lunes, 20 de julio de 2015

Existe un magistral sonido que es el buen uso del silencio. El  que tiene y retiene todas las respuestas. El silencio es la armonía perfecta. Una sinfonía sepulcral y pulcra a la vez. Es un ejercicio de libertad inigualable. El silencio puede llegar a ser el más alto grado de comunicación. No riñe. Es la más sabia práctica del tiempo infinito. El guardián de los valores y la excelencia. La sabiduría del que calla no otorga. No discute con quien no quiere escuchar.


La actualidad no deja de enviarnos acontecimientos y evidencias de actos comunicativos en todos los ámbitos, propios y externos, flagrantes y con gran repercusión social, que duelen. Que revuelven.

Las redes sociales lejos de llegar a ser un espacio común de expansión de la creatividad, información, diseño, aprendizaje, diversión,  innovación y conocimiento, están sufriendo la ampliación lamentable de una brecha entre las personas que las están utilizando de manera adecuada, efectiva y hasta distraída, con aquellas otras que la manejan para desahogo de su propia tiranía de mediocridad y vulgaridad, extrayendo lo peor de unas mentes enfermas y dando pábulo a falsedades desde posiciones lejanas y abstractas y en muchos de los casos de forma anónima o cobarde.

Es la cara y la cruz de la tecnología. De los cambios. De la prosperidad. De su avance impecable y implacable. Detrás del mal uso y su libertinaje se esconden seres que pretenden linchar y manchar esa tecnología que no entienden pero utilizan para expandir sus propias miserias.

Es por ello, que el silencio es su peor enemigo. Lo deploran. E imploran desde esa mediocridad que les caracteriza que las personas de buena fe lleguen a entrar en sus batallas dialécticas. No entienden de creatividad, ni de conocimiento. Su aprendizaje se forja en el odio y por encima de todo en sus propias incapacidades intelectuales y sus propias amarguras. Ni de lejos entienden, que la verdad reside en la objetividad y que levantar su voz obscena no mejora una capacidad dialéctica que no poseen.

Las mentiras repetidas un millón de veces jamás se convierten en verdad aunque lo pretendan.  Juegan, eso sí, con la ventaja de sus limitaciones, la impunidad y la honestidad de sus enemigos. Su escasez mental les ayuda a masticar su propio tiempo como la vía más propicia a ensanchar su pasatiempo diario.

Es por tanto muy ineficiente y muy poco saludable entrar a explicarles, desmentirles o hacerles ver que las cosas se pueden ver de distintas maneras. No creen en la libertad de opinión, ni de pensamiento, ni de ideología. No creen en nada. Sólo en difundir maldad.

Personas enfermas y cobardes que vomitan lo peor de su propia habilidad y personalidad intentando argumentar juicios de valor de la nada, sin el más mínimo conocimiento de lo que pasa en la cocina de las circunstancias de los demás. Tiranos de cabeza vacía que prefieren con tal de hacer daño hasta abrasarse en los fogones del juicio simple y barato. Y lo peor de todo es que se lo llegan a creer y construir y enseñar el uso de hasta una marca personal.  Para ellos y ellas, todo es ficción, un vuelo sin alas.

Nuestro mejor regalo y forma de proceder ante estas actitudes y aptitudes es el silencio. Es cierto y seguro que seguirán los ataques o las críticas cobardes tanto si hablas mucho, como poco, como si hablas en silencio.

El silencio siempre descubre ese grado de artificialidad de estos tiranos que sólo saben guardar sus apariencias como un filón fraudulento. Pretenden manejar y manipular el hilo de las redes sociales, de sus propios comentarios, con tal de alcanzar sus propios objetivos porque no tienen nada que perder. Quieren cuestionar la realidad de unos hechos y construirse su propia apariencia a golpe de redes sociales y de lo que parece ser. Algo muy perverso.

El riesgo para todos nosotros es que su mediocridad nunca duerme y que al fin y al cabo puede sorprender a una creatividad que necesita algunos segundos para descansar.
Son muchas las personas que están sufriendo esta tiranía y la mejor manera de combatirla es el silencio propio que les sufre, aunque a pesar de ello se crean ganadores de un juego artificial que más tarde o temprano les estalla en su propia vulgaridad.

El bullicio del silencio es un maestro formidable donde perdura la huella imborrable de nuestra maravillosa libertad interior que no nos pueden quitar y el desafío de vivir en paz, en calma y de nuestra maravillosa existencia.

Tenemos que aprender a continuar nuestro camino como cuando paseamos por la orilla de una bellísima playa de aguas cristalinas y se nos adhiere un trozo de chapapote: levantar el pie un instante, extraerlo y continuar nuestro rumbo en silencio y admirando el paisaje de nuestro entorno.




jueves, 9 de julio de 2015

Ayer, en una Jornada que impartí en Murcia a un grupo de empresarios sobre Metodología Estratégica, pude contrastar que en muchas ocasiones el liderazgo de éxito también se utiliza dirigiendo sin ruido y a la vez generando armonía. Ejemplos de empresarios que siempre están en la vanguardia sobre el interés en lo que podamos aportarles sobre estrategias de negocios.

Incluso que la experiencia empresarial es un plus que logra tener disponibles, siempre y con eficacia, habilidades en la caja de sus herramientas profesionales. En particular, creyendo y siendo nosotros mismos y demostrando lo que somos capaces de hacer.

Son pasos vivos, como la estrategia. Con sentimientos, con emociones, que giran alrededor de estructuras horizontales previas a la creatividad, la innovación y el talento. La estrategia no pasa de moda. Mucho menos, en pleno siglo XXI, ya que muchas cosas complejas resultan ser el ensamble de elementos más pequeños y simples, y con excelentes y frondosas alternativas.

La Metodología Estratégica es la solución a muchos de los retos y oportunidades que se nos platean a diario con la llave del inmenso arsenal de recursos y conocimientos de los que uno dispone para hacerles frente. Es una herramienta esencial de Gestión Empresarial que se apoya en la creatividad, el talento y el desarrollo personal con una visión que genera confianza en todo el entorno, tanto interno como externo.

La chispa de la idea es esencial, pero la Metodología Estratégica la convierte en realidad. Cuantas veces nos vemos en la situación de reconocer ideas, pero que somos incapaces de definirlas y transformarlas en verdaderos modelos de negocio.

La Metodología Estratégica no requiere de grandes recursos. Pensar estratégicamente es gratis. No precisa de inaccesibles procesos matemáticos. Muchos de estos empresarios que precisan de conquistar un futuro se basan en las necesidades del presente, con adaptabilidad, agudeza, flexibilidad, anticipación y perspicacia. Es una voluntad emocional que se basa en el pilar de una creatividad al alcance de todos.

Una buena estrategia de negocios que desemboque en un resultado de éxito sostenible tiene mucho de emocional, y no sólo de un análisis realista, sino de un proceso mental creativo, de experimentar las ideas, y de fundamentar las alternativas y su adecuada ejecución. El compromiso se crea, con el cliente en su objetivo, pero también implicando a las personas y en los valores de toda la organización.

Se equivocan de plano aquellas organizaciones que pretenden utilizar la Metodología Estratégica en intentar hacer predicciones. No es una bola de cristal. Nada más lejos de la realidad. .

La Metodología Estratégica no sirve de ninguna manera en la resignación para sólo sobrevivir. De nada vale basarse en superar una crisis o un fracaso, ni actuar como ser proactivo por culpa de un orgullo herido, ya que las circunstancias varían. Lo hacen cada vez más deprisa. Y hay que estar siempre listo y preparado.

Tiene gran parte de emocional porque sí permite soñar y visualizar un futuro accesible y sostenible mucho mejor, y de afrontar retos y oportunidades inéditas tomando decisiones de presente para construir un camino mejor.

Las empresas son organizaciones vivas, con emociones, al igual que las personas. Detrás de un éxito hay un sólido equilibrio personal y profesional, pero de igual forma, emocional. Y nada mejor que una buena estrategia, una excelente Metodología Estratégica para llevarla a cabo.

La Metodología Estratégica es una arte de pensamiento y dibujo realista que permite encontrar respuestas prácticas y sencillas a cuestiones y situaciones cambiantes y en muchas ocasiones complejas.


La Metodología Estratégica no conoce de límites. Y es una suerte creativa y de aprendizaje continuo.