría de marcharse, también y ese es también un excelente mérito, en el momento adecuado, dejando paso a una obra inmejorable en el paso de los tiempos. 


Nuestro más cálido reconocimiento, y reitero, ojalá ese espíritu pudiera calar en la forma de hacer de muchos políticos. Otro escenario común podríamos construir, aportando y cediendo, con el inmaculado objetivo de hacer de este país un ejemplo de futuro sostenible.