martes, 6 de octubre de 2015

Me viene a la memoria una enérgica moda en los años ochenta de ciertos libros que versaban sobre hipótesis acerca de visitas de extraterrestres en los albores de la humanidad o incluso de algunas teorías sobre su intervención en nuestro mismo origen. Incluso se llegaron a editar colecciones sobre la materia. En concreto, recuerdo a Erich Von Däniken y sus obras “El mensaje de los dioses”, “El retorno de los dioses”, etc… Otros autores se atrevieron a señalar hasta el remoto lugar de donde surgió todo: un satélite de Júpiter, llamado Ganimedes… Lo dejo ahí.


No creo que estemos solos el Universo. Aunque algunos egos prefieran convencerse de ser únicos, modélicos y por supuesto irresistibles.  Sí estoy completamente seguro de que este planeta, llamado injustamente Tierra, debe ser hoy en día el hogar del completo rebaño de ovejas negras y descarriadas que campe por el espacio sideral.

Estoy convencido de que si nos rindieron visita alguna vez, o nos estuvieran observando desde la infinita lejanía, tendrían el alma quebrada. Me queda la duda si de pena o lástima, o de carcajada amplia.

O si algo tuvieron que ver en la bella arquitectura y diseño de nuestro origen como seres humanos, de igual forma su alma se hallaría en un estado catatónico y quebrado de padecimiento, fracaso e impotencia al confirmar en qué nos hemos convertido. En todo, menos en humanos e inteligentes, salvo que sean sinónimos de sufrimiento y dolor.

Es tan sencillo como percibir el entorno global que nos rodea. Demasiada gente (su vida cabe en un trocito de papel) insiste que es consustancial a la condición humana, y yo me niego a aceptarlo. Nos gobiernan o nos manipulan los intereses de todo tipo. Guerras por doquier, por conflictos territoriales, por supremacías económicas, por ideologías, por algo denominado religión… Gente que mata de la forma más cruel y despiadada y con absoluto desprecio a lo que significa la vida…Gente que pasa hambre, que no tiene cobijo alguno, o que sufre de forma desoladora huyendo aterrada de esas guerras…Gente que argumenta pensamientos y estilos dictatoriales de forma única como si fuera el ideal de un modelo de vida…  Gente que aprovecha hasta la náusea la debilidad de otros…Peleas a diario, con inusitada frecuencia en directo… Gente que destroza social, política y económicamente a gente por disfrute…Un horror. Un auténtico horror.

Gastamos muchísimo más dinero en armas que en medios y recursos para curar enfermedades o erradicar el hambre en el mundo. Invertimos más dinero en querer colonizar Marte y buscar agua allí, que saciar la sed de la gente que no tiene medios, etc, etc… Nos importa más alzar excelsas estructuras que en pensar en el inmenso caudal de desasosiego que sigue fluyendo hacia la nada. Inverosímil, pero cierto.

Lo que más me inquieta es el vacío de solidaridad y de sensibilidad. No existe diálogo serio ni efectivo, ni entendimiento, ni mediación que valga. Con absoluto descaro se denomina “bien común” al beneficio de los propios intereses, confinando el bienestar de sus semejantes al olvido y sin importar un ápice las consecuencias.

Y no hay que irse muy lejos como ejemplo. Lo padecemos en este país, en donde el choque pueril de argumentos es infumable, patético y mediocre. La lógica de las circunstancias; la razón de la vivencia nos queda muy grande. Sólo hay que ver o escuchar ciertos debates. Y nadie hace nada por evitar tanto paseo por el precipicio del conflicto y la ruina.

Tenemos y poseemos millones de cosas buenas donde anclar los pilares de una convivencia diversa pero libre y en paz; tenemos y poseemos millones de cosas positivas con las que fundar un espacio común de bienestar digno; tenemos y poseemos algo llamado condición humana, una sola vida para disfrutar y ser feliz. Pero nos empeñamos en destacar la perversidad de unas acciones que ponen en jaque diario nuestro modo de vida de manera muy peligrosa.

Somos una vergüenza.

Dicen que hay que adaptarse a un cambio cada vez más veloz. La duda surge de si es para mejor o para peor. Que incluso (según algunos gurús)  siendo a peor lo esencial es adaptarse, ya que si no es así se pierde la “oportunidad”. Es un cambio bidireccional, cada vez más distante en sus direcciones. Me niego también a aceptarlo. 

Hace unos días leí una noticia sobre un grupo de científicos donde exponían que en un futuro no muy lejano las cosas tendrán inteligencia propia. Y me hacía una sencilla reflexión en tres sentidos: ¿Somos capaces de dotar de inteligencia a las cosas inertes y no nos atrevemos a dotarnos de inteligencia a nosotros mismos? ¿Serán esas cosas las llamadas inteligentes de verdad? o ¿serán esas cosas las que conduzcan a los seres humanos hacia la inteligencia?

Es todo muy preocupante. Deberíamos reflexionar hacia donde vamos. Pero nadie lo hace. La mano se extiende más hacia el botón del holocausto que hacia la tierna sonrisa de la felicidad.

¿Podemos parar el mundo sin bajarnos?