martes, 26 de mayo de 2015


Pues no. Ayer al salir hacia el despacho pude comprobar cómo los árboles continuaban en su privilegiado lugar, como los coches circulaban con sus  cuatro ruedas, los niños alcanzaban su autobús para marchar a su colegio, el café era del mismo sabor, y la gente mostraba los mismos rostros de sueño matutino…No había señal alguna de cataclismo. Para nada. Normalidad absoluta, aunque sí expectante y motivadora. 


La jornada electoral del #24M había marcado la voluntad de millones de personas en su sana virtud del mayor derecho de libertad política para el mandato de representación en la gestión de sus asuntos y de gestión pública. La #democracia en toda la amplitud magistral en un ambiente de paz y libertad. Y es algo muy grande. Quizás no la sepamos valorar en toda su amplitud. Hasta la normalidad en el cambio. En la alternancia política y en la entrada de nuevos actores y la sensibilidad de aire fresco. 

Es tiempo de #Política de Altura en mayúsculas. De demostrar de una vez la madurez de nuestra democracia y de forma de convivencia. Es tiempo de avanzar, de pactos entre todos, sin dejar a nadie ni a nada en el olvido de la cuneta. De dibujar con un pincel de solidez y coherencia, como en otros países avanzados en las relaciones ciudadanas. De traspasar a los mediocres la mediocridad y la falta de preparación básica en la gestión de la vida pública en todos los espectros ideológicos. Reiterando, eso sí, no volver jamás a la oscura venganza de las dos Españas, porque nadie sobra sea del color e ideología política por muy diferentes que sean las concepciones sobre la realidad. Hay gente excelente en todas las ideas. Eso es lo que nos enriquece como humanos. Y el absoluto respeto. 

Una visión estratégica del #Win-Win. Políticos que sepan responder a las demandas de la sociedad en la que todos, absolutamente todos, ganemos. No hay peor negociación en la vida, en los negocios, y en la misma política con resultados nefastos a largo plazo, en la que una parte gane a costa de que la otra pierda por goleada. El Win-Win aporta y suma. Lo otro sí es cataclismo. 

Lo que necesitamos es gestionar los aciertos y virtudes de generosidad, responsabilidad, coherencia, prudencia, espíritu de mejora continua y esfuerzo, y sobre todo de realidad. Y mucho consenso sobre estas bases, y reflexionar y pensar en la globalidad de los requerimientos e integración de las personas y no la de los intereses particulares o de los partidos. 

No hablo de valentía. Sino de sentido común. Si los nuevos gobernantes no lo aplican, se volvería a repetir un retroceso de nuestro marco de convivencia. 

No me resisto de igual forma a comentar lo sucedido en mi ciudad. #Alicante ha sufrido un vuelco muy serio. La gente quiere cambios profundos y así se ha reflejado en las urnas. Quiere otra forma de gestionar. Quiere alternancia y acuerdos para un beneficio común. Desea esas bases de convivencia a las que me he referido antes. Asunción Sánchez Zaplana así lo admitió y le honra al respetar la voluntad expresada con sus votos a pesar de haber sido la lista más votada. Es la esencia de la democracia. No podía ser tampoco de otra manera. 

El Partido Popular debe realizar una profunda reflexión y una excelsa autocrítica, algo de lo que no estaba acostumbrado. El mejor aprendizaje son los errores y fracasos cometidos. Y han sido muchísimos. Entre ellos no sólo la corrupción. La soberbia, por encima de todo. Una soberbia que ha imperado entre algunos de sus dirigentes y simpatizantes allegados a una poltrona y clientelismo por doquier  en la que creían, al igual que la corrupción, que jamás tendrían que dar cuentas y creerse impunes, además de pensar que el resto de los mortales eran inferiores, despreciables o tontos de capirote.

Y es una lástima que por culpa de unos pocos, se salpique a otros muchísimos simpatizantes e incluso dirigentes; gente buena y excelente. Asunción Sánchez Zaplana quizás no tenga la culpa de esa soberbia instalada y hubiera podido cambiar el rumbo de su propia organización política. Pero sí debe percatarse de que la gente de esta ciudad no deseaba más soberbia y miradas por encima del hombro y tiene el valor de un tiempo más que necesario,  tanto si gobierna como si no, para corregir y desterrar para siempre esa forma de proceder. Una soberbia que oscurecía el desarrollo de muchos aspectos esenciales para el futuro de esta ciudad. La gente estaba cansada de estos atropellos. 

No la conozco personalmente, pero las referencias que tengo de gente allegada, la describe como una buena persona, gestora y política. Ahora tiene la oportunidad de enfrentarse a esas pesadillas, y cortar de raíz muchos de los comportamientos infames de algunos de los miembros de su partido. Esa sería su principal labor de futuro por el bien común de esta noble capital. Nunca más. 

Cuantas ocasiones hemos visto en esta ciudad a muchos de estos personajes alzar a plena voz privada y pública, en pleno descaro de sus facultades, regocijarse de ese clientelismo e impunidad en base a sus apellidos o sus contactos construyendo una  base de contratos y negocios ilimitados. Y lo decían sin rubor. Gente mediocre cuyo único mérito ha sido la de escalar pisando las aspiraciones lícitas de los demás, y sin darse cuenta que alguna vez tendrían que descender y reencontrase con las personas que habían depurado. 

Nunca ha sido tiempo de escenarios de soberbia. Y menos ahora. Y es de esperar que los nuevos gestores que asuman la responsabilidad de gobernar, sean quienes sean,  hayan aprendido esa lección en la otra acera y en la propia  y lo destierren para siempre de su posible forma de actuar. No queremos tampoco castigos. Ni venganzas. Sería un paso atrás enorme. Contar con todos.

Sino amplitud de miras y mucho consenso y poner en marcha acuerdos globales para el desarrollo de esta ciudad, para la creación de riqueza y empleo, para las familias, para los que más lo necesitan, para otro modelo de ciudad, para el tejido productivo, para los emprendedores, para el conocimiento y la innovación, para la educación, para las pymes y autónomos, para las empresas, para los servicios públicos…

Lo dicho, gestionar los aciertos y virtudes de generosidad, responsabilidad, coherencia, prudencia, espíritu de mejora continua y esfuerzo, y sobre todo de realidad. 

Win-Win.

jueves, 14 de mayo de 2015


Solemos utilizar en estos momentos una serie de conceptos omnipresentes que se reiteran una y otra vez, tales como emprender, creatividad, innovación, talento, productividad, competitividad, etc.  En la mayoría de casos, en muchas empresas, grandes o pequeñas, se es consciente aproximadamente de lo que significan, pero no se aplican o giran alrededor de ellas leyendas de concepto erróneas como esa falacia de que sin ayudas económicas es imposible aplicarlas. 



Salir de nuevo a hombros al mercado para muchas empresas significará tener que enfrentarse con sus sueños, pero también con sus pesadillas, y para ello concienciarse de tales conceptos como principios y valores,  y como algo cotidiano en sus organizaciones. 

Uno de ellos es la innovación, cuyo origen son las ideas que debemos entender y saber gestionar su realidad, en un entorno tan cambiantemente veloz  y en una sociedad del aprendizaje y del talento constante que aplica dicha innovación.

La innovación es un mecanismo tan simple donde se requieren tres cosas: tener una buena idea, darse cuenta que lo es, y convencer de su utilidad a los demás.  Es una aplicación creativa del saber. 

Innovación es igual a crecimiento.  Innovación es la transformación de conocimiento en un valor añadido que debe generarse de manera constante y consistente en el tiempo.  La innovación nunca debe ser un hecho causal, sino formar parte de la cultura de las organizaciones e impregnar todas sus áreas para dar un servicio útil a la sociedad y que sea percibido por ella. 

Una de esas leyendas erróneas que percibo constantemente en las empresas es ligar la innovación a procesos altamente complejos y tecnológicos, de especialistas y de altos recursos financieros y económicos. 

Para muchas pymes, incomprensiblemente, es la excusa perfecta. No son capaces de percibir que la innovación también se aplica en gestión, capital humano, en organización, en la capacidad financiera, en la creatividad, en el diseño, motivación y formación, del marketing y la comunicación, de la comercialización… Cuántas empresas han iniciado un simple proceso de reestructuración organizativa y optimización de recursos cuyo resultado ha sido una eficiencia y eficacia de altísimo valor, por lo que no siempre depende de recursos económicos.  Sólo se necesita un Equipo con Actitud (en mayúsculas)  y una buena dirección que sepa gestionar y orientar a su capital humano hacia ese objetivo.

Es muy importante que para eso, empresarios y directivos se pongan al día. Que los genios y las casualidades no suman ni el 10 % de los casos de innovación. Que el 90% restante es debido por una excelente puesta en marcha de análisis, estudio, planificación, sacrificio, trabajo constante y mejora continua. 

Innovación también es crear algo nuevo cada día. Escuchar a los clientes, al mercado y a nuestros empleados es nuestra mayor fuente de innovación, haciéndose constructor de confianza, habilidades y capacidades alrededor de estos pilares.

Innovar no es tan sólo llevar nuevas ideas al mercado; sino de igual forma hacer algo distinto a lo que se venía haciendo, o hacer mejor algo que ha aparecido en el mercado o bien ofrecer lo mismo que tenemos con una mejor utilización de los recursos. En definitiva, crear valor. 

Innovar es gestionar, a través de líderes que estén convencidos de ello, a tu propio equipo para extraer las mejores ideas e implementarlas después en excelentes modelos de negocio. Para ello fomentan la cooperación y el emprendimiento interno. A veces, no somos capaces de percibir el inmenso caudal de talento que tenemos en nuestras propias organizaciones y poner los medios y recursos que inicien el proceso de puesta en marcha de dichos proyectos. 

La innovación como principio. 

El modelo empresarial puede reinventarse, pero para ello se necesita favorecer el emprendimiento y la innovación.