jueves, 11 de enero de 2018

La eterna cuestión. La inmortal respuesta. A vueltas con la felicidad. A quién se le habrá ocurrido el invento de tan soberbia palabra. Oh, la la. Y si tienes la osadía de preguntarlo, nadie sabe qué significa con exactitud. Se oye, se dice, se comenta, se imagina, se desea, pero en el fondo saber como saber, pocas mentes manejan con dignidad su figura.


Fue en el posterior ronroneo de una reunión donde unos empresarios consiguieron --eso sí, tras multitud de idas y venidas-- una financiación para un gran proyecto. “Ya soy feliz”, comentó alguien. “Pues no te queda nada para serlo”, respondió otro. A partir de ahí, y con los rostros mezclados de emoción y cansancio, un tercero me hizo la temida pregunta: “Y tú que no dices nada, ni expresas alegría después de haber impulsado este acuerdo, ¿hay algo que no está bien? ¿no eres feliz? “. Tras unos segundos de silencio, argumenté: “Nunca lo he pensado. No lo sé. Quizás si me explicas de que se trata eso de la felicidad, podré satisfacer tu curiosidad”. Claro, no supo, ni a mí, ni a las personas que se encontraban ya distendidas en la amplia sala, explicarlo con nitidez, o con conocimiento. “Tu felicidad, siempre que conozcas, o que creas que lo es, no puede depender de un poder económico que tampoco tienes. Es sólo un paso.”, le expuse yo.
A partir de ese momento, se abrió una especie de tertulia que no se abandonó hasta altas horas de la madrugada. Algo muy práctico, pero sin conclusiones.  Les hice ver, quizás por la madurez que entraña muchos los muchos años de experiencia, que la felicidad o lo que sea, no la da el dinero, y ejemplos de lo que argumento hay cientos de miles, y que se equivocan de todas, todas, si la financiación lograda y el frágil poder que representa era el cénit de sus aspiraciones.
Es mucho menos que eso, traté de exponer. O más, según el prisma como se observe. No me van los papeles de gurú, o de dar consejos a nadie, así que lo que hice fue exponer en voz alta mis reflexiones, mis pensamientos. Algo así como dar curso hacia apuntes mentales que a lo largo de todo un recorrido de usos y manejos influyen en el estado social, profesional y personal. Un espejo que vuelve.
Quizás eso que llamemos felicidad tenga mucho de estilo de vida, de equilibrio. No depende de poder económico, asunto al que me he referido. Es el valor justo que se le dan a las cosas. Las que tienes y las que no tienes. Mucha gente dice que para avanzar hay que tener ambición. No estoy seguro de ello. Me inclino a pensar que no. Me gusta creer que el poder de la imaginación nos hace infinitos, mucho más que la cartera llena de ambiciones desmedidas. 
Ese estilo de vida al que me refiero, es vivir el presente siempre con las reflexiones justas e imaginativas de un futuro que no retorne al pasado. A experimentar en tu propia piel las fuertes sacudidas de los cambios, e incluso vivir el miedo de un fracaso y posteriormente aprender de él. La vida se aprende viviendo. En la ternura de esa locura que te hace perder el norte para descubrir que siempre existen nuevas metas y direcciones. En disfrutar de lo que estás haciendo. En las pequeñas acciones. En no tener como prioridad a quien te tiene como una opción. A defender el silencio, tu silencio, como una clase magistral de sabiduría. En extraer lecciones cuando compruebas de primera mano quien está y quien no está, cómo se comportan tus allegados, amigos, cuando ya no necesitan de tus impulsos. De ver como existe un rico manantial en tu interior de logros y que no se hallan fuera de ti, o dependen del capricho del otro.
Es posible que ese estilo de vida tenga que ver con ese concepto de la felicidad. Un estilo donde no puedes actuar como víctima de unas circunstancias que uno mismo crea. Un estilo que no se basa en un paradigma, sino en capítulos diferentes. Estar en paz consigo mismo. En lograr que lo que te hiere hoy, mañana te hace más sólido. En dejar huella en vez de heridas. En valorar por encima de todas las cosas a esa persona que es capaz de dibujarte humildemente una sonrisa en tu rostro. Ese estilo de vida que te hace sentir, que eriza tu propia piel. Cuando se capta la libertad al dejar se sentir vergüenza de uno mismo. Y por qué no, ser capaz de construir la puerta de las oportunidades y llamar con perseverancia y sentido común.
Un espejo que siempre vuelve cuando tus actuaciones y tus pensamientos se ordenan a la misma vez que se tiene la plena seguridad de no dar marcha atrás al reloj del pasado. Nuestro mundo, nuestro estilo de vida, es como nosotros lo cimentemos con los ajustes de personalidad imprescindibles.
Pocos procesos son tan grandiosos en tu estilo de vida como el tener que reinventarse o reencontrarse.
No sé si es la felicidad, pero sí estoy seguro que es mi estilo de vida. Aún caben más cosas que no se pueden encasillar en un solo concepto. Creo que me dejo muchas.

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