miércoles, 19 de agosto de 2015

A principios de 2014, impulsé un proyecto (“New Job. Emprender a los 45”) cuyo objetivo era acercar a personas y colectivos el espíritu y ecosistema emprendedor a edades un poco más maduras y los retos y oportunidades infinitas que podía implicar. Un proyecto que tuvo mucho éxito y cuyos resultados han sido espectaculares.



No sólo eso. De igual forma, otra de las metas del proyecto consistía en mostrar cómo reinventarse personal y profesionalmente para aquellas personas a dicha edad que prefirieran insertarse en el mercado laboral como opción prioritaria.

A tenor de esto último, aún guardo en la retina las caras de extrañeza cuando exponía que muchos empresarios estaban ya optando en un porcentaje cada vez más alto, en contratar a perfiles profesionales cuya edad no tenía barrera, y que existían ejemplos de personas mayores incluso de 50 ó 55 años incorporadas con mucho éxito al mercado laboral y no sólo para puestos directivos.

Había empezado a dejar de ser una quimera o una extremada línea roja. Me imagino que esa sorpresa no era por la credibilidad de la argumentación, sino por la propia desesperanza o falta de ilusión por volver a incorporarse al un mercado laboral cuyas tasas de paro, a esas alturas, oscilaba en el 26%, y la errónea leyenda de que a esa edad ya no se es útil. Muy al contrario.

Por eso, me encanta comprobar que diversas encuestas y estudios sobre la actividad empresarial muy recientes, acentúan la creciente contratación o reincorporación al mercado laboral de personas en edades maduras.

¿Cuáles son las razones de este “cambio”? Son cuantiosas, y eso en ningún caso significa que los empresarios no estén dando paso y oportunidades a los más jóvenes y que demuestren lo que saben y sus cualificaciones además de su potencialidad  y aporte de valor.

La creciente actividad de emprendedurismo se está dirigiendo a un mayor concienciación por parte de los jóvenes en el reto de poder gestionar sus propias vidas (aunque ni la universidad ni la educación más temprana no contribuye mucho a dicha enseñanza, lamentablemente), ir perdiendo el miedo al riesgo y buscar oportunidades distintas a las tradicionales.

Como también que los empresarios requieran de perfiles senior más acostumbrados a la responsabilidad, al compromiso, una mayor capacidad de trabajo y sufrimiento al igual que la resolución de conflictos y problemas en la actividad diaria y laboral. Una capacidad de respuesta a tiempo real.

El Talento de los mejores en versión 50.0 también se abre paso. El capital intelectual no entiende de edades, sino de también de compromiso, desarrollo y gestión, ya que otra forma de hacer las cosas es viable, y  en donde son esenciales la búsqueda de otras alternativas y a potenciar las propias habilidades con un hueco esencial para la creatividad,  la iniciativa, la innovación y la imaginación para adaptarse al cambio y la mejora continua.

Me satisface saber también otros aspectos que dichos estudios resaltan, y no tan sólo la experiencia como concepto simple. Sino el auge de incorporaciones de plantilla de perfiles cuya característica ha sido la de haber fracasado en una iniciativa empresarial, por el activo que representa esa experiencia en muchos ámbitos del management como el contacto con el cliente, el marketing, la gestión comercial, los conocimientos administrativos y económico-financieros. Eso sí, lentamente, ya que todavía existe un amplío y erróneo arraigo de la losa que supone un fracaso en mentalidades obsoletas y carentes de sensibilidad y rigor.

Las organizaciones están sabiendo “leer” la capacidad de este tipo de perfiles que han aprendido del fracaso como el mayor de los éxitos y de su capacidad de crecerse ante las dificultades como gran valor y cuyas tareas y funciones se impregnan de pasión e ilusión. Aunque hay que resaltar también que en este aspecto hay mucho camino por recorrer. Concienciación y altura de miras.

El Talento 50.0 oxigena de igual forma el entorno y el ambiente empresarial y social, entre el conocimiento y experiencia que aportan y las nuevas necesidades; entre las ideas y los modelos de negocio que construyen el futuro, pero con una excelente dosis de optimismo y realidad por el presente.

Estos perfiles han comprendido que la vía de la queja, la excusa y el victimismo no conducen por ningún sendero de creación de valor, al igual que la improvisación y la desidia, y han sabido adaptarse como nadie al curso del aprendizaje continuo de un nuevo management donde imperan la velocidad, agilidad, y una inteligente flexibilidad en organizaciones horizontales y colaborativas.

Y al igual que jóvenes y emprendedores, han asumido que tienen y deben incorporar a su perfil, un mercado exigente de habilidades imprescindibles para manejarse con los nuevos tiempos, como el entusiasmo, la anticipación, la flexibilidad, la adaptación al cambio, la formación continua, la responsabilidad, la iniciativa, la capacidad de resolver problemas, la multifuncionalidad, la comunicación, la globalización, la creatividad e incluso la disposición de hablar en público.

Habilidades acordes con valores propios de esta nueva época, como la excelencia, la innovación y la competitividad.

La base de cualquier organización son las personas. Y no es cuestión de reivindicar nada a favor del Talento 50.0. Entre otras razones porque ya es una práctica habitual de incorporarlo sin que eso signifique una mera cuestión de responsabilidad o acción social.

Un empresario eficiente y sabio sabe liderar su organización con la sinergia del talento de jóvenes y el talento de perfiles más maduros y experimentados. Son los beneficios infinitos de la libertad acorde con la responsabilidad de conseguir resultados sostenibles.


martes, 4 de agosto de 2015

Dicen que las dificultades hacen extraordinarias a las personas. De una lado y de otro. A las que las padecen y a las que intentan hacer más liviano ese sufrimiento. Nos cohabitan héroes y heroínas, de inmaculado anonimato que actúan en la otra cara de la moneda a través de un brillante ejemplo de solidaridad y ayuda que no siempre sabemos percibir. Mentores de vida, alegría y ejemplo.



Ayudan, impulsan, colaboran, bregan, de una forma ejemplar y tiernamente admirable a encontrar el camino perdido a las personas que lo necesitan por cualquier tipo de causa, ya sea de orden sentimental, personal, profesional o por motivos de salud. No existe importe material que les compense, ni ellos ni ellas lo quieren. Sus principios de gestión y liderazgo positivo en los momentos más nocivos son encomiables.

No son muchos por desgracia. Pero sí, suficientes. Esa es su peculiaridad;  que su cualidad y calidad suplen de largo a la cantidad. Siempre están llenando espacios.

Son capaces de desmontar en dos párrafos y en  condiciones nada favorables a que el fracaso sea considerado un estigma de irreversibles consecuencias. Aprenden de lo que enseñan y enseñan lo que aprenden. Abren cielos de esperanza a quienes no la tienen.

Ahí están de forma solemne. En la mayoría de ocasiones sin que nadie les solicite. Y sin exigir nada a cambio. Es una clase magistral de responsabilidad social, gratuita, y de una autenticidad personal y profesional que nos regalan enseñanzas tan útiles de comportamiento humano cuyas líneas vocacionales son infinitas.

Su capacidad de crecerse tiene un doble valor y es su principal valor. Son nuestros héroes y heroínas que tenemos a nuestro alrededor y en nuestro punto de equilibrio más cercano. Y en muchas ocasiones no somos totalmente justos porque no somos capaces de reconocerles el caudal inmenso de  audacia de tratar, incluso, de desvestir su propia zona de confort para hacer un poco mejor la vida de sus semejantes.

La búsqueda de su perfección silenciosa la encuentran en su trabajo ímprobo y su majestuosa ejemplaridad. Potencialidad en ayuda e impulso que se alinean en su proyecto vital.

Gente que se merece nuestro total reconocimiento y a un modo de proceder que a la misma vez que saben llorar, tienden su mano con el pañuelo de la solidaridad y la protección del más débil. Vidas personal y profesionalmente auténticas que muestran que es posible hacer de la necesidad una virtud y una aptitud verdaderamente encomiables.

No requieren del ruido para hacerse notar. Desconocen la soberbia. Ni suben fotos a las redes mostrando sus cualidades y sus logros. Son personas de carne y hueso que también tienen miedo, pero que han sabido transformarlo en un motor de crecimiento de altísimo valor, tanto para ellas y ellos mismos, como de igual forma para los demás.

Nuestro reconocimiento total a este grupo de personas que cohabitan con nosotros en todos los ámbitos y entornos de nuestra existencia. Seguro que conocemos a alguien de esa condición y humildad.

Ya lo decía Roosevelt: “En la vida hay algo peor que el fracaso: no haber intentado el éxito.”