martes, 31 de marzo de 2015


Segundas Oportunidades tendrás pero no hallarás facilidades, medios o recursos para alcanzarlas. ¿Qué hay de cierto en ello? ¿Es una leyenda eso de las Segundas Oportunidades? 

Da un poco de escalofrío leer o escuchar a cierta gente sobre principios y valores; quizás a causa de su peculiar personalidad y su tendencia a difundir la teoría de sus carencias o quizás porque desconocen en gran medida qué significan. En realidad, si lo analizas bien hasta no es malo y sí divertido observarlo. Es como divisar en el horizonte un gran cúmulo de nubes muy negras cargadas de agua, y correr veloz para guarnecerse. A veces, con ese pelín de genial locura por el que transitamos en nuestra existencia, que preferimos que nos moje, pero que no nos cale. 

Esa lluvia se convierte en tornado de fuerza cinco sin posibilidad de escondite alguno, cuando esas mismas personas (algunos se auto etiquetan profesionales), hablan sobre errores, fracasos y otros instrumentos análogos del montón habiendo dejado una huella hipócrita de sus propios errores o fracasos, aunque con la habilidad de ocultarlos o dándole una vuelta a una tortilla que en vez de huevos está configurada a base de jirones. La cosa ya se torna a nauseabunda e insoportable. Ejemplos hay a cientos. 

No hay nada peor que recibir lecciones del “levántate y anda” de personas insolidarias e inflexibles que han fracasado tanto en el ámbito personal como el profesional y qué jamás aplican ni creen en ese dicho pero que creen lavarse su imagen así; que no lo admiten, que no han aprendido nada (mejor dicho, que prefieren no aprender), y ya el cénit del despropósito el de esos mismos fracasados que por diversas circunstancias de la vida se asientan sobre colchones de apellidos (alguna vez ilustres) o pelotazos oscuros o que juegan con la amalgama de la suerte. 

O gente que hace del branding su medio de vida, pero ocultando a marchas forzadas los vacíos de sus “enseñanzas” empujando a quien más puede necesitar de ese branding al olvido más absoluto. Así de increíble. 

O gente que conozco que mientras han servido de enorme utilidad ensalzándolos hasta el cielo más azul, de repente y ante el más leve síntoma de problema, les reniegan como el más falso Judas. ¿Cobardía? ¿Miedo? 

Gente, en definitiva, que quiere habitar en lagos de prestigio superficial e inmaculado, pero con un fondo del más puro lodo maloliente. Y lo saben. 

Digámoslo claro. No es un país este para fracasar. No es un país que experimente con los errores. Que saque un excelente jugo de valor grandioso. Es por ello que escandalizan los mensajes que banalizan los fracasos o los errores, entre otras cosas por la escasez de cultura empresarial y un fondo opaco de solidaridad mal entendida. Existe todavía un abismo descomunal entre el sabio aprendizaje de un error o fracaso que imperan en otras culturas en donde nos queremos mirar y la admisión por esta sociedad en su conjunto de tal acontecimiento.  Es un estigma de incalculable coste. Y duele. 

Hablan o cuchichean de Segundas Oportunidades, pero en su recóndita alma, no creen en ella. Incluso se burlan de los que transitan por estados de dificultad con adjetivos calumniosos. Eso sí, en privado. Por si acaso. No se dan cuenta que la tabla de posibilidades o el juego de la vida puede llevarlos más tarde o temprano a la peripecia de su propia ruina económica,  intelectual y moral. 

Salvo excepciones que confirman la tenaz regla (existe gente muy buena que facilita oportunidades), el denominador común es la de llenar la tinaja de desamparo y apartar de nuestro camino a aquellas personas o proyectos que por el mar de circunstancias han caído en un pozo muy oscuro y de muy difícil salida. Es así. Una cruel rueda de la que lamentablemente muchos disfrutan para su propia desgracia. 

Emprendedores, empresarios, y profesionales no pueden hacer oídos sordos a los consejos del “no pasa nada”. Sí pasa. Y mucho en este país, todavía. Deben tenerlo muy en cuenta. En todo hay un riesgo y la oportunidad radica en saber gestionarlo minimizando al máximo las consecuencias. Pero nunca obviarlo. 

No pretendo llevar el mensaje a los emprendedores de todo tipo y condición, jóvenes y sénior, de que se queden en casa. No. No es eso. Pero sí que sepan alcanzar sus sueños y metas con toda la planificación de hacer las cosas de forma excelente, que se puede,  y conociendo las reglas del mercado y del entorno que las rodea. Pero que también hay gente ruin que espera y facilita su tropiezo como el más áspero buitre carroñero. 

Me preocupa la fractura mayor que hay cada vez más entre la gente que alcanza la estabilidad, seguridad y el triunfo de sus proyectos con aquellos que no han podido salir adelante con sus propios medios y en la mayoría de casos por circunstancias de fuerza mayor, y no ser solidarios y tender la mano y actuar en consecuencia para que esa brecha sea lo más mínima posible. Porque todo el mundo tiene derecho a una Segunda Oportunidad. Eso dicen. 

Hay mucha gente muy válida. Validísima. Gente que ha hecho del fracaso o error una carrera del aprendizaje y la experimentación positiva, pero que duerme eternamente en el lecho de la incomprensión y la falta de oportunidades. 

Los cuentos de hadas se convierten en error. O en terror. El sapo inválido se queda esperando en lo más lúgubre del pantano esperando esa mano tendida que nunca llega para alcanzar el estado de princesa. 

Querer es poder. Y mucha gente que puede ayudar no quiere. ¿es el miedo? ¿ o el qué dirán? ¿el afán de destrucción? ¿O es egoísmo? O lo que es aún peor…¿una falta de cultura?

Y no hay mayor bagaje para un empresario o para un profesional ayudar a quien lo necesita, incluso en aquellos casos de una incorrecta actuación del fracasado. Solidaridad en mayúsculas. Ese aporte de valor que significa impulsar la carrera y el bienestar de quien lo necesita es aún mayor que el triunfo de sus propios negocios. Y ya no digamos en el ámbito personal. 

Hay que lanzar siempre un mensaje positivo. Describir la realidad de las cosas siempre lo es. Y este, aunque no parezca, lo es. Y muy constructivo en su pretensión. Porque no hay nada imposible. 

#DreamsComeTrue Incluso en las Segundas Oportunidades.