martes, 25 de noviembre de 2014

Tengo la sensación que las nuevas tecnologías están produciendo en el contenido del ser humano una modalidad de vacío absoluto como cuando se viaja en un tren veloz a través de una noche oscura y sin luna y se intenta vislumbrar por las mugres ventanillas un bellísimo paisaje que se sabe que existe y es puro verde de alegría pero que no se puede percibir. El viaje se torna decepción. 

La emoción se torna inexorablemente en profunda impotencia, y conduce a la impresión de un abismo letal y la pérdida de una oportunidad inmejorable de observar la plácida naturaleza en su estado más natural. 

Es lo que está ocurriendo hoy en día con las nuevas tecnologías,  las redes sociales, y el uso desenfrenado y obsesivo de los móviles. Estamos montados en un vagón de cambio permanente y excesivamente rápido en el que vamos dejamos atrás con excesiva frialdad unos valores de ética, convivencia y comportamiento que estúpidamente estamos dilapidando. Lo verde y natural lo chantajeamos con lo negro y vacío con el adalid de la modernidad como bandera. 

Unas nuevas tecnologías, imprescindibles para y con el progreso, pero de igual forma, compatibles con esos valores morales, de buena fe, cooperación,  y defensa del bien común entre otros, y que estamos perdiendo fatalmente a la misma velocidad que se introducen las nuevas tecnologías en nuestras vidas.
Hay gente se llena la boca con la defensa de un bien común en el que no cree, en donde la envidia escampa como aceite caliente, y hace de la mentira, el miedo y la falsedad de su bien particular. Y lo imprime y desahoga de forma traicionera que me recuerda a ese tipo de personas que asisten a un campo de fútbol a insultar al pobre árbitro de turno porque en su propia casa o empresa son incapaces de mirar más arriba del suelo. 

Y tenemos que ser muy críticos con  todos aquellos que utilizan en su beneficio e interés el vacío oculto del daño gratuito en nombre de un branding todopoderoso y de amor fraternal como quien se embriaga con un licor pésimo y barato. El todo vale por el branding  ensombrece la cara oculta de una mentira o de ese vacío a través de formas ancestrales de comportamiento de la hipocresía más impune. 

No se puede ni se debe permitir que existan personas mediocres de bajo calibre intelectual  instaladas en pesebres de posiciones privilegiadas otorgadas de la manera más vil cuyo branding sea la habilidad de la destrucción gratuita del semejante. Y estúpidamente, porque en el fondo lo que eliminan es el propio-yo de su propia personalidad a medio y largo plazo. Son tan incapaces que ni siquiera ven su propia autodestrucción.

Las nuevas tecnologías nunca pueden brillar así. Son mucho más. Más eficaces, más productivas. Instrumentos del bienestar común y de una mejor calidad de vida. 

Ya que de ser por esta vía se convertirán en una burbuja inmensa de estilos muy pobres y cuyo estallido retornará a un desahucio de la propia vitalidad y condición humana.  

No todo es virtual. Existen en el paisaje bellísimos campos de flores, bosques de árboles imperiales  y de montañas nevadas que impulsan aire fresco a un panorama que podemos aprovechar. 

Me decía hace unas fechas un buen tipo que todavía cree en la condición humana. Yo también. Aún hay tiempo de reconducir las cosas.