domingo, 31 de agosto de 2014

Los ganadores actúan de forma sostenible. La creación de empleo depende mucho de ello, y como consecuencia, reducir los desequilibrios sociales.

Es una estrategia  o modelo de negocio que beneficia a la motivación e ilusión de toda su estructura en el impulso del talento humano y espíritu de equipo, a sus ventajas competitivas, a su creatividad, a su innovación y a la propia imagen. Es un proceso de mejora continua hacia el marco de la excelencia. Es por ello, que cuanto más sostenible es una empresa, mucho más atractiva es para, no sólo inversores, sino de igual forma para clientes y los propios empleados.

Las empresas sostenibles son más rentables para todos. Para toda la sociedad global que participa de ella y para ella. Creer que la sostenibilidad es una moda pasajera que ha brotado al hilo de la crisis, es un inmenso y grave error en el que muchas organizaciones siguen cayendo.

La sostenibilidad augura unos resultados más competitivos y asienta un crecimiento a medio y largo plazo tan imprescindible para unos pilares de un modelo productivo de un país de élite.

Es más, en mi opinión es un reto y un desafío para todas las empresas, ya que son el motor del crecimiento y de la evolución social en la construcción de una realidad de conquista del presente y del futuro. Nunca ha sido tan importante poder alcanzar un equilibrio entre crecimiento y el uso responsable de los recursos.

Para ello deberemos recuperar algo tan básico pero tan esencial como es la confianza. Algo que se ha truncado con razón por los diversos acontecimientos surgidos al calor de una etapa de desmadre desmedido en la que se creyó que todo era posible sin los medios, los recursos y una planificación ajustada a las circunstancias de nuestro entorno.  La ética en los modelos de negocio, la transparencia, la desigualdad y la pérdida de unos valores que jamás debimos abandonar son elementos estructurales que hay que recuperar para poder operar en un mercado global y asentar en definitiva, la sostenibilidad.

El espíritu de Europa 2020 precisamente hace ese llamamiento en la necesidad de recuperar esa confianza con el que se marquen las condiciones de sostenibilidad de la actividad y del empleo para avanzar hacia la economía “inteligente, sostenible e integradora”.

Son retos económicos, sociales y medioambientales, que están provocando una profunda transformación en nuestro mundo, y que conducirán a un nuevo modelo de nuestra forma de comportamiento y vida, de trabajo, en nuestra formación y aprendizaje continuo, en nuestra habilidad de comunicarnos y relacionarnos, y de poder compartir los recursos .

La sostenibilidad nunca puede estar reñida con las nuevas formas de gestionar hacia la excelencia, ni con la misma tecnología. Es un elemento indispensable para conquistar un escenario social y empresarial más competitivo del que todos saldremos beneficiados.

La responsabilidad social, la sostenibilidad, es la mejor oportunidad de de innovar y de crear valor.  Las mejores empresas creyeron que esta cultura empresarial centrada en la innovación, la excelencia y la responsabilidad social, serían las claves de éxito para sortear no sólo los entornos de crisis, sino la de conquistar el futuro.

Las empresas que se gestionan de forma sostenible son ganadoras. Y de ello, nos beneficiamos todos.


Sin olvidar la actitud positiva.